El
desplome de la bolsa en 1929 marcó el comienzo de la crisis financiera y
económica que marcaría toda la década de 1930. Estados Unidos no había
conocido semejantes dificultades económicas en, al menos, los 50 años
anteriores. Todos los aspectos de la sociedad norteamericana, incluyendo la
moda femenina, estaban impregnados de una moral de depresión. El otoño de
1930 el Catálogo de Sears instruye muy bien a sus lectores y clientes: El
ahorro es el espíritu cotidiano y el gasto imprudente es cosa del pasado...
Los
estilos fueron cambiando drásticamente. Muchas mujeres decidieron coserse su
propia ropa para ahorrar dinero.
En el auge
de los años 20, algunos de los excedentes de riqueza creada en la Bolsa se
había abierto camino en los bolsillos de las clases medias. Mujeres de clase
media podían permitirse lucir algún que otro vestido de la Alta Costura. El
gran optimismo de los felices Años 20 tuvo como consecuencia
no sólo una moda de gran belleza sino también un enorme volumen de
producción de moda; no sería exagerado decir que la moda vintage
actual (siglo XXI) es, en parte, un excedente de producción de
aquellos Años 20.