En 1916 comenzó a confeccionar prendas de
punto, género sólo utilizado hasta entonces en ropa interior, pero que tuvo
enseguida notable éxito; ello animó a Coco a adaptar suéteres de
apariencia masculina para ser llevados con faldas sencillas o rectas.
En 1918, Chanel lanzó el llamado pantalón
de yate para mujer, con perneras anchas, inspirado en los pantalones de
los marineros.
A tono con los tiempos de esta primera
postguerra, siguió en la línea de adaptar para mujer prendas de hechura
masculina: camisas abiertas, blaziers, pantalones, impermeables con cinturón
y boina.
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Ella misma era el prototipo de moda,
la garçonne: pelo corto, como de muchacho, delgada, con poco
pecho, y vistiendo ropas holgadas y cómodas. |
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En esos años continuó entregando nuevas ideas
a su propia moda: la falda tweed con suéter, los collares de perlas
con vueltas y el vestidillo negro. Especialmente exitosa fue su
chaqueta cárdigan sin cuello (el cuello Chanel), ribeteada y con
bolsillos parche, llevada con falda tweed hasta la rodilla; lo mismo
puede decirse de sus grandes lazos negros, los botones dorados de las
blaziers, las chancletas y los bolsos con cadenas doradas en lugar de
las asas convencionales.
Otro importante hallazgo debido a Coco Chanel
fue la bisutería.
Pero el verdadero éxito de Chanel se da
precisamente con la reposición que ella hizo de sí misma a su vuelta de
Hollywood, cuando tenía 71 años: en ese momento la moda femenina se enamora
de la Chanel de los años veinte y sus modelos se vuelven definitivamente
clásicos, tanto en los vestidos y trajes como en los complementos.
A Chanel le gustaba el gris, el azul marino, e
inició el uso del beige.
En perfumes, Coco Chanel afianzó notablemente
las creaciones que los modistas venían aportando; su
Chanel Nº 5 (el número de la calle de su primera tienda en
París) es ya imperecedero.