A finales del siglo XVIII la hechura del
traje a la francesa está prácticamente definida hasta su
sustitución por otras prendas alrededor de 1830. Un elemento que permite
situarlo cronológicamente es el cuello de tirilla de las casacas, que
progresivamente va ganando altura durante el reinado de Carlos IV, hasta
alcanzar el máximo con Fernando VII.
Napoleón se proclama emperador en 1804 y
dice a sus militares vístanse como quieran.
Aparece el pantalón largo.
La caída de Napoleón es la Restauración
(1815-1820) por los Borbones, que pretenden borrar todo
rastro de la Revolución. El Gobierno luchó con todas sus fuerzas para
una vuelta a las condiciones políticas y culturales que habían existido
antes de la Revolución, y el traje se sentía en el deber de ser una
imagen fiel de las intenciones de los nuevos príncipes restablecidos.
Pero sólo obtuvieron un éxito muy relativo.
El escote se
mantiene en los vestidos de fiesta pero se reduce en el vestuario común.
En el 1800 aparece
el
Don Juan
en la moda. En Inglaterra, este tipo tiene un nombre propio y se llama
George Bryan
Brummell (1778-1840). Se nos ocurre una forma sencilla de
describir el estilo donjuanesco de Brummel en palabras de hoy: es un
tipo al que todo le sienta bien. No es el suyo un vestido amanerado o
rebuscado sino al contrario, es su sencillez lo más atractivo.
Aparece el frac y se consolida el pantalón largo.
En 1829 el compositor
alemán
Felix
Mendelssohn (1809-1847) da
un concierto en Londres, para cuya asistencia se exige a los caballeros
vestir el frac. Estamos ya en el Romanticismo.