En paralelo a la moda internacional, en España se da otra propia de un colectivo social muy
diferente, un determinado sector del pueblo; son los denominados majos, que reivindican lo
castizo.
Los majos vivían en determinadas zonas de Madrid -el barrio de Maravillas, el barrio de Lavapiés...- con una idiosincrasia propia, ya que se diferenciaban cultural y socialmente de
otros barrios de la zona centro más influidos por las modas internacionales, especialmente
en cuanto a indumentaria y diversiones se refiere. Representaban el polo opuesto a los petimetres,
generalmente de la pequeña nobleza, cursis, amanerados y exageradamente preocupados
por el vestir y las actitudes.
Con el tiempo los majos fueron apareciendo en otras ciudades y, a finales del XVIII y principios
del XIX (periodo en el que fueron conocidos también como goyescos) su
forma de vestir fue adoptada por las clases privilegiadas (Duquesa de Alba,
Condesa de Chinchón, etc.), que imitaban a las clases populares, aunque con
materiales más lujosos. Este fenómeno es al que algunos estudiosos denominan
majismo, y es precisamente en esta adopción, ya a
comienzos del XIX, en la que queda más clara la connotación política de la indumentaria: se
intenta responder a la invasión napoleónica con la exaltación de símbolos autóctonos. El gusto
por lo popular estaría en relación también con el hecho de que la Revolución Francesa favoreciera
las costumbres plebeyas y con que esta actitud popular y castiza fuera fomentada por
Carlos IV y María Luisa de Parma
El hecho de que siempre se haya
relacionado la indumentaria del majo
con la del torero (incluso al jubón corto
se le denomina torera), se debe a
que es a finales del siglo XVIII cuando
se fija el arte del toreo, casi tal y
como está hoy en día, no existía un
traje específico para los toreros y estos
salían a la plaza vestidos de calle; es
decir, vestidos de majos. Con el tiempo
este traje quedará como fosilizado
y se mantendrá con muy pocos cambios,
hasta hoy.
Aunque los majos eran personas modestas, cuidaban mucho su indumentaria, que se
caracterizaba por un rico colorido y una abundante decoración a base de abalorios, pasamanería,
galones en las costuras, caireles, cordones, cintas..., sobre todo en el caso del traje de
fiesta o gala.