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Sea cual sea el resultado de la controversia
cronológica*,
es indiscutible que la economía inglesa se transformó por completo entre 1740 y
1840. La industrialización de Alemania* comienza en los
primeros años del siglo XIX. La revolución industrial francesa* está a medio
camino entre la germana, con su gran tecnificación, y la inglesa,
que dispuso de gran capital. La existencia de este hecho es a veces
discutida; pero lo que sí es totalmente cierto es que desde 1850 hasta
finales del siglo XIX tienen lugar en Francia una serie de cambios
que originan un vertiginoso crecimiento económico, cuestión de la que nos
ocuparemos en el capítulo siguiente. Los acontecimientos de carácter político
que conocemos como Revolución Francesa*
se centran en el año 1789.
Ya hemos dicho arriba que la época es tan convulsa
política y socialmente que tal vez no habrá otra a la que se le parezca. Si
hemos elegido para este capítulo el largo período del siglo XVIII hasta mediados
del XIX es porque en él se dan, agrupados así, los cambios que han resultado ser
fundamentales en la Historia del vestido.
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La industrialización de la producción
textil y del comercio hizo que ésta aumentara para llegar a toda la
población. Por consiguiente, la indumentaria se diversificó de un modo
nada parecido a la historia pasada.
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Consecuencia de lo anterior, nacen los
complementos de la indumentaria. No sólo se viste el cuerpo, también
las manos y los pies. Y, por motivos idénticos, aparece la joyería.
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Corolario de ambos hechos, se produce el
tercero: a mediados del XIX comienza la verdadera Historia de la
Moda.
La explicación del punto primero está en lo que
antecede de este capítulo y en todo el anterior. El razonamiento para fundar el inicio de
La Moda en el 1850 lo
ampliaremos en el capítulo siguiente y obedece a los principios ya definidos en
nuestra introducción*. Y en lo tocante al punto dos, esto es el contenido
a continuación.
5.1 El calzado
Los zapatos femeninos podían ser
cerrados o sin talón como las chinelas.
Durante todo el XVII aún no se diferencia
entre la horma del pie derecho o del izquierdo.
Su evolución va desde los muy
cerrados y puntiagudos de principio de siglo, a los más escotados, con punta
estrecha curvada hacia arriba de influencia oriental.
Los zapatos femeninos del período rococó se caracterizan por su elevado tacón, situado en la combadura del pie para dar mayor estabilidad.
La base del zapato es siempre de suela.
Mujeres retratadas por Francisco de Goya
(como Tadea Arias de Enríquez, cuadro que está en el Museo de Prado, o la Duquesa de Alba, en la Hispanic Society of
America de Nueva York) llevan zapatos de similar horma y con punta afilada, como
los de 1790 que vemos abajo (en tercer lugar de la tabla).
Tras la Revolución Francesa y el cambio de moda en la indumentaria femenina, el tacón del zapato de mujer pierde altura hasta casi desaparecer.
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