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En cuanto a los guantes, se da un curiosa evolución
en el breve período en que esta prenda se está implantando como prenda de vestir
y no sólo como protección, como se daba en la Edad Media. Parece indicar una
cierta duda en su aceptación. Aparte del manguito que también vistió las manos y
los brazos, el guante oscila rápido desde una pieza larga, recta y sin dedos
(los mitones) a los guantes cortos y más complejos, con dedos o medio dedo.
Finalmente, y también hay que decir que deprisa, quedan definidos cada uno en su
estilo. Tal rapidez afecta incluso a los materiales, ampliados a una variedad
que no es mucho menor de la que hoy seguimos usando (si exceptuamos los
materiales sintéticos): desde el algodón, lanas (de punto) y sedas hasta la piel de
cabritilla que tanto se valora todavía. En las muestras que aparecen en los
museos, abundan los guantes y mitones bordados en el dorso con motivos de
flores y aves exóticas. También abunda bibliografía que habla de ricas
esencias que perfumaban la guantería y que ésta era un preciado obsequio
entre la alta sociedad europea.
Manguitos
Magnífico ejemplo para abrigar las manos es el
manguito, apreciado tanto por las mujeres como por los hombres por su cálida
funcionalidad. |
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Manguito
de seda listada en líneas verticales con espolines policromos
intercalados. La decoración es floral y rayada, enriquecida con puntilla
en los laterales. El orillo es visible en la costura central. Ca. 1780.
Museo del Traje, CIPE, Madrid;
Foto del Museo. |
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