Los sonajeros.
Como objeto que ha quedado en desuso, se nos ocurre que el sonajero merece
algo más que una atención por curiosidad. Como anotan los estudiosos del
tema, el sonajero porta un sentido de amuleto protector, además del carácter
de adorno; y aunque el destinatario era el niño de cuna, este no era el
único.
Como señala Cruz Valdovinos (Catálogo de la platería. Museo
Arqueológico Nacional, 1982: 193),
estas piezas, cuyo origen se remonta al
siglo XVII, se utilizaron tanto de colgante en los vestidos de los niños
como sonajero que se agitaba tomándolo del vástago e invirtiendo la posición
que normalmente tienen al ser exhibidos, esto es, quedando la cabeza en lo
alto. También los hemos visto aplicados como exvotos en cinturones colocados
en imágenes del Niño Jesús.
El citado autor denomina la pieza como cascabelero. Similares en MAN, aunque
sólo uno de ellos con marca:
Modelo común de cascabelero en amplias zonas
de la Península, pues lo conocemos desde Zamora y Salamanca hasta Córdoba.
Predominó en la segunda mitad del siglo XVIII y primeros decenios del XIX.
Por su pequeño tamaño y peso rara vez van marcados (1982: 193).
Valverde Candil (1994: 179) publica uno más, descrito como sonajero que, al
parecer, carece de punzones.
Las sirenas, que vemos en estos sonajeros (abajo), son utilizadas como amuleto por las mujeres napolitanas cuando están embarazadas. De hecho, la sirena es para los alquimistas el mercurio filosófico, piedra filosofal en embrión, algo que lleva en estado latente otro ser.
(Ref.:
Museo del Traje, CIPE, Madrid.)