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b) Pudor
El pudor como motivo en el inicio de la vestimenta no es más que
una invención victoriana y pacata, destinada a contentar la
ideología de la época. La sociedad, de acuerdo a cada ideología
imperante, construye representaciones del cuerpo parcelándolo en
zonas nobles, como el rostro, los ojos, las manos, mientras que
otras son consideradas innobles: aquellas que tienen que ver con la
digestión y con las emociones sexuales. Así, el vestido sirve para
ocultar el cuerpo. No es de menor importancia el efecto ideológico y
moral de la interpretación cristianorromana de la Biblia en lo que
se refiere a los pasajes del principio de la vida humana y las
consecuencias de pudor por el pecado original. Lo cierto es que, una
vez adquirida la costumbre de la vestimenta, bien de forma real o
simbólicamente, ésta ha sido utilizada para cubrir las partes
pudorosas del cuerpo tanto como para potenciar las más atractivas y
sugerentes de ambos sexos. Como ejemplos tenemos innumerables, desde
el kalasiris egipcio, que se ceñía bajo el pecho femenino dejándolo
al descubierto, o los jubones masculinos con bragueta, del siglo XV,
hasta los jeans de los años 70, ceñidos a la anatomía en los
jóvenes.
c) Adorno
Es, sin duda, una motivación mucho más convincente que el pudor
para la invención del traje. Los pueblos más antiguos ya se
decoraban con pinturas, tatuajes, joyas, adornos en definitiva;
incluso con ciertas mutilaciones en el propio cuerpo: grandes
collares de las mujeres masai para alargar el cuello, los
tabiques nasales perforados, los lóbulos de las orejas con
pendientes (de pequeño tamaño entre unos pueblos y de hasta diez
centímetros en otros), los pies vendados de las mujeres chinas.
d) Jerarquización social
Es con el desarrollo cultural como muchos usos sociales de la
indumentaria se han institucionalizado. La historia de la cultura
tiene que ver con la asunción de roles por parte de individuos que
lideran movimientos. A estos líderes, cuando han sido socialmente
aceptados a lo largo de generaciones, la sociedad les ha conferido
atributos externos hasta el punto de configurar su indumentaria,
exclusiva e institucionalizada; así el armiño es propio de los papas
y los reyes. |