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2.1 El entorno influyente
Cada individuo de un
país desarrollado, en su vida cotidiana de ciudad, en su convivencia,
viene siendo objeto de un reiterativo e incesante bombardeo de
comunicaciones visuales, en las que impera la anarquía y la
superabundancia, hasta el punto de llevarlo, no ya a una saturación, más
aún, a formar con ello parte de su vida, de su conciencia, de su
personalidad. Y si el simple ciudadano se ve obligado al constante
trabajo de seleccionar influencias para definirse a sí mismo, más
todavía el profesional de estas influencias tiene que auscultar en ellas
lo que realmente late con ímpetu creativo, con verdadero valor y con
visos de utilidad.
El diseñador de moda es uno de esos
profesionales y por ello está obligado a enfrentarse a esas influencias
con espíritu a la par abierto y selectivo, con talante generoso y
creativo y con oficio y capacidad de trabajo suficiente para la
superación en cada modelo y en cada colección. Para alcanzar esta meta
es indispensable una formación profesional adecuada y utilizar sistemas
e instrumentos de trabajo suficientemente experimentados y dados como
seguros.
2. 2 El programa de enseñanza y
formación del diseñador
La presente exposición
contiene sucintamente la teoría que a este respecto mantiene Bruno
Munari (muy recomendable: Diseño y comunicación visual, GG
Diseño, Barcelona, 1985, pág. 18 y sgtes), profesor de la DOMUS
ACCADEMIAE, de Milán, y uno de los más importantes estudiosos de esta
cuestión.
Si nos referimos a las escuelas de arte, y
la de diseño de moda lo es, hay dos maneras de preparar un programa de
enseñanza: una manera estática y una manera dinámica. En la primera, el
individuo se verá obligado a adaptarse a un esquema fijo y casi siempre
superado; en la segunda, el programa de enseñanza se va formando poco a
poco, modificado continuamente por los propios individuos y por los
problemas que se plantean. En el caso de la enseñanza estática, con
programas fijos e inamovibles, suele ocurrir que ésta se hace incómoda
para el estudiante, le desinteresa y puede hacerle abandonar. En el
caso de la enseñanza dinámica, los que enseñan estudian un programa de
base, lo más avanzado posible y por ello continuamente modificable, de
acuerdo a los intereses de la misma enseñanza. Este programa requiere de
los profesores la elasticidad y rapidez necesarias para preparar las
lecciones conformes con las necesidades de cada caso y las
características de los estudiantes, de manera que les pueda ayudar a
resolver sus problemas.
Pero la carrera o la
enseñanza de diseño de moda no es sólo artística; es también técnica. Y
las dos cosas son inseparables. Un aspecto que es común a ambas
cuestiones es la objetividad. Si al modelo diseñado le falta objetividad
no alcanzara la meta final, que es cubrir la necesidad del producto de
moda, que es la aceptación por parte del destinatario. Si, por otra
parte, el modelo diseñado no es una creación imputable al diseñador,
éste se habrá convertido en un autómata o, en el mejor de los casos, en
un mero ejecutor de las tendencias de moda. Si la técnica y el arte que
quieren alcanzar la meta de utilidad en la moda necesitan ser objetivos,
el estilista, para serlo, precisa del dominio de la subjetivación,
dominio de la referencia de la obra a su mente creativa, referencia que
debe pervivir en el producto de su trabajo. |