TECNOLOGÍA DE LA CONFECCIÓN TEXTIL
(C) Maria de Perinat, 1997 
Cuarta Parte
Organización industrial de la confección textil

Capítulo 21
Características de la industria de la confección 
1. La herencia artesana.  2. Panorama de la industria de la confección.  3. El equipo productivo.  4.  La especialización de producto.

3. El equipo productivo
Pese a que cada día aparecen instrumentos de trabajo más sofisticados, la mejora de la industria textil no pasa solamente por la adquisición de maquinaria innovadora. Es esencialmente necesario que se renueven, se adapten a las circunstancias y se perfeccionen los demás estamentos, como la propiedad de la empresa, la dirección y el personal de producción. 
Ésta de la confección es una actividad típicamente manufacturera, en la que la mano de obra juega un papel esencial, tanto en su planteamiento e inversión, como en el desarrollo empresarial. En cualquier tipo de prenda, el valor añadido en concepto de obra es muy elevado al compararlo con otros ejemplos de producción más tecnificada. Pese a ello se da un obstinado empeño en no buscar la eficacia y abaratamiento de la mano de obra sino con rodeos. Tal es el caso de la migración que actualmente existe de ese tramo industrial que es el corte y confección, que las empresas trasladan repentinamente de un país a otro, buscando la mano de obra más barata, en lugar de acometer un abaratamiento de la producción dentro de la empresa y con su propia plantilla. No se trata aquí de exponer una teoría en contra de la internacionalización del mercado del trabajo y del comercio global de bienes y servicios; se trata de explicar que la formación profesional y la optimización de plantillas es fundamental para el desarrollo de la industria de la confección en un país, en cualquier país, para lograr mejores precios, más producción y más alta calidad; porque las mejoras obtenidas con estos medios son más sólidas y duraderas. Aquellos países que obvian este razonamiento sufren las consecuencias, en detrimento de su empleo y de su economía. 
El trabajo manual puede llegar a un 30 y 40% del total que ocupa la fabricación de una prenda, según casos. El uso de máquinas especiales van sustituyendo al trabajo típicamente manual, pero la mayoría de estas máquinas sirven para unas operaciones muy concretas; su limitación se acusa más y su inversión se hace menos rentable cuanto más cortas son las series de prendas a producir. Si embargo, cada vez que una de estas máquinas-herramientas (como los autómatas, que se citaron antes) es introducida en una cadena de producción, la calidad del producto se reafirma y el coste de mano de obra se reduce de inmediato. 
Desde la implantación de la tecnología digital, quizás sea en las secciones de diseño y patronaje donde la técnica ha avanzado más rápidamente.  Por lo general el equipo productivo es simple y, además, versátil. Las mismas máquinas empleadas para cortar camisas, por ejemplo, sirven para el corte de americanas, gabardinas o impermeables. La máquina de coser plana, de una aguja, de doble pespunte recto, es empleada para el cosido de tejidos finos de seda o algodón, para pañería o incluso para piel, con ligeras variaciones en sus órganos de arrastre y de puntada. 

Esta universalidad que ofrece la maquinaria empleada, junto con su coste relativamente poco elevado, hace que la empresa pueda renovar fácilmente su parque de herramientas, según las exigencias de producción o la variación de mercado; su poco peso y volumen, así como la facilidad de instalación, las hace más cómodas y propicias al desplazamiento y a la sustitución. 
El capital de inversión en edificio, maquinaria e instalaciones que precisa la confección es de los más bajos por puesto de trabajo, comparado con los de otras industrias y desde luego el más bajo dentro de todo el sector textil. 
En cuanto a la mano de obra, para los países en vías de desarrollo está formado por mujeres en más de un 80% y tiene edades que comienzan en los 14-16 años. Si a esto añadimos que el proceso total de producción de una prenda es susceptible de dividirse en gran número de fases intermedias, muy homogéneas y de corta duración, se consigue pronto una mínima especialización del personal en un período también corto, porque el trabajo para cada puesto es muy repetitivo. Vale decir, por tanto, que esa mano de obra es fácilmente reclutable y de adiestramiento rápido. 
Todo lo descrito en este punto abunda sobre lo expuesto al principio, relativo a la migración de los centros de producción de confección, extremo en buena medida ampliable a todo producto de moda. Así vemos que firmas de confección o de moda, europeas o americanas, fabrican en Hong-Kon, Taiwan, Filipinas, Corea, Norte de África o Centroamérica.
4. La especialización de producto 
La universalidad del equipo de producción, su bajo coste y la facilidad de creación de sus productos, propicia la aparición de muchas empresas de confección muy poco especializadas, cayendo en una excesiva diversificación, no sólo de modelos sino de tipos de prendas. Como se verá más adelante, la importancia que tienen los métodos de trabajo, esta falta de especialización va contra la rentabilidad, casi siempre y en contra de la opinión de dichas empresas. 
Hablando de una industria que ofrece facilidad al cambio de equipos, que su personal es fácilmente adaptable, que las inversiones de implantación son reducidas, se admite implícitamente que es una industria de gran agilidad e improvisación, lo que se liga además con la eventualidad del producto de moda. Esto, naturalmente, tiene sus ventajas, como, por ejemplo, que en plena temporada se pueda rehacer completamente un muestrario. Pero tiene un peligro, por contra: caer en un falso prejuicio de que todo se puede improvisar, todo se puede corregir y que la planificación y los estudios previos no son necesarios más que para las grandes empresas. 
Junto a esta necesidad de previsión, el industrial confeccionista está sujeto a muchos otros factores que son ajenos a él. No hablamos sólo de las tendencias de la moda ni sólo de factores de economía social; hablamos de la dificultad que el sector textil tiene en verticalizarse, estructurarse en bloque como lo hace la metalurgia o la construcción, donde el producto final se obtiene con materias primas muy estandarizadas. Salvo en determinados artículos, que luego veremos, al confeccionista le coarta el encadenamiento a otro sector textil, de hilatura, tejeduría o acabados, aunque de toda la cadena él forme el último eslabón; cuanto más dependa de los anteriores más limitado estará, tanto si quiere diversificarse como especializarse en un tipo de confección. 
Haciendo una salvedad, que es para la confección de ropa de cama, mesa, baño, e incluso prendas del vestuario laboral. Para el resto, para las de vestir en general, y también para los complementos, las ventas exigen al confeccionista una gran variedad de productos, y en cada producto una amplia gama de modelos renovables, además, en cortas temporadas. Variedad en la materia prima, en la fibra, en el tejido, en los tintes, en los acabados, es la opción que el confeccionista precisa para su creación.

 
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