Cuarta Parte
Organización
industrial de la confección textil |
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Capítulo
21
Características
de la industria de la confección |
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| 1. La herencia
artesana. 2. Panorama de la industria de la confección.
3. El equipo productivo. 4. La especialización de producto. |
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3. El equipo productivo
Pese a que cada día aparecen instrumentos de trabajo más
sofisticados, la mejora de la industria textil no pasa solamente por la
adquisición de maquinaria innovadora. Es esencialmente necesario que se
renueven, se adapten a las circunstancias y se perfeccionen los demás
estamentos, como la propiedad de la empresa, la dirección y el personal de
producción.
Ésta de la confección es una actividad típicamente manufacturera, en la que la
mano de obra juega un papel esencial, tanto en su planteamiento e inversión,
como en el desarrollo empresarial. En cualquier tipo de prenda, el valor añadido
en concepto de obra es muy elevado al compararlo con otros ejemplos de
producción más tecnificada. Pese a ello se da un obstinado empeño en no buscar
la eficacia y abaratamiento de la mano de obra sino con rodeos. Tal es el caso
de la migración que actualmente existe de ese tramo industrial que es el corte y
confección, que las empresas trasladan repentinamente de un país a otro,
buscando la mano de obra más barata, en lugar de acometer un abaratamiento de la
producción dentro de la empresa y con su propia plantilla. No se trata aquí de
exponer una teoría en contra de la internacionalización del mercado del trabajo
y del comercio global de bienes y servicios; se trata de explicar que la
formación profesional y la optimización de plantillas es fundamental para el
desarrollo de la industria de la confección en un país, en cualquier país, para
lograr mejores precios, más producción y más alta calidad; porque las mejoras
obtenidas con estos medios son más sólidas y duraderas. Aquellos países que
obvian este razonamiento sufren las consecuencias, en detrimento de su empleo y
de su economía.
El trabajo manual puede llegar a un 30 y 40% del total que ocupa la fabricación
de una prenda, según casos. El uso de máquinas especiales van sustituyendo al
trabajo típicamente manual, pero la mayoría de estas máquinas sirven para unas
operaciones muy concretas; su limitación se acusa más y su inversión se hace
menos rentable cuanto más cortas son las series de prendas a producir. Si
embargo, cada vez que una de estas máquinas-herramientas (como los autómatas,
que se citaron antes) es introducida en una cadena de producción, la calidad del
producto se reafirma y el coste de mano de obra se reduce de inmediato.
Desde la implantación de la tecnología digital, quizás sea en las secciones de
diseño y patronaje donde la técnica ha avanzado más rápidamente. Por lo
general el equipo productivo es simple y, además, versátil. Las mismas máquinas
empleadas para cortar camisas, por ejemplo, sirven para el corte de americanas,
gabardinas o impermeables. La máquina de coser plana, de una aguja, de doble
pespunte recto, es empleada para el cosido de tejidos finos de seda o algodón,
para pañería o incluso para piel, con ligeras variaciones en sus órganos de
arrastre y de puntada.
Esta universalidad que ofrece la maquinaria empleada, junto con su coste
relativamente poco elevado, hace que la empresa pueda renovar fácilmente
su parque de herramientas, según las exigencias de producción
o la variación de mercado; su poco peso y volumen, así como
la facilidad de instalación, las hace más cómodas
y propicias al desplazamiento y a la sustitución.
El capital de inversión en edificio, maquinaria e instalaciones
que precisa la confección es de los más bajos por puesto
de trabajo, comparado con los de otras industrias y desde luego el más
bajo dentro de todo el sector textil.
En cuanto a la mano de obra, para los países en vías de desarrollo
está formado por mujeres en más de un 80% y tiene edades
que comienzan en los 14-16 años. Si a esto añadimos que el
proceso total de producción de una prenda es susceptible de dividirse
en gran número de fases intermedias, muy homogéneas y de
corta duración, se consigue pronto una mínima especialización
del personal en un período también corto, porque el trabajo
para cada puesto es muy repetitivo. Vale decir, por tanto, que esa mano
de obra es fácilmente reclutable y de adiestramiento rápido.
Todo lo descrito en este punto abunda sobre lo expuesto al principio, relativo
a la migración de los centros de producción de confección,
extremo en buena medida ampliable a todo producto de moda. Así vemos
que firmas de confección o de moda, europeas o americanas, fabrican
en Hong-Kon, Taiwan, Filipinas, Corea, Norte de África o Centroamérica.
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4. La especialización
de producto
La universalidad del equipo de producción, su bajo coste
y la facilidad de creación de sus productos, propicia la aparición
de muchas empresas de confección muy poco especializadas, cayendo
en una excesiva diversificación, no sólo de modelos sino
de tipos de prendas. Como se verá más adelante, la importancia
que tienen los métodos de trabajo, esta falta de especialización
va contra la rentabilidad, casi siempre y en contra de la opinión
de dichas empresas.
Hablando de una industria que ofrece facilidad al cambio de equipos, que
su personal es fácilmente adaptable, que las inversiones de implantación
son reducidas, se admite implícitamente que es una industria de
gran agilidad e improvisación, lo que se liga además con
la eventualidad del producto de moda. Esto, naturalmente, tiene sus ventajas,
como, por ejemplo, que en plena temporada se pueda rehacer completamente
un muestrario. Pero tiene un peligro, por contra: caer en un falso prejuicio
de que todo se puede improvisar, todo se puede corregir y que la planificación
y los estudios previos no son necesarios más que para las grandes
empresas.
Junto a esta necesidad de previsión, el industrial confeccionista
está sujeto a muchos otros factores que son ajenos a él.
No hablamos sólo de las tendencias de la moda ni sólo de
factores de economía social; hablamos de la dificultad que el sector
textil tiene en verticalizarse, estructurarse en bloque como lo hace la
metalurgia o la construcción, donde el producto final se obtiene
con materias primas muy estandarizadas. Salvo en determinados artículos,
que luego veremos, al confeccionista le coarta el encadenamiento a otro
sector textil, de hilatura, tejeduría o acabados, aunque de toda
la cadena él forme el último eslabón; cuanto más
dependa de los anteriores más limitado estará, tanto si quiere
diversificarse como especializarse en un tipo de confección.
Haciendo una salvedad, que es para la confección de ropa de cama,
mesa, baño, e incluso prendas del vestuario laboral. Para el resto,
para las de vestir en general, y también para los complementos,
las ventas exigen al confeccionista una gran variedad de productos, y en
cada producto una amplia gama de modelos renovables, además, en
cortas temporadas. Variedad en la materia prima, en la fibra, en el tejido,
en los tintes, en los acabados, es la opción que el confeccionista
precisa para su creación.
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