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INTRODUCCIÓN
Con toda probabilidad, la piel va
a ser la primera materia orgánica viva animal que el hombre recreará
en el laboratorio. Es decir, el primer tejido vivo creado científicamente,
con el saber y la destreza humanas. Ello nos da una idea del interés
y la importancia que esta materia tiene para nuestra vida. ¿Hay
alguna otra parte constitutiva de nuestro cuerpo que muestre una tal vivacidad?
¿Alguna otra es capaz de tanta tolerancia? ¿De tanto talento
para adaptarse?
Un diseñador ha dicho que
la piel es el alma de los no creyentes; y no es una apreciación
exagerada. Para los diseñadores y confeccionistas la piel es nuestra
razón de ser; porque, aunque sea obvio decirlo, no nos afanamos
en vestir esqueletos. Lo cierto es que sí la piel es el manifiesto
externo de nuestro ser vivo, sensitivo, sensual e incluso espiritual; en
todo el reino animal, desde el ser más primitivo y simple al más
dotado, transciende a su piel lo más significativo de su actitud
y su respuesta a la vida, desde lo más profundo de su ser y desde
lo que es ajeno a nosotros. En este sentido la piel es la expresión
anímica innegable hasta para los más incrédulos. A
la piel afloran las reacciones instintivas primarias y las más complejas
respuestas anímicas; el dolor, el miedo, el terror, incluso la vergüenza
se manifiesta en la piel; pero también en la piel se encuentra la
respuesta al frío y al calor; y en la piel se plasma el hambre fantasmal
o florece la abundancia.
Por referirnos al nivel más
alto de reino animal, al de los seres humanos, no cabe duda que a ninguna
otra parte de nuestro cuerpo dedicamos tantos cuidados como a la piel.
Por otra parte, el hombre y la mujer, cuando llegan a su más deliberado
exhibicionismo, se exhiben desnudos o se exhiben en pieles.
Hacer estas consideraciones es por
decir que hemos llegado a la materia más noble con que un profesional
de nuestro sector puede trabajar. La piel, en cualquiera de sus formas,
es un elemento confeccionable exquisito, que ejerce sobre nosotros una
innegable fascinación.
Acercarse a la piel, como objeto
de una actividad profesional, requiere tener una idea clara de su naturaleza.
Para ello es necesario poseer una cierta cultura de la piel, basada en
sólidos conocimientos. Y este es el fin primordial del presente
trabajo: contribuir a crear, mantener y afianzar esa cultura de la piel,
que no sólo incluye un profundo respeto a la vida sino que es una
clara muestra de sabiduría, de ilustración y de sensibilidad. |