|
|
1.1 La censura
política en la información.
El periodismo de
bloque
Se ha dicho arriba de Arturo Uslar
Pietri que es un autor asiduo a decir y explicar lo que pasa en el ámbito
político-social, con relación a Latinoamérica y a su país, Venezuela, más
especialmente. En fechas muy recientes sus avisos fueron tremendamente certeros
sobre la inminencia de golpismo contra el gobierno democrático de Carlos Andrés
Pérez. La veracidad de su diagnóstico lo llevó a ser acusado de incitador al
golpe por quienes no quisieron creerle y quienes no quisieron o no supieron
escucharle.
La acusación de Uslar
Pietri en esta circunstancia ayudó, por otra parte, a poner de manifiesto uno
de los males que se están haciendo crónicos ya en la costumbre informativa. No
fueron únicos los reproches hacia Uslar Pietri; inmediatamente a la represión
del golpe, el gobierno procedió a decretar estados de excepción que incluyó
–hacía 35 años que ello no ocurría en Venezuela– severa censura de prensa; tal
medida sorprendió a los informadores de todos los medios de comunicación. Por
lo general, en los últimos tiempos la dureza política, que es más o menos
inherente a una actuación militar, conlleva un control estricto de la
información pero sin llegar a la censura de prensa convencional (en regímenes
políticos democráticos); ese control se ejerce de manera más sutil, con métodos
que vienen siendo comúnmente aceptados. Estaba reciente la guerra del Golfo
Pérsico, que ha sido seguramente el acontecimiento con mayor producción
informativa en toda la historia de los medios de comunicación (absoluta y
relativa, no solamente por cada día sino en producción total); no se oyeron
protestas por el hecho de que la información acerca de la guerra formaba parte
de la guerra misma y, en consecuencia, era cuidadosamente dirigida por el mando
militar supremo; los periodistas y el público nos acostumbramos a ello: Por
todas las cadenas de TV del mundo se difundían las ruedas de prensa (RP, en el
argot español) de los generales y de los portavoces de sus cuarteles en los
salones de los hoteles al lado del campo de batalla; el público incluso lo
recibía agradecido. Si embargo, en el intento de golpe contra Carlos Andrés
Pérez, en este febrero de 1992, el mundo se escandalizó por la censura de
prensa y a algún que otro periodista le trajo problemas graves con los
directivos de sus empresas.
Vale la pena seguir esta
pequeña historia de censura para ilustrar lo que esa censura significa en
cuanto a los hábitos informativos de los políticos: Un periodista enviado
especial de la empresa estatal española de TV elabora un informe sobre la
situación de Venezuela en torno a la intentona golpista que acaba de
producirse. Naturalmente, los reporteros avezados en estas lides saben cómo
esquivar la censura política a la menor ocasión que tienen. Se pone a trabajar
para ese extenso reportaje y entrevista al propio Uslar Pietri (vetado por el
gobierno), hace encuestas a los ciudadanos en las calles de Caracas (todas las
encuestas deben ser supervisadas por funcionarios) acerca de los antecedentes
del cuartelazo, sobre los problemas económicos, sobre el apoyo a la democracia,
sobre el rechazo o el apoyo golpista, sobre todo aquello, en definitiva, que
ayudaba a comprender la situación. Al finalizar el reportaje la censura ha sido
eludida y se ha elaborado la información con libertad; sin embargo la emisión
del programa se hizo con la exclusión de importantes segmentos, como éstos con
el siguiente contenido[iv].
Declaraciones de Arturo Uslar Pietri:
“...Y muchas personas en
Venezuela, y grupos, nos hemos dirigido al presidente en muchas ocasiones
pidiéndole rectificaciones, un replanteamiento de la democracia venezolana, una
reforma del sistema electoral, una limpieza de la justicia, que funciona fatal,
un gesto efectivo de juzgamiento y de castigo de la corrupción.
Y eso no ha llegado; eso
no ha sido posible de ninguna manera.
El pueblo venezolano
cree en la democracia; yo no creo que haya peligro de que aquí venga un sistema
dictatorial o fascista o de extrema derecha, porque el pueblo venezolano no
cree en eso, nunca ha sido partidario de eso, nunca ha apoyado eso. El pueblo
venezolano quiere la libertad; pero quiere una libertad que tenga un
significado, que vaya más allá; como decía Joaquín Costa, no hay libertad sin
garbanzos.
Contestaciones de personas
en la calle que también fueron censuradas y suprimidas en la edición final:
Se
veía venir, por el mal gobernador que tenemos ahorita, pues el presidente, en
realidad, no está haciendo nada por el pueblo.
Yo creo que eso es muy efectivo. Eso es
para que el presidente tome medidas y se ponga las pilas.
Tenemos
que darle nuestro apoyo total a nuestro presidente, porque estamos viviendo una
democracia libre, ...porque las cosas no se solucionan de esta manera. Pero no
hay necesidad de que se tome esta decisión, sabiendo el gobierno lo que les
venía. “
Para
mí no me gustó, porque este país es democrático y siempre será democrático. “
Son
treinta años de democracia, pero ¿ Qué, treinta años de democracia, treinta
años de miseria, treinta años de hambre; y no puede ser así.
La censura política
había intervenido en el último tramo del trabajo informativo, es decir,
actuando sobre el informe ya elaborado por el periodista. Este es un método de
censura directa, que ha quedado relegado a casos excepcionales, interviene en
lo que el informador dice; es un método menos frecuente que otros, porque
necesita intervenir directamente en el producto. Por el método nuevo, en
cambio, el comunicante político utiliza al informador para transmitir al
público lo que el político quiere transmitir: interviene en la producción, no
en el producto y antes que éste se dé. Ese político convoca (rueda de prensa:
RP) al grupo de informadores (periodistas y medios técnicos) y se sitúa ante
ellos para decirles solamente lo que desea decir (un bloque de información);
los periodistas (que han sido seleccionados previamente para esa convocatoria)
anotan lo que el político dice y lo así lo transmiten (periodismo de bloque) a
sus receptores. Ante este método de censura no suele escandalizarse el
periodista y no suele escandalizarse el público; cumple, sin embargo, los
mismos fines que el otro método. En el caso de una dictadura, que suele ser la
consecuencia de un golpe militar contra un gobierno, este segundo método, si no
ayuda a su instauración sí que ayuda a mantenerla; no se da en el momento del
golpe sino en su consecuencia. Los dos métodos censores provienen de lo mismo,
de la intervención que el político lleva a cabo, desde el poder, sobre la
información que recibe el público. |