América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

1.7 Al amor de Vallejo[xxv]

 

 

Encabezar este epílogo del capítulo La América Suya con el título de una obra ya editada obedece a una decidida intención de traerla a la memoria. César Vallejo es recomendable para idearios de derechas y de izquierdas, porque es poeta esencial y porque en la literatura española puede llenar él solo un capítulo entero. Vetado por el franquismo porque defendió a España en el lado opuesto a Franco; tan trivial razón; tan sencillamente superable. Vallejo es la quintaesencia de la cultura hispanoamericana. Nadie más ni mejor que él, ni Garcilaso, ni Ercilla, ni siquiera Rubén Darío, encierran en sí completamente todo el misterio de lo hispanoamericano y lo revelan con tan diáfana claridad como Vallejo.

En cierto modo, ahora que él no puede manifestar su desacuerdo, podemos decir que tiene para nosotros la trascendental importancia de un Mesías, un enviado, un redentor, para sacarnos del malentendido original e histórico que hemos padecido durante cinco siglos los españoles de España y los españoles de América, los americanos y los españoles, los hispanoamericanos. En 1992 el escenario de la discusión se ha trasladado ya, definitivamente, a la península; y no debe evitarse la ocasión para que todos digan cuanto tienen que decir. Vallejo vino a decirlo en el momento crucial, hace justamente cien años, naciendo con la exactitud de un siglo que debiera cumplirse de su vida en este 1992; pero murió en el instante en que murió media España y nació la otra mitad. Vino al mundo a predicar la hispanidad, con la razón, con el espíritu y con la vida que entregó a esa causa, un día de viernes santo, en París, capital permanente de la cultura europea. Esta Europa recibió de América lo que necesitó para no ser derrotada y sobrevivir a la locura. Ni Europa ni España pueden eludir las respuestas Hay que leer a Vallejo y meditar todas sus palabras, toda su vida, para descubrir la luz que ilumina las ideas y los corazones. En sus versos está escrito lo que es América, lo que es el Nuevo Mundo. Un territorio vertical que va de polo a polo de la Tierra, separando y uniendo las dos mitades de ella. Un solar en el que todas las razas del mundo viejo se han juntado, se han mezclado entre sí, engendrando el cuerpo y el espíritu de un nuevo ser.

 

 


NOTAS

[xxv] AL AMOR DE VALLEJO, de Juan Larrea, Editorial PRE–TEXTOS, Valencia, 1980.

 

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