América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

2.2 Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

Parece lejano, demasiado, el tiempo en que vivió, escribió y murió Bartolomé de Las Casas (Sevilla 1474, Madrid 1566); parece más lejano de lo que es porque desde su Relación de la destrucción de Indias (descubrimiento y conquista) hasta nuestros días (quinto centenario) se escribió toda la “leyenda negra de España” con la que nuestros malos aliados han catequizado a medio mundo. Es la malversada agilidad en declarar enemistades entre los hombres lo que hace diametralmente opuesto el entendimiento entre unas personas y otras, entre unos pueblos y otros; pero es el tiempo que transcurre inexorablemente el que, a la postre, aclara los malos entendidos. Hoy, de Bartolomé de Las Casas, de la criba de toda la “leyenda negra”, queda limpia la semilla madura de su Relación; y el fruto no fue solamente la animadversión posterior contra la dominación española en América sino, sobre todo, fue un grado más en el giro dado en la política de la conquista, que retoma la utopía de Isabel y arranca del Emperador Carlos el espíritu y, a buen seguro, bastante de la letra de las Nuevas Leyes de Indias de 1542.[xxvii]

Sería sumamente interesante saber algo de la comunicación entre el anciano Rey Católico Fernando V (que no salió de España jamás) y el cura Las Casas; que uno pudiera hoy tener una impresión personal y viva de esas conversaciones. Un poderoso Rey jubilado (64 años), asistido por un mayestático Cardenal Cisneros y, ante ellos, un cura de treinta años (ordenado sacerdote en América), en la flor de la vida, letrado y aventurero, hijo de aventurero también (su padre se embarcó con Cristóbal Colón en el segundo viaje), venido de la América que acaba de conocer y ha cautivado su vida, defendiendo a los indios, denunciando su esclavitud, sus humillaciones, sus despojos. ¿Cabe pensar en una mayor defensa de la doctrina de Cristo, una predicación más evangelizadora que ésta? Los argumentos que esgrime Las Casas deben ser de fuerte consistencia cuando es capaz de mantenerlos en contra de la mayoría de sus contemporáneos, y su exposición es tan inteligente que consigue entrar en el círculo de consejeros flamencos que vienen acompañando al Emperador Carlos V desde Alemania. La correosa autoridad de Cisneros cede, sin embargo, ante la convicción de Las Casas y lo nombra “protector de indios”. Pero con el Emperador llega mucho más lejos. Su Brevísima relación de la destrucción de las Indias se hace pública bastante después (1552) de que fueran promulgadas las Nuevas Leyes de Indias, lo que a simple vista parece restar importancia a la influencia que la Relación pudo tener sobre Las Nuevas Leyes, pero no pueden dejarse sin considerar otros hechos que se dieron como fruto de lo tratado entre Las Casas y la corte imperial. Un hecho es que se le concede como encomienda el territorio de Cumaná, para que en él ponga en práctica sus teorías, su modelo de colonización; otro es el ofrecimiento de la diócesis de nada menos que Cuzco; ofrecimiento que no aceptó; nombrado obispo de Chiapas, se fue a ella a aplicar enérgicamente una “primitiva teología social de La Iglesia”. Ni en Chiapas ni en Cumaná sacó adelante su revolucionaria colonización cristiana; las Nuevas Leyes de Indias contenían muy rebajadas las exigencias de Las Casas; pero sí fue patente la influencia que su pensamiento ejerció en las ideas del Emperador.

Cuáles son los preceptos generales de la doctrina del cura seglar y luego dominico secular fray Bartolomé de Las Casas Comparado con lo acontecido antes y después de él, su doctrina es tan radicalmente opuesta que no resulta difícil resumirla en pocas palabras, porque contiene conceptos sumamente claros:

–Los indios son los únicos dueños legítimos de sus tierras.

–Todas las guerras contra los indios son injustas.

–El Imperio tiene derecho a entrar en el Nuevo Mundo nada más que como colonizador y evangelizador, con colonos y misioneros y no con soldados.

–El régimen de encomiendas no es lícito. No se puede tomar a los indios como esclavos. Posteriormente niega también que pueda hacerse esclavos a los negros africanos para trabajar en la encomiendas .

En el Confesionario y en Avisos y reglas para los confesores, escritos en su breve mandato diocesano en Chiapas, se radicaliza aún más y exige como requisito para la absolución que el cristiano que posee una encomienda la devuelva a los indios, antes incluso de llegar al confesionario.

Un siglo después de fray Bartolomé de Las Casas otros frailes, los jesuitas, reencarnan por tercera vez (y última en la historia) la vieja utopía misma que encarnó el dominico. Pero es notorio, y debiera ser tenido más en cuenta para comprender a los misioneros jesuitas del Paraguay, al Emperador y a Las Casas (y la fe que Isabel la Católica quiso poner en la empresa del Nuevo Mundo), el hecho de que la Compañía de Jesús se funda por el soldado Ignacio de Loyola, precisamente en el reinado de este mismo Carlos V de Alemania y Primero de España.

Quizás aquella obra misionera no estuviera tan llena de filosofía como muchas veces la sospechamos; quizás no fuera una empresa con propósitos tan trascendentales como a los mejores partidarios les parece; puede que todo fuera mucho más espontáneo, más egoísta, más común; puede que no hubiera tan encendida y acendrada santidad en aquellos frailes, que el alma del misionero jesuita en el Paraguay no fuera tan generosa; acaso la ideología que pretendemos ver sembrada en el interior de aquella selva no sea sino el fruto de una moda posterior. Todos los interrogantes imaginables se pueden plantear y el procedimiento conducirá a buscar más respuestas y más convincentes.

Estamos acostumbrados a mirar a Hispanoamérica desde el punto de vista extranjero y ello nos acomoda opiniones para nosotros objetivas. ¿Qué obtenemos nosotros en la experiencia? ¿De qué nos sirve? ¿Qué nos aporta un siglo de convivencia de los jesuitas con los indios guaraníes en el corazón de Sudamérica? Esto es lo que más nos ha interesado en las dos centurias posteriores.

Sencillamente, las reducciones misioneras de los jesuitas en el Paraguay aportan la única y exclusiva ocasión de que su mundo europeo contemporáneo, y todos actualmente, conozcamos aquella sociedad indígena de una forma natural y a la vez científica; porque no se dio otra ocasión en que se transcribiera con fidelidad la cultura encontrada, porque no hay otro ejemplo colonizador en que el extranjero intenta dirigir la colonia desde dentro de ella misma, partiendo de su idiosincrasia, desarrollando sus mismas tendencias naturales, motivando en vez de sojuzgar, instituyendo en vez de suplantar, aliando en vez de aniquilar, asumiendo como propia la defensa ante el adversario, haciendo en definitiva común lo ajeno y lo propio. La historia de las misiones en el Paraguay no es ni mucho menos monolítica ni rectilínea; es accidentada, con altibajos, con avances y retrocesos; es progresiva. El final de su historia no se debe a su fracaso sino a la fuerza política que la quebró, al segundo y definitivo reparto territorial de las colonias entre las potencias dominantes, España y Portugal, a la expulsión resolutoria de los Jesuitas.

Nadie más que estos frailes consiguieron hacernos llegar aquello que era la cultura americana tal cual, la que apareció a los ojos europeos, ignorada por nosotros hasta el momento, transmitida en su forma original, traducida a nuestras posibilidades de entenderla. De todo el gran imperio inca, de toda su riquísima cultura, no nos escribieron más que actas parciales, encaminadas a fines políticos, crónicas de la conquista en definitiva; el inca Garcilaso desperdició la oportunidad que pudo tener para escribir en su tierra y en su idioma, dejándose llevar por la primera moda mestiza, convirtiéndose al culteranismo e inhibiendo las raíces del primer hibridaje de indio y español. Cuatrocientos años después comienza a escribirse el quechua por un empeño admirable de estudiosos modernos; pero ya estamos demasiado lejos. Los Jesuitas, sin embargo, se pusieron desde el primer momento a entender el dictado de los guaraníes y escribieron en aquel mismo idioma que ellos hablaron; tal labor produjo sus naturales frutos: el idioma se afianzó y cobró la vitalidad para sobrevivir por encima de la crisis que supuso el encuentro de la dos culturas y se enriqueció con las palabras precisas, llamando a todo por su nombre, lo nuevo y lo viejo, haciendo un guaraní–castellano–guaraní que es el guaraní actual.

Desde el punto de vista guaraní, hay razones para pensar que los ciento cincuenta años de convivencia india y jesuita han dejado lo que suele dejar una convivencia pacífica y sin engaños y un final acaecido sin traiciones; lo que había no se removió y hoy está donde estaba.

En cuanto a lo poco común de aquella empresa, no se necesita hacer demasiado hincapié. Siglos de apologistas y detractores no dejan resquicio para la indiferencia ante ello. Pero si uno desea convencerse por sí mismo, todavía está a tiempo de intentarlo hoy; un buen camino es acercarse a los misioneros modernos, a los actuales, a los misioneros de hoy con los indígenas contemporáneos nuestros; acercarse a los capuchinos que viven entre los indios amazónicos. Científicos, intelectuales, obreros, campesinos filósofos implicados en la vida indio–americana del siglo XX.

Fracasó la encomienda piloto de Las Casas en Cumaná, porque el fraile encomendero se ausentó de ella durante un breve plazo de tiempo y la ley de la selva acometió contra lo colonizado, destruyéndolo por completo. Fracasaron las misiones jesuitas del Paraguay, que florecieron durante 150 años, porque también los frailes se ausentaron de ellas, esta vez forzosamente y por largo tiempo. El abandono va a ser una constante en el fracaso de la utopía americana.

Todo el Evangelio, leído recién escrito, sin que a la interpretación del lector le antecedan censuradas interpretaciones, es una utopía que a muchísimos lectores les apetece realizar, con pasión, con fervor, con entusiasmo. En todas las conciencias habita un ser libre y amoroso que desea el bien para sí mismo y para los demás, al menos alguna vez en su vida. Cualquiera con la doctrina de Jesús en sus manos puede intentar hacerse oír, evangelizar, según el lenguaje convencional. Y cualquiera, por idénticas razones, por las contrarias, puede combatir esa evangelización. No es patrimonio exclusivo de la Iglesia católica predicar una doctrina social basada en la justicia y en el amor. Lo que se intenta en esta corta tesis no es demostrar una teoría sobre la función que esta Iglesia ejerce o debe ejercer en América, sino, nada más, exponer, de forma razonable y basándose también en experiencias constatadas, en hechos reales, la trayectoria seguida en América por personas y grupos de personas pertenecientes a la Iglesia católica, que han defendido de forma clara y continuada una postura de justicia social, frente a otras posturas antagónicas y reaccionarias ante la justicia y la igualdad de derechos de las personas.

 

 

 


NOTAS

[xxvii] El asunto de Las nuevas Leyes de Indias se vuelve a tratar más ampliamente en el capítulo siguiente, LAS DICTADURAS – LAS DEMOCRACIAS; porque si las nuevas leyes se hubieran aplicado y con el espíritu que se habían dictado, se habría dado un cambio radical en toda la América conquistada, ya que suponían una verdadera revolución en la política colonial de la época, en política imperialista de nuevo cuño que hubiera sido la española; pero no fueron aplicadas jamás.

 

Todos los derechos reservados, EDYM  © Estudios Ediciones y Medios, S. Ltd., 1996 - 2005, Spain