América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

2.5 El final de una dictadura

 

El 15 de enero de 1958 el gobierno empieza a derrumbarse. El jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, es destituido. El día 19 de enero, el último escrito de la Junta Patriótica, en el que se insta al dictador a abandonar el poder, está impreso en dependencias de un despacho parroquial. Toda la ciudad es ya una conspiración contra la dictadura. Los estudiantes, los artesanos, los comerciantes y los obreros están todos conspirando. Los colegios regentados por religiosos son los primeros en sacar sus alumnos a manifestarse en la calle cuando empieza la huelga general. En dependencias de la catedral de Caracas se imprimen panfletos y se dispersan por las calles arrojados desde los campanarios de las iglesias; la misma huelga general anuncia su principio con un repique de campanas en todas las parroquias, toque amparado en la costumbre de hacerlo a las doce en punto del mediodía, a la hora de rezar el Angelus[xxxiv]. El día 21 el sacerdote Carrillo oficia una misa que es interrumpida por una carga de guardias y policías. Las últimas balas que disparó el gobierno de Pérez Jiménez fueron contra esta misma iglesia, como si allí dentro estuviera el espíritu de toda la subversión y pudieran aniquilarlo a balazos. Al amanecer del día 23 de enero el régimen de Pérez Jiménez era definitivamente derrocado. La Junta de Gobierno que tomó la dirección de la República estaba formada por militares mayormente; no hubiera sido demasiado extraño que en su lugar, o apoyados por ellos, una junta de obispos hubiera proclamado una nueva república en Venezuela.

El pueblo de Caracas y todos los venezolanos supieron abrirse paso a la democracia, respondiendo así, de verdad, al referéndum que “oficialmente” había ganado el dictador. Fue liberado el político Rafael Caldera que permaneció refugiado en la Nunciatura Apostólica de Caracas desde el cuartelazo de Maracay. Volvieron del exilio otros políticos y algunos de los curas que desde el calabozo habían pasado la frontera.

Salió del país Marcos Pérez Jiménez; se exilió a EE UU; fue extraditado a Venezuela seis años más tarde, juzgado allí y condenado por corrupción. Preso en San Juan de Los Morros cumple cuatro años de condena y es puesto nuevamente en libertad. En 1992 Venezuela cumple 35 años de democracia ininterrumpida; pero el 4 de febrero de este año, nuevamente fuerzas militares de Maracay encabezan una intentona golpista contra el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez. Los nuevos golpistas, que habitan los mismos cuarteles de aquellos que se alzaron contra Pérez Jiménez, se declaran izquierdistas. Desde una lujosa residencia madrileña, Marcos Pérez Jiménez, anciano ya, ha podido contemplar en libertad esta nueva intentona que, afortunadamente esta vez, no pudo tumbar la democracia venezolana.

 

 

 


NOTAS

[xxxiv]Las campanas de la mayoría de las iglesias de Caracas anunciaron a las 12 el principio de la huelga general”. Cuando era feliz ... Ob. cit. de García Márquez, pág. 51.

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