América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

3.1 Documento de García Márquez

Después de ocho años, nueve meses y once días sin elecciones, el pueblo colombiano volvió a las urnas para reintegrar un congreso que fue disuelto el 12 de noviembre de 1949, por orden de Mariano Ospina Pérez, un presidente conservador que antes había sido un discreto millonario. Este acto de fuerza inició, a las 3,35 de un sábado, un período de tres dictaduras sucesivas que aún están costando al país 200.000 muertos y el más grave desajuste económico y social de toda la historia. La implacable persecución armada contra los liberales desfiguró la realidad electoral. El absolutismo de Rojas Pinilla acabó con las elecciones. Ahora, con una Junta Militar de cinco miembros que se comportó como un árbitro absolutamente imparcial en un ambiente de garantías sin alarde de fuerza, la opinión colombiana fue sometida a una honrada contabilidad.

En Bogotá, donde llueve 360 días al año, el sol no desapareció un solo instante ese día.[xxxv]

Esta es una crónica del final de un dictadura, la colombiana de Rojas Pinilla; crónica contenida en la feliz documentación de García Márquez acerca del acontecer político americano. Pero esta dictadura es especialmente interesante en el archivo de García Márquez porque durante ella fue precisamente cuando Gabriel tomó la pluma para hacerse cronista y maestro de cronistas, unas semanas después del cruel “bogotazo”, terrible jornada de violencia en Bogotá, donde perdió la vida el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Si no fuera por las terribles consecuencias de sus convulsiones, la vida política de Iberoamérica es tan apasionante, tan cautivadora de emociones y tan rica en argumentos, enigmas, conjeturas, romanticismos, utopías, sensacionalismo, aventuras, tan rica en contenido y en matices, que cualquier escritor, principiante o avezado, la tomaría siempre por afición suprema, por fuente de inspiración, y no pararía en elogios a su ubérrimo manantial literario.

Quiere con ello justificarse el autor para meterse en el tema; por esa razón; porque es una tentación invencible. Pero esta pasión que a los españoles nos domina, a los hispanoamericanos los devora; y, a decir verdad, este fenómeno tiene mucho de festín pantagruélico en el que la voracidad acaba con todo, engullendo ese todo a las partes y viceversa, conduciendo la gula sin freno a una deglución grosera, a los estertores de un empache generalizado y a la indigestión de la política y de la crítica de esa política cuando no ha sabido resumirse con sano juicio.

Desde finales del siglo pasado, cuando los más importantes periódicos del mundo empiezan a ejercer un gran poder de influencia en la opinión pública, hay varios casos, históricos, en los que la prensa ha apuntalado a potencias políticas en ruina y ha hecho tambalearse a otras que se mantenían con aplomo. La prensa de América del Norte sabe organizarse como un ejército, lo ha demostrado; incluso formando escuadras, en ocasiones, de fuerza de choque o especializadas en ataques contundentes, no siempre independientes de otras fuerzas ajenas a los medios de difusión. Los periódicos de la América Latina –más concretamente, de los países al sur de México– tienen características que los hacen substancialmente diferentes a los del norte. Habrá profundas y amplias tesis al respecto; pero aquí, en este momento, una de esas características tiene suficiente importancia para resaltarla sobre las demás: Esa prensa es sumamente crítica, constantemente; refiere siempre la actualidad política de una forma vibrante, trepidante, se puede decir. Unido ésto al hecho de que la historia política de Sudamérica es sobre todo una historia de proyectos políticos más que de realidades duraderas, el ritmo al que la vida en los periódicos se mueve es tan vertiginoso como el movimiento de sus rotativas al imprimirlos; a veces da vértigo; realmente. El gran colectivo de psicoanalistas argentinos debiera psicoanalizar la prensa. ¿ Qué razones de personalidad compleja le afloran del subconsciente para ser siempre, en su comportamiento, más que nada, exacerbados? Mucho en ello está heredado de la fogosidad latina y mucho, también, añadido por contraste con la mansedumbre indígena; siempre aparece este pliegue en el manto social latinoamericano. Quienes dirigen los medios de comunicación escrita no son, desde luego, indígenas.

Centro mi recuerdo argentino en dos fechas separadas por doce años, del 1976 al 88; doce años para ponerse a temblar; no es tiempo real lo que hay entre esas dos fechas, es tiempo en forma de huracán, extradimensionado.

En el invierno argentino del 76, en Buenos Aires, en muchos enclaves de la ciudad, había carteles con advertencias como ésta: “No detenerse aquí. El centinela puede disparar sin previo aviso”.

En el verano del 88, los muros más grandes del gran Buenos Aires estaban entintados con proclamas de las Malvinas son territorio argentino; y esas Malvinas, ese territorio argentino había sido perdido ya en una guerra a flechazos de Exocet y de arqueros aeronavales ingleses; se inicia el gigantesco sumario para el juicio por los desaparecidos; en los sótanos del Banco Central de la República destapan un camión de pasta de coca para el narcotráfico; un apartamento en la ciudad puede comprarse por dos mil dólares, el sueldo mensual de un abogado en Nueva York. En esta situación, la prensa ataca sin piedad al presidente de la república, un presidente que fue elegido democráticamente, propuesto desde su liderazgo del Partido Radical. La voz de Clarín y la de muchos otros periódicos entre Punta del Este y La Tierra de Fuego se desgañitan destruyendo verbalmente a este presidente honrado, inteligente y trabajador; los que más hablan en todo el país, la prensa, los críticos de profesión, los voceros de oficio, le han hurtado la palabra, lo impelen a la impotencia, lo encierran en la ineficacia.

Desde el medio siglo XIX hasta este verano de 1988, desde Hipólito Yrigoyen a Raul Alfonsín, contra la Unión Cívica Radical, contra el radicalismo argentino, se han consumido ríos de tinta para hacerlo imposible, para abusar del egoísmo y anular las aspiraciones cívicas a la democracia, para juntar el desdén con el desdén y conseguir la “desrazón”, para tumbar democracias y levantar castillos militares. Esta presión incesante de los opositores y los partidarios descontentos fatigan la respiración del más aguerrido luchador, asfixian la vida de un líder por más que millones de votos le hayan confiado el poder y le hayan dado el aliento para emprender su gobierno. En la dictadura es Saturno quien devora a sus hijos; en la democracia son estos quienes ponen del revés la metamorfosis y se recrean en la tragedia de la mitología, tantas veces reinventada por los humanos.

Ese es el baile fantasmagórico de un siniestro personaje llamado dictadura, que da su espectáculo allí donde se le ofrece la ocasión, hasta que un día los oscuros argumentos desaparezcan por fin de la escena política.

Pero, por fortuna, no todos son escritores dados a borrar lo que escriben los demás.

El primer encuentro de García Márquez con un periódico donde empieza a colaborar tiene lugar en Cartagena de Indias, la endiosada ciudad costera de la Gran Colombia[xxxvi]. Tiene sentido precisarlo porque fue también Cartagena quien plantó el primer hito para una progresista democracia. Empezaba el final del virreinato de Nueva Granada. Cartagena se declaró independiente el 11 de noviembre de 1811. En esa misma ciudad, ciento treinta años más tarde comenzaba a ser escritor para ir dando cuenta de todo, en relatos, en periódicos y en apuntes para la gran novela[xxxvii].

Aquella dictadura que el general Rojas Pinilla prolongó y endureció tanto fue una de las muchas estaciones en que el escritor se detuvo viendo subir y bajar libertades y constituciones.

Para hablar de la dictadura de casi diez años, entre los cuarenta y los cincuenta, además de seguirle al autor por los periódicos de Bogotá, Cartagena y Barranquilla (El Universal, El Heraldo, revista Crónica, revista Comprimido, El Nacional, El Espectador), además de esto hay que, por principio, escuchar algo del Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, es el inicio de El invierno:

"El invierno se precipitó un domingo a la salida de misa.

La noche del sábado había sido sofocante. Pero aún en la mañana del domingo no se pensaba que pudiera llover.

Después de misa, antes de que las mujeres tuviéramos tiempo de encontrar el broche de las sombrillas, sopló un viento espeso y oscuro que barrió en una amplia vuelta redonda el polvo y la dura yesca de mayo. Alguien dijo junto a mí: Es viento de agua. Y yo lo sabía desde antes. Desde cuando salimos al atrio y me sentí estremecida por la viscosa sensación en el vientre.[xxxviii]

Yo advertí que su regocijo del día anterior se había transformado en una seriedad laxa y tediosa.

La noción del tiempo .... desapareció por completo.

No se mueva de aquí hasta cuando yo le diga qué se hace.

Pero mi padre no volvió. Dios Mío, pensé entonces, confundida por el trastorno del tiempo, ahora no me sorprendería de que me llamasen para asistir a la misa del domingo pasado."

De toda la obra de García Márquez hasta su premio Nobel y publicación de El amor en los tiempos del cólera[xxxix], hay que hacer una lectura total para adquirir el sentido adecuado con el que percibir la sensación correspondiente a ese fenómeno llamado “dictadura”, si es que uno no la ha sentido en sus propias carnes. Desde los relatos de Ojos de perro azul hasta la Crónica de una muerte anunciada se nos transmiten percepciones de eso que la dictadura produce en la persona, eliminando el nivel de valores donde se encuentra el de la libertad, inundando el lugar de la mente donde se forman las ideas, dislocando los razonamientos y alterando la capacidad para medir las cosas. Revuelve las entrañas de esa persona “ estremecida por una viscosa sensación en el vientre”. Se pierden las coordenadas del tiempo y del espacio y en el paisaje se altera el clima y se pone a llover, llenando el invierno todas las latitudes, todo el horizonte a la vista, brumoso, opaco, sin quedarle a la gente más sentidos que el del tacto y precisa ir a palpas para pasar de un instante a otro de la vida. El mundo del ser humano queda convertido en un lodazal; otra vez un caos de barro a través del cual la imaginación pueda llevarle al principio de los tiempos, a otra creación. Así la historia se involuciona en cada dictadura y los pueblos caminan hacia atrás.

En ese mismo universo literario se encierra no solo la esencia de la dictadura sino la misma razón causal de ella: La violenta tragedia. Está en La hojarasca y en La mala hora, como en los reportajes de la vida real, porque a la dictadura del principio de este capítulo precedió “el bogotazo” y el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.

Para celebrar por su cuenta la democracia reinstaurada, Gabriel se casa ese mismo año en Colombia. Y viaja a poner casa en Barcelona, casi en el mismo viaje ldcido que España hace de su dictadura a su libertad[xl].

El final de la dictadura es el final del invierno: Ese día “En Bogotá, donde llueve 360 días al año, el sol no desapareció un solo instante.... “ 1957.

Debiera hacerse una fotografía realista de cada una de esas dictaduras en el momento en que aparecen de “improviso” (?) en las repúblicas americanas. Habría que encontrar, para ello, la forma de fotografiar a los fantasmas, porque siempre las dictaduras llegan de una manera fantástica, encarnadas en un civil mediocre o en un militar sin fama que se presenta con un cuartelazo. después, suplantando parlamentos y constituciones, pretenden tomar cuerpo de ley e invariablemente aspiran a institucionalizarse y, de una forma también inevitable, chocan al fin con la médula del pueblo americano; una médula espinal de libertad.

Así se transfigura el carácter de la ciudadanía, que tantas veces se acuesta libre y se despierta apresada, que vive la Cuaresma en democracia y la Pascua en represión. El vaivén en el que la historia de los pueblos se hace y se deshace, obligándolos, en suma, a caminar tan despacio.


NOTAS

[xxxv] Cuando era feliz e indocumentado, Gabriel García Márquez. Plaza y Janés, Barcelona 1979, pág. 96, 97.

[xxxvi] Según Joaquín Marco, en la introducción que hace a la edición de Cien años de soledad, Espasa Calpe, Selecciones Austral, 1983, Barcelona, pág. 10, la fecha en que Gabriel García Márquez comienza a colaborar en el periódico liberal El Universal, de Cartagena, será el 18 ó 19 de mayo de 1948.

[xxxvii] Los trabajos en prensa realizados por Gabriel García Márquez han sido copiosa fuente editorial, desde luego lo seguirán siendo para siempre; máxime cuando su apego al medio ha llegado al punto actual en que dirige personalmente los informativos de un canal de TV privado en su país, Colombia. Pero ya desde 1981 Bruguera, Barcelona, inicia la recopilación de este valioso material (OBRA PERIODÍSTICA). En 1991 Mondadori publica un voluminoso libro con la obra más reciente.

[xxxviii] MONOLOGO DE ISABEL VIENDO LLOVER EN MACONDO (1955), antes lo tituló INVIERNO. Es el último relato de los editados en el libro OJOS DE PERRO azul, pág. 144, Bruguera, Barcelona 1983.

[xxxix] Bruguera, Barcelona, 1985.

[xl] El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez, Plaza y Janés, Barcelona 1975.

Todos los derechos reservados, EDYM   © Estudios Ediciones y Medios, S. Ltd., 1996 - 2005, Spain