América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

3.3 Casuística de la dictadura

"No son los hombres vulgares los que pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad, para que lo prefieran a la ciega ambición y a la vil codicia...

Es una estupidez maligna atribuir a los hombres públicos la vicisitudes que el orden de las cosas produce en los estados, no estando en la esfera de las facultades de un general o magistrado contener en un momento de turbulencia, de choque, y de divergencia de opiniones el torrente de las pasiones humanas, que agitadas por el movimiento de las revoluciones, se aumentan en razón de la fuerza que las resiste. Y aún cuando graves errores o pasiones violentas en los jefes causen frecuentes perjuicios a la República, estos mismos perjuicios deben, sin embargo, apreciarse con equidad y buscar su origen en las causas primitivas de todos los infortunios: La fragilidad de nuestra especie."[xlii]

Son frases del Manifiesto de Carúpano en el cual Simón Bolívar contesta por anticipado a las acusaciones que compatriotas suyos le hacen ante el Congreso de Tunja, por su actuación como dictador de Venezuela durante los once años de su gobierno.

De alguna manera la conciencia política hispanoamericana está necesitada de superar el bolivarismo, para reconocer, con absoluto convencimiento, las ventajas de la democracia definitiva. El caudillaje es propio de los tiempos heroicos; la democracia, sin embargo, no necesita de caudillos.

Con esta cita de Bolívar finaliza un apresurado repaso por la historia republicana; pero se obsesiona la razón buscando una lógica de fundamentos para esa constante, para ese resultado: Dictaduras.

¿Hay un fondo moral en las motivaciones? ¿Existen casos de conciencia en los que todos los dictadores se amparan? ¿Hay una casuística de la dictadura? Se dan efectivamente todos esos casos de conciencia en los que objetivamente se consagra el ardor del golpista y a los que se aferra el dictador para acometer los actos extremos que eliminan lo sustancial de la libertad del ser humano. Una vez convencido, el dictador tiende a perpetuarse en esa actitud. Siempre es la injusticia la causa moral subjetiva que impele al dictador para cometer una injusticia mayor objetiva.

La injusticia–motivo es la incomprensión entre los individuos que forman grupos sociales y entre esos grupos cuando componen la ciudadanía de cada país.

No hay casuística que justifique el golpismo ni la dictadura. No vale el “vale más una dictadura honesta que una democracia corrupta”. Un dictadura no es honesta porque nace violando la “honestidad de la ley”; un golpe de estado contra una democracia no será nunca honesto porque se produce a costa de la democracia misma. Una democracia es fruto de una cultura política superior al golpismo; a través de ella los ciudadanos pueden controlar a las personas e instituciones que son administradores materiales de la propia democracia; el pueblo debe utilizar los medios legítimos en democracia para corregir la mala administración, incluso apartar de ella a quienes la corrompen, haciendo uso de las instituciones democráticas básicas, las intermedias y las más altas, sin que ninguna institución, ni militar ni civil, suplante a las otras, ni por medios cruentos ni incruentos. La soberanía política reside en el pueblo, y es el pueblo en conjunto quien tiene el que es único derecho a ejercer los mecanismos de su soberanía.

Lo que sí tiene la dictadura de casuística está en sus efectos: típicos, repetitivos, consuetudinarios. El miedo, el terror, la represión, la reencarnación de los peores demonios del mundo, los más grotescos, los más sucios, los más engañosos, los más corruptos.

Dictaduras modernas se han esforzado tanto en su perfeccionamiento represivo que, solamente bajo ese régimen, han atacado la más profundo del ciudadano, su ser íntimo, su personalidad, de forma tal que la consiguen eliminar más allá de la muerte. Reprimir con la muerte era simplemente matar y el castigo les pareció poco, porque era solamente privarle de la vida al que mataban; por eso desarrollaron la técnica de la desaparición de personas, de mujeres y de hombres adultos, de ciudadanos sin notoriedad, de niños inculpados solamente de inocencia, de ancianos imposibilitados para atacar, de jóvenes promesas, de intelectuales y estudiantes, de religiosos predicadores de libertad; hicieron desaparecer incluso a quienes se podrían catalogar de desconocidos, incluso a esos. ¿Qué se consigue con la desaparición de una persona? ¿En qué consiste?

–Es lo más que se puede hacer en su contra; inhibir por completo su personalidad; vaciarle totalmente de contenido, no dejar rastro de él ni vivo ni muerto, no saber ni que existe ni que no existe. Tal logro ha sobrepasado lo humano; un procedimiento metafísico que atañe no solamente a la vida del objeto–persona sino a su existencia, abusando de lo divino. La desaparición es lo contrario de la aparición; es un milagro negativo. De esta forma emprendieron los dictadores modernos la empresa decidida de eliminar cualquier brote de inquietud política molesta para su régimen: La anularon.

 

 

 


NOTAS

[xlii] Ob. Cit. de Madariaga, Vol. II, pág. 19.

 

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