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Este río que desemboca en el
Océano Atlántico por la mismísima línea del Ecuador, en el punto concreto y
exacto de la división Norte Sur, empieza a tomar aguas de los nevados de los
Andes, allá en la cordillera de Chilca, que es la fuente del Apurímac, que
luego es Ucayali, luego Marañón y luego Amazonas; nada más que a doscientos km.
de distancia en línea recta al Pacífico tiene este río su nacimiento, para
recorrer después, de Oeste a Este, los 6.200 km. que mide su espina dorsal
hasta la desembocadura. Su cuenca de siete millones y medio de km. cuadrados se
extiende por los territorios de Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela,
Guyana y Surinam. Limita al Oeste, su nacimiento, con las estribaciones de los
Andes en Perú y Ecuador; al Este con el Atlántico; al Norte los Llanos del
Orinoco y el Macizo de las Guayanas; al Sur con los altos llanos bolivianos y
el Mato Grosso y Sierra Roncador, de Brasil, que van perdiendo altura por el
borde mismo de la cuenca hasta el estuario del gran río en la desembocadura. Un
millar de afluentes mayores configuran una red fluvial harto complicada, porque
se aloja en una extensísima llanura y porque recoge aguas de los dos
hemisferios; en el sur, confunde sus orígenes con los del Paraná y Paraguay en
las fuentes del Tocantins, que traslada sus aguas en un sentido casi vertical
dirección Sur Norte, de los 18 a los cero grados de latitud y con apenas cinco
grados de desviación Oeste Este; por el norte la complicación es aún mayor pues
el canal natural del Casiquiare comunica el río Preto con el Orinoco, y por
tanto comunica al Amazonas con el mar Caribe; solamente la cuenca del Amazonas
ofrece tal originalidad.
Si bien el ramal Ucayali
Apurímac mide lo más largo de su corriente, es el ramal del Marañón lo que
define el caudal amazónico desde sus orígenes. Nace el Marañón más próximo
todavía al Pacífico que el Apurímac, en el nevado del Niñococha, a menos de 150
km. en línea recta al borde occidental de América, a 6. 500 m. de altitud;
hasta Iquitos, donde el río comienza a llamarse Amazonas —Solimôes en
territorio brasileño hasta Manaus—, el Marañón ha recorrido 1. 280 km. y
recogido por su vertiente izquierda las aguas de ríos tan importantes como el
Huallaga, de Perú, y Chinchipe, Santiago, Morona, Pastaza, Tigre y Napo, de
Ecuador; en todos ellos destilan los nevados de los Andes; el Pastaza y el Napo
ya son navegables con embarcaciones grandes (tan lejos de la desembocadura
atlántica) y tienen una longitud de unos setecientos kilómetros. El Napo es un
río que ha jugado un papel decisivo en la moderna historia de la Amazonía, ya
que por su lecho Francisco de Orellana llegó al Amazonas y la historia de la
Amazonía, como se llama hoy, comenzó con esta acción. Siguiendo por la
vertiente izquierda, llegan al Amazonas el Putumayo-ça de Ecuador, Colombia y
Brasil, el Caquetá–Japurá colombiano y brasileño, y el gran río Preto (Negro)
con su brazo Casiquiare al Orinoco; al río Preto va el río Branco con las aguas
de la vertiente sur del Macizo de las Guyanas, que se acerca al Amazonas a lo
largo de sus últimos mil kilómetros de manso fluir hacia el Atlántico. Por el
lado derecho, después del Ucayali, afluyen el Yavarí, Jutaí, Juaruá y Tefé,
hasta que lo hace el Purus cerca de Manaus.
Después es el Madeira, otro
gran padre amazónico, que viene desde los Andes por el río Madre de Dios y de
los altos llanos bolivianos por el Mamoré y San Miguel. El Tapajóz viene desde
el Matto Grosso, como el Xingu y el Tocantins; el último alcanza al Amazonas en
su propia desembocadura.
La red fluvial navegable
alcanza los 14.000 km., de los cuales cerca de 2.000 son aptos para buques
trasatlánticos de hasta 10.000 Tm. Su discurrir por el cinturón ecuatorial,
donde la lluvias tropicales son constantes, y sus dos vertientes en los dos
hemisferios Norte y Sur que alternan las estaciones climáticas, hace que el
caudal del Amazonas sea tan regular que solamente el flujo de las mareas lo
altere, en el tramo final –pororoca, en los últimos 500 km. del cauce–.
No quiere ello decir que a lo largo de los ríos amazónicos no existan
inundaciones, antes al contrario, éstas son consustanciales con las lluvias
torrenciales tropicales y con la falta de desniveles pronunciados.
Es la continuidad de la
llanura amazónica, junto con su inmensidad, lo que hace del Amazonas un río tan
caudaloso. Poco más de doscientos metros hay de desnivel en los últimos tres
mil kilómetros del recorrido; en todo este tramo el Amazonas es un alargado
embalse natural con las compuertas en Marajó. El pequeño declive por el que
fluye el río determina la incertidumbre y variación de su cauce pero también la
magnitud de su caudal. La masa de agua en movimiento en el último tercio de su
curso alcanza la velocidad de diez km. por hora. La descarga del Amazonas en el
Océano equivale al 15 por ciento del total de las aguas dulces del planeta que
van a parar a los océanos; de 200 á 220.000 metros cúbicos por segundo (estimación
hecha por J. E. Richey y otros científicos en 1989) es el caudal de agua que el
gran río vierte al mar; y los sedimentos que aporta al Atlántico alcanza la tan
ingente cifra de diez mil millones de toneladas por año, más cantidad de
aluvión de lo que toda la humanidad echaría si cada habitante lo hiciera a
razón de una tonelada por año. La cuenca amazónica contiene la mayor porción de
agua dulce que existe en el planeta.
ésta es la cuenca amazónica;
una gran extensión de tierra, en la parte más ancha de la América del Sur,
limitada al Oeste por la cadena de los Andes, surgidos en el Terciario, y por
dos enormes mesetas al Norte y al Sur. La historia geológica de esta cuenca
arranca en la historia de esta dos mesetas. Las tierras altas de los Llanos
colombiano venezolanos emergieron a lo largo del pleistoceno; el Macizo de las
Guayanas junto con el Matto Grosso y los altos Llanos de Bolivia en el
precámbrico; la parte baja de la cuenca, en aquella lejana época geológica, fue
un mar que durante milenios ha ido cegándose, poco a poco, por los aluviones de
los ríos.
El conjunto de sedimentos que
portan los ríos amazónicos sirve para clasificarlos y de ello provienen las
características fisicoquímicas y biológicas de sus aguas: blancos, negros y
claros o cristalinos. De las alturas de los Andes, los mayores aportadores de
sedimentos para la planicie amazónica, se desciende rápidamente al borde de los
bosques: frontera de la Amazonía, el gran bosque, según el concepto de los
naturales de la tierra. De aquí provienen los ríos blancos, turbios, cenagosos,
los que mayor cantidad de sedimentos contienen. A mitad de su recorrido el
Amazonas lleva, como media, una décima de gramo de sedimento seco por cada
litro de agua y un ph entre 6,5 y 7. Estas aguas son las más
ricas en nutrientes y en recursos hidrobiológicos. Las aguas de los ríos negros
son más ácidas, un ph por debajo de 4, y contienen menos sedimentos; su color
oscuro es dado por la presencia de ácidos producidos por la descomposición
incompleta de materia orgánica; estos ríos proceden de las mesetas norte y sur,
de los Llanos colombiano y venezolano y del Macizo guayanés, margen izquierda,
de los Llanos de Bolivia y el Matto Grosso en la margen derecha. Los ríos
negros, más sujetos al régimen de lluvias estacional, producen más
inundaciones, en los terrenos llamados igapós en Brasil. Los ríos claros
o cristalinos son los más pobres en sedimentos, con un índice ph variable de
unos a otros entre 4 y 7.
Hay miles de lagos naturales
y lagunas en la Amazonía, más o menos fijos de localización, además de los
temporales o igapós. Son originados por brazos de río cortado y la composición
de sus aguas viene determinada por el propio río. Por lo que se refiere a la
composición del suelo, la cuenca ofrece dos grandes diferencias: los suelos de
inundación y los de riego lluvioso. Los suelos que son frecuentemente inundados
son ricos en nutrientes depositados allí por el arrastre de las aguas; en
cambio el suelo de lluvia es constantemente lavado y su fertilidad es muy baja.
El 90% del suelo amazónico es deficitario en fósforo y el 73% presenta
toxicidad de aluminio. Por hacer una referencia instantánea a la discusión
actual sobre la riqueza y pobreza de estos suelos, hay que señalar de antemano
el punto de vista desde el cual se va a hacer tal calificación; es decir,
respecto a qué son pobres los suelos, con qué patrón de pobreza y para qué no
son ricos; normalmente tal calificación se hace con un sistema de valores que
es extraño a la Amazonía.
Salvo algunas precisiones,
los límites geográficos de la cuenca amazónica son también los límites de la
Amazonía. Para Bolivia y Perú la Amazonía representa el 75% del total de su
territorio. Para Ecuador y Brasil el 50% en los dos casos; en el protocolo de
Río de Janeiro de 1942 la mitad del territorio amazónico de Ecuador pasó al
dominio de Perú. En cuanto a La Guyana y Surinam, los dos países entran en el
dominio político de la Amazonía en virtud del Tratado de Cooperación Amazónica.
La importancia Política que la región tiene hoy día es de fechas recientes; en
éste, como en la mayoría de los casos, la gestión oficial va a remolque de las
exigencias y con un considerable retraso; ha sido la opinión pública mundial la
que ha despertado la conciencia amazónica de los políticos y los “castigos” que
los gobiernos foráneos les imponen a los regionales, por acusaciones públicas
—que casi siempre se hacen “viendo la paja en el ojo ajeno más que en el
propio”—; una acusación de malos tratos a los indios, publicada en cualquier
revista internacional, sobre todo si es de USA, puede acarrearle al país
“culpable” algún que otro recorte en los créditos financieros. A este peculiar
interés de ciertas potencias los países del área amazónica responden con la
creación de instituciones gubernamentales cuyo ejemplo más importante es el
TAC, organismo éste que se sobrepone a los numerosos litigios que estos países
tienen pendientes entre sí, en muchos casos, precisamente por razón de las
inseguras e indefinidas fronteras nacionales en el territorio de las selvas.
Otras instituciones no gubernamentales superponen objetivos y líneas de acción
creando confusión y conflictos entre sí, más que ayudando a la solución
verdadera de problemas, muchas veces en connivencia con la administración
Política incompetente o falta de recursos para hacer cumplir la ley; otras
veces, actuando de forma unilateral, chocan frontalmente con los intereses
justos de otras comunidades o grupos sociales. Así se han visto enfrentados los
indígenas con los madereros, los seringeiros, los garimpeiros,
etc. Por lo general, una falta de ordenamiento del territorio es terreno
abonado para la confusión, para contiendas locales trágicas y, como poco, para
el saqueo indiscriminado de recursos naturales.
Quizás sean las
organizaciones científicas las que demuestran una mayor coordinación, no sólo
las de carácter privado, cuya financiación impone una condición de efectividad,
sino otras gubernamentales, como la Asociación de Universidades Amazónicas, que
llevan adelantada ya una buena cosecha de investigación, documentación
sociológica, científica y divulgativa. La inestabilidad de las políticas
regionales produjo esa falta de continuidad en su actuación, la incertidumbre y
la variación de las prioridades, la aparición-desaparición de instituciones más
teóricas que reales.
Por lo que se refiere a las
diversas agencias internacionales que intentan demostrar su labor en pro de la
Amazonía, suelen tener un denominador común consistente en centrarse más en
aspectos globales de alta rentabilidad ecológica para países desarrollados,
desconociendo gran parte de la realidad amazónica y de las necesidades locales;
responden más al interés de sus poderosos patrocinadores que a prestar una
ayuda efectiva a la región; adolecen de falta de conexión entre su protagonismo
y el de los naturales de la selva; a veces, posiciones de boicot comercial se
desfiguran con pretextos de posturas ecologistas a simple vista encomiables.
Generalmente los gobiernos
con poder en la región, haciendo caso omiso a lecciones históricas, deciden su
apoyo únicamente a proyectos de gran colonización y desarrollo, prometedores de
gigantescas riquezas y que a pocos Años no han producido sino monstruosos
fracasos; de esa manera se han inhibido numerosas iniciativas más modestas, procedentes
de grupos de base, relacionadas con educación, investigación, salud,
tradiciones y costumbres locales que fueron siempre positivas para el entorno
de la selva, para su sano aprovechamiento y para la convivencia pacífica del
hombre con su medio ambiente y de los hombres entre sí.
Observada desde una cierta
altura, toda la Amazonía parece un inmenso manto verde de vegetación uniforme;
pero su realidad es asombrosamente heterogénea: bosques densos de tierra firme,
bosques abiertos con palmeras y sin palmeras, bosques de lianas, bosques
montañosos (por encima de los 600 m. s. n. m.) y bosques en terrenos inundados
(igapós); además algunas sabanas intra amazónicas, caatingas y
manglares. La selva se presenta compacta, interrumpida nada más por algunas superficies
descubiertas, más numerosas con la acción de los últimos Años en que se ha
pretendido crear zonas aptas para la ganadería con escasos resultados. De este
tipo, en el borde la selva se dan de forma natural las sabanas, con algunos
árboles, cuyo aprovechamiento ganadero y agrícola sí es positivo. Las campiñas,
más lejos de la selva, son pastizales de gran calidad ecológica y alto
rendimiento en hierba comestible para el ganado; su extensión y su producción
pueden hacer innecesario cualquier incursión agrícola en el territorio
selvático. La isla de Marajó y toda la región de la desembocadura es un ejemplo
de la riqueza que darían estos pastizales bien aprovechados. El estuario del
Amazonas tiene más de 400 km. de ancho. La isla de Marajó es tierra firme,
según todos los indicios e incluso restos arqueológicos encontrados en ella.
La caatinga, el
sertao,
limítrofe con la selva, es desértico, pero comparable a lo que puede resultar
de la desertización amazónica; su transformación para la agricultura, con
modernas técnicas, no es más costosa, a la larga, que la transformación de la
selva exuberante.
Los igapós, formados por las
crecidas de los ríos que descienden de las mesetas norte y sur, se extienden
según el nivel de las aguas. Estos ríos conforman la afluencia del Amazonas en
el último tercio de su curso, y es aquí donde los igapós tienen la mayor
importancia. Desde Manaus a Obidos el nivel de las aguas tiene variaciones de
ocho o nueve metros y la anchura del cauce puede variar de uno a tres km. por
cada margen; ello supone inundar varios miles de km. cuadrados. Las
confluencias del Madeira, Tapajóz, Xingu, y Tocantins con el Amazonas forman
otros grandes estuarios, varzeas, manglares.
Cauce arriba, en el tramo
medio del Amazonas, el Japurá es el ejemplo más original de confluencia
titubeante; a lo largo de más de doscientos km. los dos ríos marchan paralelos,
tendiéndose brazos uno a otro, formando innumerables islas características en
todo el paisaje fluvial amazónico.
Si es la geología lo que delimita
la cuenca amazónica y la Amazonía, lo que la define es su principal
característica: su riqueza y su diversidad biológica. Constituye el bosque
tropical más extenso que existe en la Tierra. Su flora y su fauna suman más de
la mitad del total de la masa viva que poseemos en nuestro mundo. Por estar en
la línea equinoccial, su régimen de temperaturas es alto y constante, oscilando
entre los 24 y 28 1C para cada día de todo el año; no hay estaciones
climatológicas en la mayor parte de la región; únicamente se da un cambio
brusco de temperatura entre el día y la noche, alrededor de 8 1C. En las
proximidades de Manaus el aporte de energía solar varía entre 885 calorías
diarias por cm. cuadrado en el mes de enero y 767 en junio; una parte de este
calor es consumido en calentar el aire y la otra parte de energía es consumida
por el fenómeno de la evapotranspiración. Este calor solar que llega a la zona,
unido a la forma geográfica de gran planicie y a su proximidad al Océano,
configuran una región climática peculiar llamada pluvisilva, con una alta
humedad relativa y alta temperatura, y produce el ciclo constante de saturación
de humedad ambiental y lluvia: cada día se satura de humedad el aire y cada
noche, al descender la temperatura, el agua se precipita al suelo; por el día
calor húmedo, por la noche lluvia. La cantidad de lluvia por año va de 1. 500
mm a 3.000 y 4.000 en la Amazonía; llegando a 8.000 mm en las proximidades de
las estribaciones andinas. La constancia térmica y de humedad son la
circunstancia más favorable que puede darse para el desarrollo de la vida; la
actividad biológica no tiene límites. Es la cobertura forestal de la cuenca lo
que mantiene este balance hídrico biológico. El cincuenta y pico por ciento del
agua de lluvia retorna a la atmósfera por la evaporación y por la transpiración
que tiene lugar en las copas de los árboles, el otro porcentaje es el Amazonas
quien se lo lleva al Atlántico; pero otra gran cantidad de vapor de agua llega
a su vez del Océano, al no encontrar barreras físicas para inundar el cielo de
la gran llanura. Cálculos aproximados hacen ver que la Amazonía recibe al año
la astronómica cifra de 15 x 10 elevado a 12 toneladas de agua por año.
Llegamos al motivo principal
de fascinación que ejerce todo el contexto amazónico. su biodiversidad. Quizás
sea la labor más seria de todas la llevadas a cabo en la región, los trabajos
científicos y la divulgación de sus resultados, lo que ha puesto de moda esta
cualidad y la ha convertido en el máximo atractivo. Desde hace siglos se
explotan y comercializan muchos de los diversos productos de esta selva, pero
es hoy cuando aparecen más exóticos que nunca; bien es cierto que esa
explotación y utilización no ha sido sistemática ni constante, y ha obedecido
sobre todo a circunstanciales especulaciones comerciales, cuyo más importante
ejemplo lo constituye la explotación del caucho. El fenómeno en boga es un
“redescubrimiento” de esos productos o del valor de esos productos, máxime
teniendo en cuenta que los indígenas comenzaron a hacer uso de ellos hace
muchos siglos. Hoy se vende “biodiversidad” de selva tropical; poner ese
calificativo a un producto es un poderoso reclamo comercial.
La yuca, la palta, la papaya,
el cacao, variedades de nueces, el árbol de la canela, del caucho, de la quina,
variedades de plantas ornamentales, medicinales y de árboles maderables, y un
largo etcétera de productos amazónicos eran conocidos ya en todo el mundo antes
de ahora; alguno de estos productos fueron transplantados a otros lugares, en
semillas –la hevea brasiliensis, el árbol del caucho, llevado a
el Asia tropical, dio al traste con la industria del caucho en la Amazonía,
pero demostró también, en contrapartida, que explotar los recursos amazónicos
no significa necesariamente esquilmar la Amazonía–. Este transplante de
vegetales fue el hecho precursor del hoy poderoso “mercado verde”. Millonarios
negocios de comercialización de productos de biodiversidad están aflorando
ahora, y no todos pero sí muchos, lo hacen a costa de una extracción dañina para
la selva y sin reportar apenas beneficios para la selva ni para sus pobladores
naturales; por lo general son proveedores de sofisticadas tecnologías de
empresas muy lejanas a la Amazonía. La Fundación Brasileña de Plantas
Medicinales cifra en 43.000 millones de dólares anuales el volumen de
facturación de estos productos.
De entrada, hay que poner
atención en el valor incalculable que puede tener este patrimonio genético
contenido en este ecosistema.
1. La fama de la
biodiversidad amazónica se corresponde bien a la realidad; más incluso, la
supera. A pesar de la falta de más evaluación científica, se cree que la masa
viva de la selva amazónica está compuesta por un número de especies diferentes
entre 800.000 y 5.000.000; representando, en ese caso, entre el 15 y el 30 por
ciento del total de las especies encontradas en la biosfera (H. O. R. Scubart,
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Manaus, 1989). De las
250.000 especies de plantas mayores catalogadas, unas 90.000 se encuentran en
las selvas tropicales de América, 30.000 en las de África y 35.000 en las de
Asia.
2. En 0,2 has. de tierra de
las inmediaciones de Manaus se encuentran 505 especies diferentes de árboles
que miden más de 2,5 m. de altura. En el río Amazonas viven más de 2.000 especies
diversas de peces; ocho veces más de la diversidad que presenta el Mississippi
y diez veces superior a la de todos los ríos de Europa juntos.
3. En Yanamono, cerca de
Iquitos, se han censado en una hectárea de tierra 300 especies de árboles que a
1,5 m. del suelo tienen un grosor de 10 cm., es decir árboles de cierta
envergadura. Más de 200 frutas diversas son cosechados en los bosques cercanos
y consumidos por los naturales de esta región.
4. El mayor censo de anfibios
se ha realizado en Santa Cecilia, Ecuador.
5. El de mamíferos en Balta,
alto Purús, en Perú.
6. El de aves y mariposas en
Tambopata, Perú.
7. Y el de reptiles también
en Perú, en los alrededores de Iquitos.[xlvii]
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