América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

5.2 La cuenca del Amazonas

 

Este río que desemboca en el Océano Atlántico por la mismísima línea del Ecuador, en el punto concreto y exacto de la división Norte Sur, empieza a tomar aguas de los nevados de los Andes, allá en la cordillera de Chilca, que es la fuente del Apurímac, que luego es Ucayali, luego Marañón y luego Amazonas; nada más que a doscientos km. de distancia en línea recta al Pacífico tiene este río su nacimiento, para recorrer después, de Oeste a Este, los 6.200 km. que mide su espina dorsal hasta la desembocadura. Su cuenca de siete millones y medio de km. cuadrados se extiende por los territorios de Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana y Surinam. Limita al Oeste, su nacimiento, con las estribaciones de los Andes en Perú y Ecuador; al Este con el Atlántico; al Norte los Llanos del Orinoco y el Macizo de las Guayanas; al Sur con los altos llanos bolivianos y el Mato Grosso y Sierra Roncador, de Brasil, que van perdiendo altura por el borde mismo de la cuenca hasta el estuario del gran río en la desembocadura. Un millar de afluentes mayores configuran una red fluvial harto complicada, porque se aloja en una extensísima llanura y porque recoge aguas de los dos hemisferios; en el sur, confunde sus orígenes con los del Paraná y Paraguay en las fuentes del Tocantins, que traslada sus aguas en un sentido casi vertical dirección Sur Norte, de los 18 a los cero grados de latitud y con apenas cinco grados de desviación Oeste Este; por el norte la complicación es aún mayor pues el canal natural del Casiquiare comunica el río Preto con el Orinoco, y por tanto comunica al Amazonas con el mar Caribe; solamente la cuenca del Amazonas ofrece tal originalidad.

Si bien el ramal Ucayali Apurímac mide lo más largo de su corriente, es el ramal del Marañón lo que define el caudal amazónico desde sus orígenes. Nace el Marañón más próximo todavía al Pacífico que el Apurímac, en el nevado del Niñococha, a menos de 150 km. en línea recta al borde occidental de América, a 6. 500 m. de altitud; hasta Iquitos, donde el río comienza a llamarse Amazonas —Solimôes en territorio brasileño hasta Manaus—, el Marañón ha recorrido 1. 280 km. y recogido por su vertiente izquierda las aguas de ríos tan importantes como el Huallaga, de Perú, y Chinchipe, Santiago, Morona, Pastaza, Tigre y Napo, de Ecuador; en todos ellos destilan los nevados de los Andes; el Pastaza y el Napo ya son navegables con embarcaciones grandes (tan lejos de la desembocadura atlántica) y tienen una longitud de unos setecientos kilómetros. El Napo es un río que ha jugado un papel decisivo en la moderna historia de la Amazonía, ya que por su lecho Francisco de Orellana llegó al Amazonas y la historia de la Amazonía, como se llama hoy, comenzó con esta acción. Siguiendo por la vertiente izquierda, llegan al Amazonas el Putumayo-ça de Ecuador, Colombia y Brasil, el Caquetá–Japurá colombiano y brasileño, y el gran río Preto (Negro) con su brazo Casiquiare al Orinoco; al río Preto va el río Branco con las aguas de la vertiente sur del Macizo de las Guyanas, que se acerca al Amazonas a lo largo de sus últimos mil kilómetros de manso fluir hacia el Atlántico. Por el lado derecho, después del Ucayali, afluyen el Yavarí, Jutaí, Juaruá y Tefé, hasta que lo hace el Purus cerca de Manaus.

Después es el Madeira, otro gran padre amazónico, que viene desde los Andes por el río Madre de Dios y de los altos llanos bolivianos por el Mamoré y San Miguel. El Tapajóz viene desde el Matto Grosso, como el Xingu y el Tocantins; el último alcanza al Amazonas en su propia desembocadura.

La red fluvial navegable alcanza los 14.000 km., de los cuales cerca de 2.000 son aptos para buques trasatlánticos de hasta 10.000 Tm. Su discurrir por el cinturón ecuatorial, donde la lluvias tropicales son constantes, y sus dos vertientes en los dos hemisferios Norte y Sur que alternan las estaciones climáticas, hace que el caudal del Amazonas sea tan regular que solamente el flujo de las mareas lo altere, en el tramo final –pororoca, en los últimos 500 km. del cauce–. No quiere ello decir que a lo largo de los ríos amazónicos no existan inundaciones, antes al contrario, éstas son consustanciales con las lluvias torrenciales tropicales y con la falta de desniveles pronunciados.

Es la continuidad de la llanura amazónica, junto con su inmensidad, lo que hace del Amazonas un río tan caudaloso. Poco más de doscientos metros hay de desnivel en los últimos tres mil kilómetros del recorrido; en todo este tramo el Amazonas es un alargado embalse natural con las compuertas en Marajó. El pequeño declive por el que fluye el río determina la incertidumbre y variación de su cauce pero también la magnitud de su caudal. La masa de agua en movimiento en el último tercio de su curso alcanza la velocidad de diez km. por hora. La descarga del Amazonas en el Océano equivale al 15 por ciento del total de las aguas dulces del planeta que van a parar a los océanos; de 200 á 220.000 metros cúbicos por segundo (estimación hecha por J. E. Richey y otros científicos en 1989) es el caudal de agua que el gran río vierte al mar; y los sedimentos que aporta al Atlántico alcanza la tan ingente cifra de diez mil millones de toneladas por año, más cantidad de aluvión de lo que toda la humanidad echaría si cada habitante lo hiciera a razón de una tonelada por año. La cuenca amazónica contiene la mayor porción de agua dulce que existe en el planeta.

ésta es la cuenca amazónica; una gran extensión de tierra, en la parte más ancha de la América del Sur, limitada al Oeste por la cadena de los Andes, surgidos en el Terciario, y por dos enormes mesetas al Norte y al Sur. La historia geológica de esta cuenca arranca en la historia de esta dos mesetas. Las tierras altas de los Llanos colombiano venezolanos emergieron a lo largo del pleistoceno; el Macizo de las Guayanas junto con el Matto Grosso y los altos Llanos de Bolivia en el precámbrico; la parte baja de la cuenca, en aquella lejana época geológica, fue un mar que durante milenios ha ido cegándose, poco a poco, por los aluviones de los ríos.

El conjunto de sedimentos que portan los ríos amazónicos sirve para clasificarlos y de ello provienen las características fisicoquímicas y biológicas de sus aguas: blancos, negros y claros o cristalinos. De las alturas de los Andes, los mayores aportadores de sedimentos para la planicie amazónica, se desciende rápidamente al borde de los bosques: frontera de la Amazonía, el gran bosque, según el concepto de los naturales de la tierra. De aquí provienen los ríos blancos, turbios, cenagosos, los que mayor cantidad de sedimentos contienen. A mitad de su recorrido el Amazonas lleva, como media, una décima de gramo de sedimento seco por cada litro de agua y un ph entre 6,5 y 7. Estas aguas son las más ricas en nutrientes y en recursos hidrobiológicos. Las aguas de los ríos negros son más ácidas, un ph por debajo de 4, y contienen menos sedimentos; su color oscuro es dado por la presencia de ácidos producidos por la descomposición incompleta de materia orgánica; estos ríos proceden de las mesetas norte y sur, de los Llanos colombiano y venezolano y del Macizo guayanés, margen izquierda, de los Llanos de Bolivia y el Matto Grosso en la margen derecha. Los ríos negros, más sujetos al régimen de lluvias estacional, producen más inundaciones, en los terrenos llamados igapós en Brasil. Los ríos claros o cristalinos son los más pobres en sedimentos, con un índice ph variable de unos a otros entre 4 y 7.

Hay miles de lagos naturales y lagunas en la Amazonía, más o menos fijos de localización, además de los temporales o igapós. Son originados por brazos de río cortado y la composición de sus aguas viene determinada por el propio río. Por lo que se refiere a la composición del suelo, la cuenca ofrece dos grandes diferencias: los suelos de inundación y los de riego lluvioso. Los suelos que son frecuentemente inundados son ricos en nutrientes depositados allí por el arrastre de las aguas; en cambio el suelo de lluvia es constantemente lavado y su fertilidad es muy baja. El 90% del suelo amazónico es deficitario en fósforo y el 73% presenta toxicidad de aluminio. Por hacer una referencia instantánea a la discusión actual sobre la riqueza y pobreza de estos suelos, hay que señalar de antemano el punto de vista desde el cual se va a hacer tal calificación; es decir, respecto a qué son pobres los suelos, con qué patrón de pobreza y para qué no son ricos; normalmente tal calificación se hace con un sistema de valores que es extraño a la Amazonía.

Salvo algunas precisiones, los límites geográficos de la cuenca amazónica son también los límites de la Amazonía. Para Bolivia y Perú la Amazonía representa el 75% del total de su territorio. Para Ecuador y Brasil el 50% en los dos casos; en el protocolo de Río de Janeiro de 1942 la mitad del territorio amazónico de Ecuador pasó al dominio de Perú. En cuanto a La Guyana y Surinam, los dos países entran en el dominio político de la Amazonía en virtud del Tratado de Cooperación Amazónica. La importancia Política que la región tiene hoy día es de fechas recientes; en éste, como en la mayoría de los casos, la gestión oficial va a remolque de las exigencias y con un considerable retraso; ha sido la opinión pública mundial la que ha despertado la conciencia amazónica de los políticos y los “castigos” que los gobiernos foráneos les imponen a los regionales, por acusaciones públicas —que casi siempre se hacen “viendo la paja en el ojo ajeno más que en el propio”—; una acusación de malos tratos a los indios, publicada en cualquier revista internacional, sobre todo si es de USA, puede acarrearle al país “culpable” algún que otro recorte en los créditos financieros. A este peculiar interés de ciertas potencias los países del área amazónica responden con la creación de instituciones gubernamentales cuyo ejemplo más importante es el TAC, organismo éste que se sobrepone a los numerosos litigios que estos países tienen pendientes entre sí, en muchos casos, precisamente por razón de las inseguras e indefinidas fronteras nacionales en el territorio de las selvas. Otras instituciones no gubernamentales superponen objetivos y líneas de acción creando confusión y conflictos entre sí, más que ayudando a la solución verdadera de problemas, muchas veces en connivencia con la administración Política incompetente o falta de recursos para hacer cumplir la ley; otras veces, actuando de forma unilateral, chocan frontalmente con los intereses justos de otras comunidades o grupos sociales. Así se han visto enfrentados los indígenas con los madereros, los seringeiros, los garimpeiros, etc. Por lo general, una falta de ordenamiento del territorio es terreno abonado para la confusión, para contiendas locales trágicas y, como poco, para el saqueo indiscriminado de recursos naturales.

Quizás sean las organizaciones científicas las que demuestran una mayor coordinación, no sólo las de carácter privado, cuya financiación impone una condición de efectividad, sino otras gubernamentales, como la Asociación de Universidades Amazónicas, que llevan adelantada ya una buena cosecha de investigación, documentación sociológica, científica y divulgativa. La inestabilidad de las políticas regionales produjo esa falta de continuidad en su actuación, la incertidumbre y la variación de las prioridades, la aparición-desaparición de instituciones más teóricas que reales.

Por lo que se refiere a las diversas agencias internacionales que intentan demostrar su labor en pro de la Amazonía, suelen tener un denominador común consistente en centrarse más en aspectos globales de alta rentabilidad ecológica para países desarrollados, desconociendo gran parte de la realidad amazónica y de las necesidades locales; responden más al interés de sus poderosos patrocinadores que a prestar una ayuda efectiva a la región; adolecen de falta de conexión entre su protagonismo y el de los naturales de la selva; a veces, posiciones de boicot comercial se desfiguran con pretextos de posturas ecologistas a simple vista encomiables.

Generalmente los gobiernos con poder en la región, haciendo caso omiso a lecciones históricas, deciden su apoyo únicamente a proyectos de gran colonización y desarrollo, prometedores de gigantescas riquezas y que a pocos Años no han producido sino monstruosos fracasos; de esa manera se han inhibido numerosas iniciativas más modestas, procedentes de grupos de base, relacionadas con educación, investigación, salud, tradiciones y costumbres locales que fueron siempre positivas para el entorno de la selva, para su sano aprovechamiento y para la convivencia pacífica del hombre con su medio ambiente y de los hombres entre sí.

Observada desde una cierta altura, toda la Amazonía parece un inmenso manto verde de vegetación uniforme; pero su realidad es asombrosamente heterogénea: bosques densos de tierra firme, bosques abiertos con palmeras y sin palmeras, bosques de lianas, bosques montañosos (por encima de los 600 m. s. n. m.) y bosques en terrenos inundados (igapós); además algunas sabanas intra amazónicas, caatingas y manglares. La selva se presenta compacta, interrumpida nada más por algunas superficies descubiertas, más numerosas con la acción de los últimos Años en que se ha pretendido crear zonas aptas para la ganadería con escasos resultados. De este tipo, en el borde la selva se dan de forma natural las sabanas, con algunos árboles, cuyo aprovechamiento ganadero y agrícola sí es positivo. Las campiñas, más lejos de la selva, son pastizales de gran calidad ecológica y alto rendimiento en hierba comestible para el ganado; su extensión y su producción pueden hacer innecesario cualquier incursión agrícola en el territorio selvático. La isla de Marajó y toda la región de la desembocadura es un ejemplo de la riqueza que darían estos pastizales bien aprovechados. El estuario del Amazonas tiene más de 400 km. de ancho. La isla de Marajó es tierra firme, según todos los indicios e incluso restos arqueológicos encontrados en ella.

La caatinga, el sertao, limítrofe con la selva, es desértico, pero comparable a lo que puede resultar de la desertización amazónica; su transformación para la agricultura, con modernas técnicas, no es más costosa, a la larga, que la transformación de la selva exuberante.

Los igapós, formados por las crecidas de los ríos que descienden de las mesetas norte y sur, se extienden según el nivel de las aguas. Estos ríos conforman la afluencia del Amazonas en el último tercio de su curso, y es aquí donde los igapós tienen la mayor importancia. Desde Manaus a Obidos el nivel de las aguas tiene variaciones de ocho o nueve metros y la anchura del cauce puede variar de uno a tres km. por cada margen; ello supone inundar varios miles de km. cuadrados. Las confluencias del Madeira, Tapajóz, Xingu, y Tocantins con el Amazonas forman otros grandes estuarios, varzeas, manglares.

Cauce arriba, en el tramo medio del Amazonas, el Japurá es el ejemplo más original de confluencia titubeante; a lo largo de más de doscientos km. los dos ríos marchan paralelos, tendiéndose brazos uno a otro, formando innumerables islas características en todo el paisaje fluvial amazónico.

Si es la geología lo que delimita la cuenca amazónica y la Amazonía, lo que la define es su principal característica: su riqueza y su diversidad biológica. Constituye el bosque tropical más extenso que existe en la Tierra. Su flora y su fauna suman más de la mitad del total de la masa viva que poseemos en nuestro mundo. Por estar en la línea equinoccial, su régimen de temperaturas es alto y constante, oscilando entre los 24 y 28 1C para cada día de todo el año; no hay estaciones climatológicas en la mayor parte de la región; únicamente se da un cambio brusco de temperatura entre el día y la noche, alrededor de 8 1C. En las proximidades de Manaus el aporte de energía solar varía entre 885 calorías diarias por cm. cuadrado en el mes de enero y 767 en junio; una parte de este calor es consumido en calentar el aire y la otra parte de energía es consumida por el fenómeno de la evapotranspiración. Este calor solar que llega a la zona, unido a la forma geográfica de gran planicie y a su proximidad al Océano, configuran una región climática peculiar llamada pluvisilva, con una alta humedad relativa y alta temperatura, y produce el ciclo constante de saturación de humedad ambiental y lluvia: cada día se satura de humedad el aire y cada noche, al descender la temperatura, el agua se precipita al suelo; por el día calor húmedo, por la noche lluvia. La cantidad de lluvia por año va de 1. 500 mm a 3.000 y 4.000 en la Amazonía; llegando a 8.000 mm en las proximidades de las estribaciones andinas. La constancia térmica y de humedad son la circunstancia más favorable que puede darse para el desarrollo de la vida; la actividad biológica no tiene límites. Es la cobertura forestal de la cuenca lo que mantiene este balance hídrico biológico. El cincuenta y pico por ciento del agua de lluvia retorna a la atmósfera por la evaporación y por la transpiración que tiene lugar en las copas de los árboles, el otro porcentaje es el Amazonas quien se lo lleva al Atlántico; pero otra gran cantidad de vapor de agua llega a su vez del Océano, al no encontrar barreras físicas para inundar el cielo de la gran llanura. Cálculos aproximados hacen ver que la Amazonía recibe al año la astronómica cifra de 15 x 10 elevado a 12 toneladas de agua por año.

Llegamos al motivo principal de fascinación que ejerce todo el contexto amazónico. su biodiversidad. Quizás sea la labor más seria de todas la llevadas a cabo en la región, los trabajos científicos y la divulgación de sus resultados, lo que ha puesto de moda esta cualidad y la ha convertido en el máximo atractivo. Desde hace siglos se explotan y comercializan muchos de los diversos productos de esta selva, pero es hoy cuando aparecen más exóticos que nunca; bien es cierto que esa explotación y utilización no ha sido sistemática ni constante, y ha obedecido sobre todo a circunstanciales especulaciones comerciales, cuyo más importante ejemplo lo constituye la explotación del caucho. El fenómeno en boga es un “redescubrimiento” de esos productos o del valor de esos productos, máxime teniendo en cuenta que los indígenas comenzaron a hacer uso de ellos hace muchos siglos. Hoy se vende “biodiversidad” de selva tropical; poner ese calificativo a un producto es un poderoso reclamo comercial.

La yuca, la palta, la papaya, el cacao, variedades de nueces, el árbol de la canela, del caucho, de la quina, variedades de plantas ornamentales, medicinales y de árboles maderables, y un largo etcétera de productos amazónicos eran conocidos ya en todo el mundo antes de ahora; alguno de estos productos fueron transplantados a otros lugares, en semillas –la hevea brasiliensis, el árbol del caucho, llevado a el Asia tropical, dio al traste con la industria del caucho en la Amazonía, pero demostró también, en contrapartida, que explotar los recursos amazónicos no significa necesariamente esquilmar la Amazonía–. Este transplante de vegetales fue el hecho precursor del hoy poderoso “mercado verde”. Millonarios negocios de comercialización de productos de biodiversidad están aflorando ahora, y no todos pero sí muchos, lo hacen a costa de una extracción dañina para la selva y sin reportar apenas beneficios para la selva ni para sus pobladores naturales; por lo general son proveedores de sofisticadas tecnologías de empresas muy lejanas a la Amazonía. La Fundación Brasileña de Plantas Medicinales cifra en 43.000 millones de dólares anuales el volumen de facturación de estos productos.

De entrada, hay que poner atención en el valor incalculable que puede tener este patrimonio genético contenido en este ecosistema.

1. La fama de la biodiversidad amazónica se corresponde bien a la realidad; más incluso, la supera. A pesar de la falta de más evaluación científica, se cree que la masa viva de la selva amazónica está compuesta por un número de especies diferentes entre 800.000 y 5.000.000; representando, en ese caso, entre el 15 y el 30 por ciento del total de las especies encontradas en la biosfera (H. O. R. Scubart, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Manaus, 1989). De las 250.000 especies de plantas mayores catalogadas, unas 90.000 se encuentran en las selvas tropicales de América, 30.000 en las de África y 35.000 en las de Asia.

2. En 0,2 has. de tierra de las inmediaciones de Manaus se encuentran 505 especies diferentes de árboles que miden más de 2,5 m. de altura. En el río Amazonas viven más de 2.000 especies diversas de peces; ocho veces más de la diversidad que presenta el Mississippi y diez veces superior a la de todos los ríos de Europa juntos.

3. En Yanamono, cerca de Iquitos, se han censado en una hectárea de tierra 300 especies de árboles que a 1,5 m. del suelo tienen un grosor de 10 cm., es decir árboles de cierta envergadura. Más de 200 frutas diversas son cosechados en los bosques cercanos y consumidos por los naturales de esta región.

4. El mayor censo de anfibios se ha realizado en Santa Cecilia, Ecuador.

5. El de mamíferos en Balta, alto Purús, en Perú.

6. El de aves y mariposas en Tambopata, Perú.

7. Y el de reptiles también en Perú, en los alrededores de Iquitos.[xlvii]

 

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