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5.3 Los recursos medioambientales
El gran ecosistema amazónico produce un
multiplicidad de bienes de los cuales la producción vegetal, animal y mineral,
e incluso la producción hidroeléctrica, es susceptible de cuantificar en
términos económicos y por consecuencia comercializar; de ello se tratará más
adelante. Pero hay otros bienes, de naturaleza más abstracta, para los que no
existe mercado y que sin embargo tienen características que por varias razones
habrá que tener en cuenta:
Constituyen una verdadera riqueza
ecológica.
Inciden poderosamente en el ecosistema
mundial.
Su mantenimiento o su preservación
representan una factura de costos económicos.
Por un afán de
protagonismo o por una serie de verdaderos intereses científicos, se ha
iniciado una Política internacional para esa región del planeta que es el
continente antártico; se trata de una empresa que, cualesquiera hayan sido los
motivos de su inicio, es mucho más que banal. resultados de gran alcance no se
han hecho esperar. Ahora cabe preguntarse por qué no pueden organizarse
empresas similares para otras zonas del planeta, como, por ejemplo, para el
gran cinturón de la Tierra comprendido entre los trópicos de Cáncer y
Capricornio. Esta parte del mundo debe ser analizada con particular perspectiva
por sus interrelaciones globales. Los trópicos, como la Amazonía que forma
parte de ellos, tienen entre sí características comunes y por ello la Política
de preservación podría generalizarse en su mayor parte. La contribución de los
trópicos al efecto invernadero o calentamiento de la atmósfera es menor que en
el resto de cada hemisferio, donde se asientan los países más desarrollados de
la Tierra; sin embargo, su contribución a una solución del mismo puede ser
clave para el futuro de la humanidad.
Los países
desarrollados son los causantes de la emisión del 73 % de los gases que
producen el efecto invernadero, mientras que la agricultura y la deforestación
son responsables del otro 27 %. La deforestación ha venido produciéndose en
otras regiones tropicales mucho antes que en la Amazonía. Por lo general se ve,
sin embargo, que los países ricos consideran más barato y prioritario impedir
la deforestación en los trópicos y particularmente en la Amazonía que limitar,
siquiera paulatina y porcentualmente, la emisión de CO2 que sus industrias
realizan a la atmósfera:
Por cada Tm de CO2 emitida a la atmósfera en la industria de USA, reducirla a la mitad cuesta 130 dólares. Por esa misma reducción en el tráfico de vehículos a motor cuesta 10 dólares. Por esa misma reducción en la quema de bosque amazónico, evitándola o reforestando lo quemado, el coste es de 2 á 15 dólares.
La Amazonía es una enorme
reserva de carbono, fijado en su masa vegetal, que si se destruyera causaría
una catástrofe mundial; además, descontar una tan gran superficie de la fijación
de carbono y fabricación de oxígeno desequilibraría el proceso natural en
proporciones incalculables. Por esta razón debiera acometerse una labor urgente
para la reforestación de las regiones tropicales que han perdido su masa
vegetal, con menor coste del que supondría hacerlo en las zonas templadas y con
más rápido efecto por el más intenso crecimiento dentro del trópico. Las
caatingas brasileñas, bien próximas a la Amazonía, serían buenos candidatos a
esta labor, que produciría, por añadidura, un empleo abundante y una copiosa
producción alimenticia.
Otro de los recursos no
estrictamente comerciales, pero de considerable valor, es la cantidad de agua
dulce que la Amazonía mantiene circulando constantemente por el medio ambiente,
por el océano, la atmósfera y la tierra. Si bien los mares evaporan más
cantidad total de agua que los bosques, si estos quedaran fuera del ciclo que
el ozono, vapor de agua y agua misma siguen en el planeta, este ciclo sería muy
incompleto, rompiendo incluso la composición del agua marina, modificando su
fauna y modificando sobre todo la climatología costera de los continentes. La
interrelación de distintas regiones de la tierra son demostradas con fenómenos
extremos como éste: 200 millones de toneladas de polvo son levantados cada año
de los desiertos de África y llevados a otras zonas del planeta; 12 millones de
toneladas de ese polvo van a parar a la Amazonía; ello beneficia no solamente a
la limpieza de la atmósfera sino que la gran cantidad de fosfatos que ese polvo
contiene supone una fertilización de gran peso en el suelo amazónico. Extraños
mecanismos que la sabia Naturaleza sabe utilizar provechosamente.
El último voluminoso recurso medioambiental de la
Amazonía, como de los otros bosques tropicales, consiste en la diversidad de
ecosistemas que encierra, únicos de estas latitudes tropicales, además de sus
bosques, las sabanas, lagos, ríos, manglares, pantanos, arrecifes coralinos,
etc. Por citar uno de los países mejor censados en su contenido biológico,
Perú, posee 84 de las 104 zonas de vida clasificadas en el planeta. Los
trópicos albergan de forma natural gran cantidad de germoplasma de plantas que
han pasado al entorno doméstico del hombre, al régimen agrícola, al cultivo en
regiones muy apartadas de su lugar original: La papa, el maíz, el arroz, la
soja, el tomate, la caña de azúcar, el maní, la batata, muchas de las
legumbres,... ¿Se sabe bien que son de origen tropical, aunque ahora se
cultiven en Rusia, en Alemania, en el medio oeste de Estados Unidos o en Canadá?
En zonas tropicales de Sudamérica, extraselváticas, como los Andes, hay al
menos dos centenares de plantas que fueron domésticas para los incas y que se
están perdiendo, porque han dejado de utilizarse; hoy prácticamente se
desconocen. El tesoro genético que le corresponde a la biomasa amazónica está
tan lejos de conocerse como puede estarlo el espacio interestelar o las
mismísimas entrañas de la Tierra. ¿Nos damos cuenta de que tantas especies
cultivadas en el mundo tienen guardado su código genético original en esa selva
tropical? ¿Sabemos cuánto necesitaremos de ello en el futuro para regenerar
nuestra agricultura de consumo? ¿Sabemos cuántas especies desconocidas existen,
que, exportadas, como hemos exportado otras, pueden añadir no más riqueza sino
nueva y original producción alimenticia para la humanidad que va a poblar el
mundo futuro? La agricultura, la química, la bioquímica, la farmacología, la
medicina, la microbiología,... las ciencias de la vida, en general, en un
futuro próximo, jugarán un papel decisivo en la humanidad; para ello
necesitarán la reserva biológica que ahora existe en la Amazonía y en todas las
regiones de los trópicos. Todo esto es incalculable y ante ello no cabe otra
postura más que la tajante decisión de conservarlo, con prioridad y sin ninguna
excepción.
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