América Suya

Encuadernación lujo 236 p.

©  Darío Herreros, 1992
©  Edym, España, 1992

ISBN 84-604-39389-5

 

INDICE DEL LIBRO

La América Suya

Introducción

El periodismo de bloque

Los insurgentes

Lo maravilloso de verdad

El amor

Morir y no morir

Espacio y tiempo americanos

Al amor de Vallejo

La Iglesia de la justicia social

Los curas en la lucha

Fray Bartolomé de Las Casas y los curas contestatarios

El Nuevo Mundo del Concilio Vaticano II

La implicación política

El final de una dictadura

En recuerdo del padre Llanos

Las dictaduras y las democracias

Un documento de García Márquez

Repaso a la historia

Casuística de la dictadura

Fotografiar al fantasma

La dictadura del dinero

La cuestión indígena

Tempestad en Los Andes

Ecuador como ejemplo del movimiento indígena organizado

Etnografía indígena actual del Ecuador

El primer levantamiento indígena con organización política propia

El estado actual de la cuestión indígena

La Amazonía deseada

ECO'92

La cuenca del Amazonas

Los recursos medioambientales

Los pueblos de la Amazonía

Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

Inmigrantes circunstanciales de la Amazonía

La antigua historia y el futuro posible y deseable

5.5 Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico

 

El Indígena Matapi, del Parque Nacional Miriti-Paraná-Amazonas, Colombia, relata así la historia de la relación suya y de sus antepasados con los blancos.

Hace tiempo vivíamos sin saber nada del hombre blanco. No sabíamos hablar español. Luego fueron llegando los primeros blancos, los primeros comerciantes, y los primeros indígenas que aprendieron español fueron los guías de esos blancos. Muchos de ellos nos favorecieron llevando a los blancos a donde no estábamos o hablando por nosotros para que no nos mataran. Otros, en cambio, se hicieron capataces para esos blancos, y fuimos volviéndonos esclavos. Llegó la Época de las grandes caucherías: No respetaban a los indígenas, no respetaban a nuestras mujeres; nos asesinaron. después, los viejos mismos entregaban a sus hijos. Fue llegando la mercancía, la ropa y, por último, el dinero. Murieron los viejos caucheros. Los capataces indígenas empezaron a traer ellos la mercancía. Llegaron nuevos comerciantes y los capataces, junto con otros indígenas que ya habían aprendido del blanco, se hicieron capataces de los nuevos comerciantes.

Después, hace cincuenta años, llegó el cura. Se construyeron los internados; nosotros mismos trabajamos para construirlos. Los curas nos obligaron a llevar a ellos nuestros hijos para enseñarles y allí se tenían que quedar casi todo el año. Los hijos no estaban con su familia, no aprendían con su papá, no trabajaban con su mamá. Se prohibieron los bailes. En el internado se golpeaba a los niños, se humillaba a nuestros hijos si no se conducían como les estaba enseñado.

Después de cincuenta años... ¿Dónde está la enseñanza? ¿Para qué ha servido? ¿Qué Indígena se ha capacitado para médico, mecánico, corregidor? ¿Por qué ya los jóvenes no obedecen a los viejos? ¿Por qué a los jóvenes no les interesa nuestra tradición y nuestra cultura? ¿Por qué la gente se ha dispersado por todas partes y ya no vive unida?

Hoy en día hay que enseñar, hay que explicar y hay que hacer un gran esfuerzo para recuperar nuestro conocimiento cultural. Ese debe ser el punto principal para seguir viviendo bien y tranquilos.

Juaneco, dirigente de los ashaninka peruanos dice :

Los indígenas y la naturaleza en nuestros territorios son uno solo, una sola cosa, y así los ashaninka exigimos no sólo tierras para nosotros, sino para los monos, los huanganas, los añules. Ellos también tienen derecho a vivir.

Damián Tibijan de los aguaruna:

Estos son los montes y los ríos que permiten vivir a mi pueblo; ésta es la herencia que hemos venido recibiendo de nuestros abuelos, y voy a derramar mi sangre antes de pasar la vergüenza de mirar los ojos de mis hijos cuando la hayamos perdido. (Damián Tibijan murió asesinado siendo dirigente de esa organización).

Darío Ñandureza, líder guaraní boliviano, dice de los nuevos colonos :

... viven en nuestras tierras y todavía se burlan de nosotros.

Disponen de todo a su capricho y tenemos que ver cómo van malogrando nuestros suelos. No se puede vivir soportando todo esto.

Las Etnias indígenas shuar y ashuar forman una sola familia etnolingüística, que vive en la Amazonía de Ecuador. A diferencia de los indígenas de la sierra ecuatoriana, han sufrido más del olvido y el desconocimiento que de ataques o heridas directas por parte de la otra sociedad. La Federación Interprovincial de Centros Shuar–Ashuar constituye la unión de energías por sobrevivir y autoafirmarse; se ha propuesto el reconocimiento de la cultura ashuar, su población y sus tierras como parte de un estado ecuatoriano plurinacional y, como meta socioeconómica, la auto sustentación libre de presiones exteriores. Muchos graves problemas ha sorteado esta agrupación Indígena, en particular y en conjunto con el resto de la población Indígena del Ecuador (el capítulo anterior, en este libro, está dedicado a ese tema). El gobierno promovió una aculturación mestiza para los indios de la selva con el llamado Instituto Lingüístico de Verano (su abolición fue uno de los reclamos del movimiento Indígena descrito en el citado capítulo anterior). La Federación Shuar–Ashuar puso en marcha un sistema propio de escolarización, utilizando emisoras de radio y los locales sociales de sus centros comunitarios. Las líneas programáticas de este plan de escolarización eran las siguientes:

Proporcionar a los niños, jóvenes y adultos una educación de marco nacional que promueva el desarrollo de la cultura local.

Liberar las energías shuar–ashuar con miras al desarrollo de un grupo basado en el propio esfuerzo y en la ayuda mutua.

Revalorización cultural .

Erradicación del analfabetismo.

Escolarización de la población de 6 á 15 años de edad.

Asegurar definitivamente la permanencia de las comunidades en los lugares geográficos que actualmente habitan.

En cuanto al método se sistematizó de forma que:

Se adaptara al ritmo y hábitos de vida del pueblo shuar–ashuar, a sus aptitudes y a los intereses autóctonos.

Enseñar y usar la lengua shuar hablada y escrita con soltura, relacionándola con el español, versionando de éste al shuar la terminología para conceptos nuevos.

Emplear obligatoriamente profesores nativos shuar–ashuar.

Enseñar las dos culturas, Indígena y mestiza, con igualdad de oportunidades, no limitando el desarrollo de ninguna de ellas.

Este plan se puso en marcha en el mes de octubre de 1972 y fue reconocido oficialmente por el gobierno de la república en el año 1977. Sus emisiones radiofónicas escolares llegan a las cinco provincias actuales del oriente ecuatoriano y se han adherido al plan unas 190 escuelas primarias, más 39 colegios básicos asociados, sumando un total de 7.000 alumnos. La contribución de este plan a la erradicación del analfabetismo, al fortalecimiento de la cultura shuar y de su idioma ha sido sorprendente y ejemplar.

No podemos hipotecar el futuro. Dios, que ha creado el mundo, sabe bien por qué caminos llevarlo a pesar de las deficiencias de la voluntad humana. El camino abierto en base de tantos sacrificios nos deja libre el horizonte. Muchos hermanos nuestros que se han encontrado desorientados, han vuelto y encontrado que en la familia shuar hay confianza en el porvenir. Inclusive otros grupos indígenas han encontrado aquí hermandad, comprensión para sus problemas y ayuda efectiva.

Todo esto nos estimula a seguir adelante.

Por lo que se refiere a los blancos, si no cambiamos nuestros métodos educativos y nuestra forma de vida en las grandes urbes, en un par de generaciones más, nos habremos imposibilitado tanto de familiarizarnos con el medio ambiente Naturaleza que conoceremos e identificaremos sus cosas de forma meramente artificial, en los medios audiovisuales y en los libros; el conocimiento sensitivo se alejará de nosotros, los fenómenos naturales nos sobrecogerán y la forma natural de la vida nos resultará insoportable. En nuestra memoria subconsciente y en nuestro código genético permanecerán esos conocimientos por algún tiempo, a pesar de que objetivamente los hayamos borrado pronto; pero quién sabe si pronto también borraremos parte de la memoria profunda y “corregiremos” incluso ese código sabio que nos ha mantenido como seres humanos hasta el presente.

Muchas generaciones les costaron a los indígenas adquirir su especial conocimiento de los diversos ecosistemas, las plantas y los animales útiles. Ellos identifican las diversas especies de árboles mayores con sus diferentes maderas y sus diferentes aplicaciones, sus cortezas, flores, frutos, semillas, hojas, raíces, la savia, las resinas. Igualmente conocen la fauna terrestre, arbórea y acuática. Los nativos amazónicos utilizan métodos propios para preparar alucinógenos, venenos, extractos medicinales, y elaboración de alimentos a partir de frutos de la tierra. Uno de los alimentos básicos, la mandioca o yuca, de la que cultivan o recogen al menos 140 variedades, la preparan de 14 formas distintas para consumo sólido y otras tantas para consumo líquido[xlvii]. Cultivaron en su entorno Doméstico otras plantas como la batata, chilis, piña, papaya, banano, maní, frijoles, tabaco, etc.; plantas que siguen cultivando hoy día. Crían en cautiverio tortugas acuáticas y almacenan carnes, pescados y frutos naturales.

Las culturas de tierra firme obtienen sus recursos preferentemente de cultivos o de cosechas en la inmediaciones de su hábitat. Su sistema agrícola de roza cambiante es acorde con las posibilidades de refertilización del suelo y recuperación de la selva. Algunas Etnias, como los bora,[xlvii] repueblan y reponen la fauna en la parte de bosque cuyo cultivo abandonan. Las culturas de los terrenos inundables, varzeas o manglares, son cazadores y pescadores; con menos cultivos pero más especializados en aquellos, como el maní, de período corto, el período que permite la Época de aguas bajas. Hay en estas zonas variedades de yuca que resisten a las inundaciones, creciendo y madurando sin pudrirse. también son especiales criadores de tortugas en cautividad. Las culturas de varzeas fueron siempre las más numerosas de población, pero ejercían su control de natalidad por varios métodos (incluido el infanticidio, en unos casos de mujeres y en otros de varones). Las culturas en el piedemonte andino eran predominantemente agrícolas. En el pasado, servían de puente entre las poblaciones periféricas andinas y las del interior de la selva.

La inmigración moderna, pero asentada de hace tiempo en la región amazónica, ha seguido el mismo tipo de dedicaciones que los indios venían manteniendo. Son la población intermedia entre la india y la última (temible) invasión. Es un mestizaje entre blancos o mulatos e indios, mestizaje similar al todas las latitudes iberoamericanas; muchos de ellos son ya nativos de la selva, segundas generaciones de aquellos caucheros que llegaron a partir de 1940; se han naturalizado indígenas hasta el punto de ser conocidos como indios caboclos, indios en el nombre común, siendo no más que mestizos, pero de un mestizaje muy enraizado en la selva. En Brasil se llaman seringueiros o ribeirinhos, en Perú shiringueros o mitayeros. Todos ellos practican la agricultura de subsistencia con el sistema de rotación, más la caza y la pesca para su autoabastecimiento, siendo su dedicación principal la extracción de sustancias vegetales o productos de selva para la industria manufacturera. Son los principales proveedores de caucho, de cuero, nuez de Brasil, aceites vegetales, grasas, ceras, fibras naturales, plantas medicinales, gomas, resinas, frutos, etc. A pesar de que hablan español o portugués, su adaptación a la selva y su dilatado contacto con los pueblos indígenas hace que sean políglotas o por lo menos poseen un largo vocabulario de terminología india para los productos de la tierra, fenómenos naturales, parajes, etc.; una parte de este vocabulario, que ya se ha adoptado en todo el mundo, fue difundido originariamente por ellos: guaraná, igapó, restinga, varzea, aguajal, ayahuasca, sachavaca, purma, mitayo; su forma de hablar, su acento, los giros en su lenguaje, la forma misma en que conceptúan las cosas, su expresión y su entonación, todo lo que constituye ese lenguaje popular que nos llega a través de documentales, reportajes, novelas, no es creación de los escritores sino de esa gente del pueblo que reelabora constantemente su idioma porque vive en contacto con otro pueblo y se comunica y se comprende con él.

De manos de estas gentes, a lo largo de muchos caminos en la selva y de muchas horas de trabajo, sale una importante producción al exterior, abasteciendo ciudades próximas o embarcándose a lejanas fábricas. La ciudad de Iquitos, en plena selva amazónica, consume anualmente unas 15.000 Tm de pescado fluvial. La producción de nuez o castaña del Brasil factura del orden de 200 millones de dólares al año, en este país y en Bolivia y Perú. De los principales ríos amazónicos salen del orden de 200.000 Tm de pescado anualmente para su consumo fresco o curado.

En el inicio, nosotros los extractivistas ayudamos a mucha gente de todas las regiones del país, hasta que comenzamos a comprender que todos los estados brasileños de la Amazonía estaban recibiendo enormes cantidades de personas, empresarios de los más variados tipos. Los grupos llegaban atraídos por el mito de una Amazonía que es la puerta del mundo, región apta para todas las iniciativas y oportunidades de enriquecimiento rápido y fácil, para quienes quieran invertir y producir en ella. Por impulso de los gobiernos y de financieras internacionales se crearon infraestructuras para estas empresas: carreteras, aeropuertos, hidroeléctricas; así nació la moderna colonización y minerías, un desarrollo equivocado para la Amazonía.

A la vez que esto ocurría, el ordenamiento jurídico demostró ser inadecuado, inútil, por no disponer de normas para la protección de los pueblos del bosque, indios y extractivistas, para la protección del ambiente y de los ecosistemas, de la biodiversidad. Se hizo notar también la falta de investigación sobre tecnologías apropiadas al desarrollo y preservación de la región.

Nosotros los extractivistas, víctimas de todo tipo de presiones, comenzamos a ensayar modelos distintos de resistencia, entendiendo que aguantar no bastaba; había que actuar en todos los niveles, político, jurídico, institucional, económico y ecológico, a través de alianzas fuertes dentro y fuera del país; decidimos crear nuestra propia organización social. Nos estaba acosando ya la pobreza; nuestros hijos se estaban volviendo delincuentes para sobrevivir y nuestras hijas se prostituían para conseguir ropa o cosas elementales. Así creamos en 1985 el Consejo Nacional de Seringueiros. Nosotros tenemos nuestra propia propuesta para el desarrollo y debiera ser tenida en cuenta por los planes futuros.

Pedro Ramos, extractivista moderno de la Amazonía, relata así la aventura del seringueiro :

En el inicio, nosotros los extractivistas ayudamos a mucha gente de todas las regiones del país, hasta que comenzamos a comprender que todos los estados brasileños de la Amazonía estaban recibiendo enormes cantidades de personas, empresarios de los más variados tipos. Los grupos llegaban atraídos por el mito de una Amazonía que es la puerta del mundo, región apta para todas las iniciativas y oportunidades de enriquecimiento rápido y fácil, para quienes quieran invertir y producir en ella. Por impulso de los gobiernos y de financieras internacionales se crearon infraestructuras para estas empresas: carreteras, aeropuertos, hidroeléctricas; así nació la moderna colonización y minerías, un desarrollo equivocado para la Amazonía.

A la vez que esto ocurría, el ordenamiento jurídico demostró ser inadecuado, inútil, por no disponer de normas para la protección de los pueblos del bosque, indios y extractivistas, para la protección del ambiente y de los ecosistemas, de la biodiversidad. Se hizo notar también la falta de investigación sobre tecnologías apropiadas al desarrollo y preservación de la región.

Nosotros los extractivistas, víctimas de todo tipo de presiones, comenzamos a ensayar modelos distintos de resistencia, entendiendo que aguantar no bastaba; había que actuar en todos los niveles, político, jurídico, institucional, económico y ecológico, a través de alianzas fuertes dentro y fuera del país; decidimos crear nuestra propia organización social. Nos estaba acosando ya la pobreza; nuestros hijos se estaban volviendo delincuentes para sobrevivir y nuestras hijas se prostituían para conseguir ropa o cosas elementales. Así creamos en 1985 el Consejo Nacional de Seringueiros. Nosotros tenemos nuestra propia propuesta para el desarrollo y debiera ser tenida en cuenta por los planes futuros.

Los investigadores independientes y los que trabajan por cuenta de grandes empresas, instituciones nacionales u organismos internacionales, han comenzado a mirar a los naturales de la selva, no sólo por el monto económico de su producción, sino también por sus técnicas de manejo de los recursos naturales. En Perú, donde se han invertido considerables sumas de dinero (muchas de las cuales han endeudado al país, porque eran créditos del exterior) en explotaciones ganaderas para la selva, éstas producen menos de un tercio de la proteína que el resto de la pesca y la ganadería tradicional de monte. El conocimiento detallado de árboles y plantas que tienen los indios y los extractivistas, materos, o sobre los animales, mitayeros, es absolutamente necesario para la aproximación de cualquier científico a la selva, ya con fines meramente investigadores ya con propósitos de aprovechamiento posterior.

Cronológicamente posteriores a los extractivistas han llegado a la selva otros pobladores, los colonos agrícolas, promovidos por grandes planes gubernamentales desde mediados de este siglo, que se aceleraron a partir de los años setenta (con la ayuda de préstamos internacionales); se pensó entonces que tales planes serían el remedio para erradicar la pobreza de los países en desarrollo; iba a acabarse el hambre. Y no fue así. Pronto el suelo de la selva, una vez desnudo, mostró su delgada piel, incapaz de soportar siquiera el rasguño de un arado. Se iba a dar fin a la superpoblación incesante de las grandes ciudades trasladando al inmenso campo selvático los nuevos y “modernos” colonos. Y tampoco fue así. Esos colonos necesitaban una superficie de asentamiento en la selva tan grande, para serle rentable, que pronto la inmensidad de la Amazonía se quedaría pequeña. La mayoría de los nuevos agricultores amazónicos ni siquiera llegaron a tomar esa gran hacienda selvática y se encontraron en un destino hostil, alejado, sin posibilidades de dar marcha atrás; son los pequeños campesinos que forman ahora aldeas nuevas en los bordes de la selva, que preparan lentamente pequeños ahorros para, cuanto antes, ellos o sus hijos, poder hacer el camino de vuelta.

Hoy no más de un 20% de la población de la Amazonía es agrícola, y está decreciendo por años, por meses, en nueva corriente migratoria a las ciudades más próximas.

Temporalmente se reestablecen a lo largo de caminos y carreteras, agarrándose un día a cualquier guagua que pasa, a cualquier camioneta que los lleve hacia donde hay más guaguas, más camionetas y más herramientas de trabajo, a reengordar la desocupación suburbial. Las grandes explotaciones agropecuarias son una excepción, no más, porque son escasas; casi todas las que han salido adelante, momentáneamente, pertenecen a antiguos agricultores o ganaderos llegados de Europa.

Introducir nueva agricultura en la selva ha traído consecuencias que van más allá de las puramente físicas. Las de infraestructura son algo más que carreteras, energía, transporte, comunicaciones; calidad de vida, en definitiva. Sobre todo crearon un nuevo status jurídico entre el hombre y esa tierra; unas veces le fue otorgada por el estado con la finalidad de “mejorarla” y hacerla productiva; otras veces fue apropiada directamente por el colono; otras fueron compradas. En todos los casos, con el hecho de tomar la tierra o posterior a él, se creaba un título de propiedad legal de esa tierra, diferenciando esta tenencia de la que tradicionalmente se daba entre los indígenas, que no poseían títulos de propiedad. Otra perniciosa consecuencia ha sido la especulación, que no es sólo “mala per se”, peor es en el método de ocupar de facto la tierra con la mayor rapidez, a fuerza incluso de quemar su bosque, y solicitar inmediatamente el título de propiedad sobre ella para “mejora agrícola”. La especulación ha llegado a tales extremos que, por mal funcionamiento de oficinas registradoras, hay más títulos de propiedad que propiedades reales, lo que significa un conflicto añadido.

La última variante agrícola en la selva es la de aquellos que se han incorporado recién al cultivo de la coca, especialmente en la Amazonía media de Perú y Bolivia.

El balance general hace ver que los esfuerzos dedicados a la ampliación de la agricultura no se corresponden con su producción, al menos por el momento. De los nuevos cultivos salen el aceite de palma africana, cacao, yute, té, caucho y café, sobre todo.

La tala de bosque hecha para reconocer mejoras amplió engañosamente la superficie disponible para agroganadería; mucha superficie de ésta queda abandonada anualmente. En Perú el índice de rendimiento ganadero para la Amazonía da menos de dos cabezas por hectárea, y ya se ha igualado la cantidad de tierra dedicada a la agroganadería como al cultivo de la coca con destino al narcotráfico.

De 1975 á 1989 se deforestaron en Brasil medio millón de km. cuadrados. Para 1990 el ritmo de deforestación venía siendo 2. 800 km. cuadrados por año.

Fotografías de satélites señalan en Colombia una superficie deforestada de 2.000 km. cuadrados, y otro tanto de bosque mermado; lo que representa nada menos que el 10% de superficie total. Se cree que en la Amazonía se ha perdido un millón de km. cuadrados de bosque, de los cuales la mitad son brasileños. La defosrestación en los bosques de las faldas de las montañas o en sus proximidades han ocasionado catástrofes ecológicas y humanas, pues, por su pendiente tan pronunciada, estos terrenos necesitaban bosque cerrado y resistente a la erosión, a la ingente cantidad de lluvia y de agua de deshielo que vierten y que en las nuevas circunstancias semidesérticas provocan monstruosas riadas.

Los científicos A. Andrade y E. Etter, encargados en 1987 por la Corporación Araracuara de levantar un estudio ecológico de la zona colonizada en la región de San José del Guaviare, Colombia, resumen así los efectos que sobre el bosque amazónico causan las colonizaciones agropecuarias: Pérdida de la biodiversidad biológica, empobrecimiento químico de los suelos, alteración del balance hídrico, activación de procesos erosivos y crecimiento de la peligrosidad de incendio forestal.

Añade la deforestación un problema más, de tipo medioambiental, cuando reduce la cantidad de bosque productor de oxígeno y, sobre todo, emitiendo a la atmósfera CO2 en el momento de la quema, una de las causas del efecto invernadero. Se calcula que la quema de una Ha. de bosque amazónico denso puede emitir a la atmósfera 100 Tm de C02; por tanto, de ser así, ya es considerable este perjuicio para la biosfera, aunque no deba ponerse todavía término de comparación de éste con el originado por la industria de los países desarrollados.

La mayor parte de la madera comercializada procede de selva cortada para uso agropecuario. La superficie destinada a explotación forestal es mínima y se reduce a unas pocas especies que tienen valor por ser conocidas en el mercado internacional. La mayor parte de las especies arbóreas clasificadas, unas 4.000, no son comerciales, por ser desconocidas o por los bajos precios que el mercado ofrece sobre ellas. No más de cincuenta especies se cortan por maderables; la tala con destino preciso a madera produce una media de 20 m. cúbicos por Ha.

Para carbón vegetal, Doméstico o industrial, se consumen anualmente 250.000 Tm. de madera cortada, que equivale a 3.000 Has. de bosque. Lo peor de esta tala es que se hace de forma casi siempre indiscriminada, sin seleccionar los árboles, por cortadores que desconocen las especies y que llevan al fuego maderas nobles altamente cotizadas; ello supone talar más bosque del necesario y sacarle menor rendimiento del posible; pero, además, se hace la corta en los lugares menos caros para el transporte, proximidades de población, de ferrocarriles y carreteras, con lo que esas obras están limitadas por amplias zonas de bosque arruinado, agravando así su propio impacto en el ambiente.

 

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