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5.5 Los nuevos pobladores de la selva y el urbanismo amazónico
El Indígena Matapi, del Parque Nacional
Miriti-Paraná-Amazonas, Colombia, relata así la historia de la relación
suya y de sus antepasados con los blancos.
Hace tiempo vivíamos sin saber nada del hombre blanco. No sabíamos hablar español. Luego fueron llegando los primeros blancos, los primeros comerciantes, y los primeros indígenas que aprendieron español fueron los guías de esos blancos. Muchos de ellos nos favorecieron llevando a los blancos a donde no estábamos o hablando por nosotros para que no nos mataran. Otros, en cambio, se hicieron capataces para esos blancos, y fuimos volviéndonos esclavos. Llegó la Época de las grandes caucherías: No respetaban a los indígenas, no respetaban a nuestras mujeres; nos asesinaron. después, los viejos mismos entregaban a sus hijos. Fue llegando la mercancía, la ropa y, por último, el dinero. Murieron los viejos caucheros. Los capataces indígenas empezaron a traer ellos la mercancía. Llegaron nuevos comerciantes y los capataces, junto con otros indígenas que ya habían aprendido del blanco, se hicieron capataces de los nuevos comerciantes. Después, hace cincuenta años, llegó el cura. Se construyeron los internados; nosotros mismos trabajamos para construirlos. Los curas nos obligaron a llevar a ellos nuestros hijos para enseñarles y allí se tenían que quedar casi todo el año. Los hijos no estaban con su familia, no aprendían con su papá, no trabajaban con su mamá. Se prohibieron los bailes. En el internado se golpeaba a los niños, se humillaba a nuestros hijos si no se conducían como les estaba enseñado. Después de cincuenta años... ¿Dónde está la enseñanza? ¿Para qué ha servido? ¿Qué Indígena se ha capacitado para médico, mecánico, corregidor? ¿Por qué ya los jóvenes no obedecen a los viejos? ¿Por qué a los jóvenes no les interesa nuestra tradición y nuestra cultura? ¿Por qué la gente se ha dispersado por todas partes y ya no vive unida?
Hoy en día hay que enseñar, hay que explicar y hay que hacer un gran esfuerzo para recuperar nuestro conocimiento cultural. Ese debe ser el punto principal para seguir viviendo bien y tranquilos.
Juaneco, dirigente de los
ashaninka peruanos dice :
Los indígenas y la naturaleza en nuestros territorios son uno solo, una sola cosa, y así los ashaninka exigimos no sólo tierras para nosotros, sino para los monos, los huanganas, los añules. Ellos también tienen derecho a vivir.
Damián Tibijan de los
aguaruna:
Estos son los montes y los ríos que permiten vivir a mi pueblo; ésta es la herencia que hemos venido recibiendo de nuestros abuelos, y voy a derramar mi sangre antes de pasar la vergüenza de mirar los ojos de mis hijos cuando la hayamos perdido. (Damián Tibijan murió asesinado siendo dirigente de esa organización).
Darío Ñandureza, líder
guaraní boliviano, dice de los nuevos colonos :
... viven en nuestras tierras y todavía se burlan de nosotros. Disponen de todo a su capricho y tenemos que ver cómo van malogrando nuestros suelos. No se puede vivir soportando todo esto.
Las Etnias indígenas shuar y
ashuar forman una sola familia etnolingüística, que vive en la Amazonía de
Ecuador. A diferencia de los indígenas de la sierra ecuatoriana, han sufrido
más del olvido y el desconocimiento que de ataques o heridas directas por parte
de la otra sociedad. La Federación Interprovincial de Centros Shuar–Ashuar
constituye la unión de energías por sobrevivir y autoafirmarse; se ha propuesto
el reconocimiento de la cultura ashuar, su población y sus tierras como parte
de un estado ecuatoriano plurinacional y, como meta socioeconómica, la
auto sustentación libre de presiones exteriores. Muchos graves problemas ha
sorteado esta agrupación Indígena, en particular y en conjunto con el resto de
la población Indígena del Ecuador (el capítulo anterior, en este libro, está
dedicado a ese tema). El gobierno promovió una aculturación mestiza para los
indios de la selva con el llamado Instituto Lingüístico de Verano (su abolición
fue uno de los reclamos del movimiento Indígena descrito en el citado capítulo
anterior). La Federación Shuar–Ashuar puso en marcha un sistema propio de
escolarización, utilizando emisoras de radio y los locales sociales de sus
centros comunitarios. Las líneas programáticas de este plan de escolarización
eran las siguientes:
Proporcionar a los niños,
jóvenes y adultos una educación de marco nacional que promueva el desarrollo de
la cultura local.
Liberar las energías shuar–ashuar
con miras al desarrollo de un grupo basado en el propio esfuerzo y en la ayuda
mutua.
Revalorización cultural .
Erradicación del
analfabetismo.
Escolarización de la
población de 6 á 15 años de edad.
Asegurar definitivamente la
permanencia de las comunidades en los lugares geográficos que actualmente
habitan.
En cuanto al método se
sistematizó de forma que:
Se adaptara al ritmo y
hábitos de vida del pueblo shuar–ashuar, a sus aptitudes y a los intereses
autóctonos.
Enseñar y usar la lengua shuar
hablada y escrita con soltura, relacionándola con el español, versionando de
éste al shuar la terminología para conceptos nuevos.
Emplear obligatoriamente
profesores nativos shuar–ashuar.
Enseñar las dos culturas,
Indígena y mestiza, con igualdad de oportunidades, no limitando el desarrollo
de ninguna de ellas.
Este plan se puso en marcha
en el mes de octubre de 1972 y fue reconocido oficialmente por el gobierno de
la república en el año 1977. Sus emisiones radiofónicas escolares llegan a las
cinco provincias actuales del oriente ecuatoriano y se han adherido al plan
unas 190 escuelas primarias, más 39 colegios básicos asociados, sumando un
total de 7.000 alumnos. La contribución de este plan a la erradicación del
analfabetismo, al fortalecimiento de la cultura shuar y de su idioma ha sido
sorprendente y ejemplar.
No podemos hipotecar el futuro. Dios, que ha creado el mundo, sabe bien por qué caminos llevarlo a pesar de las deficiencias de la voluntad humana. El camino abierto en base de tantos sacrificios nos deja libre el horizonte. Muchos hermanos nuestros que se han encontrado desorientados, han vuelto y encontrado que en la familia shuar hay confianza en el porvenir. Inclusive otros grupos indígenas han encontrado aquí hermandad, comprensión para sus problemas y ayuda efectiva. Todo esto nos estimula a seguir adelante.
Por lo que se refiere a los
blancos, si no cambiamos nuestros métodos educativos y nuestra forma de vida en
las grandes urbes, en un par de generaciones más, nos habremos imposibilitado
tanto de familiarizarnos con el medio ambiente Naturaleza que conoceremos e
identificaremos sus cosas de forma meramente artificial, en los medios
audiovisuales y en los libros; el conocimiento sensitivo se alejará de
nosotros, los fenómenos naturales nos sobrecogerán y la forma natural de la
vida nos resultará insoportable. En nuestra memoria subconsciente y en nuestro
código genético permanecerán esos conocimientos por algún tiempo, a pesar de
que objetivamente los hayamos borrado pronto; pero quién sabe si pronto también
borraremos parte de la memoria profunda y “corregiremos” incluso ese código
sabio que nos ha mantenido como seres humanos hasta el presente.
Muchas generaciones les
costaron a los indígenas adquirir su especial conocimiento de los diversos
ecosistemas, las plantas y los animales útiles. Ellos identifican las diversas
especies de árboles mayores con sus diferentes maderas y sus diferentes
aplicaciones, sus cortezas, flores, frutos, semillas, hojas, raíces, la savia,
las resinas. Igualmente conocen la fauna terrestre, arbórea y acuática. Los
nativos amazónicos utilizan métodos propios para preparar alucinógenos,
venenos, extractos medicinales, y elaboración de alimentos a partir de frutos
de la tierra. Uno de los alimentos básicos, la mandioca o yuca, de la que
cultivan o recogen al menos 140 variedades, la preparan de 14 formas distintas
para consumo sólido y otras tantas para consumo líquido[xlvii].
Cultivaron en su entorno Doméstico otras plantas como la batata, chilis, piña,
papaya, banano, maní, frijoles, tabaco, etc.; plantas que siguen cultivando hoy
día. Crían en cautiverio tortugas acuáticas y almacenan carnes, pescados y
frutos naturales.
Las culturas de tierra firme
obtienen sus recursos preferentemente de cultivos o de cosechas en la
inmediaciones de su hábitat. Su sistema agrícola de roza cambiante es acorde
con las posibilidades de refertilización del suelo y recuperación de la selva.
Algunas Etnias, como los bora,[xlvii]
repueblan y reponen la fauna en la parte de bosque cuyo cultivo abandonan. Las
culturas de los terrenos inundables, varzeas o manglares, son cazadores y
pescadores; con menos cultivos pero más especializados en aquellos, como el
maní, de período corto, el período que permite la Época de aguas bajas. Hay en
estas zonas variedades de yuca que resisten a las inundaciones, creciendo y
madurando sin pudrirse. también son especiales criadores de tortugas en
cautividad. Las culturas de varzeas fueron siempre las más numerosas de
población, pero ejercían su control de natalidad por varios métodos (incluido
el infanticidio, en unos casos de mujeres y en otros de varones). Las culturas
en el piedemonte andino eran predominantemente agrícolas. En el pasado, servían
de puente entre las poblaciones periféricas andinas y las del interior de la
selva.
La inmigración moderna, pero
asentada de hace tiempo en la región amazónica, ha seguido el mismo tipo de
dedicaciones que los indios venían manteniendo. Son la población intermedia
entre la india y la última (temible) invasión. Es un mestizaje entre blancos o
mulatos e indios, mestizaje similar al todas las latitudes iberoamericanas;
muchos de ellos son ya nativos de la selva, segundas generaciones de aquellos
caucheros que llegaron a partir de 1940; se han naturalizado indígenas hasta el
punto de ser conocidos como indios caboclos, indios en el nombre común, siendo
no más que mestizos, pero de un mestizaje muy enraizado en la selva. En Brasil
se llaman seringueiros o ribeirinhos, en Perú shiringueros o mitayeros.
Todos ellos practican la agricultura de subsistencia con el sistema de
rotación, más la caza y la pesca para su autoabastecimiento, siendo su
dedicación principal la extracción de sustancias vegetales o productos de selva
para la industria manufacturera. Son los principales proveedores de caucho, de
cuero, nuez de Brasil, aceites vegetales, grasas, ceras, fibras naturales,
plantas medicinales, gomas, resinas, frutos, etc. A pesar de que hablan español
o portugués, su adaptación a la selva y su dilatado contacto con los pueblos indígenas
hace que sean políglotas o por lo menos poseen un largo vocabulario de
terminología india para los productos de la tierra, fenómenos naturales,
parajes, etc.; una parte de este vocabulario, que ya se ha adoptado en todo el
mundo, fue difundido originariamente por ellos: guaraná, igapó, restinga,
varzea, aguajal, ayahuasca, sachavaca, purma, mitayo; su forma de hablar, su
acento, los giros en su lenguaje, la forma misma en que conceptúan las cosas,
su expresión y su entonación, todo lo que constituye ese lenguaje popular que
nos llega a través de documentales, reportajes, novelas, no es creación de los
escritores sino de esa gente del pueblo que reelabora constantemente su idioma
porque vive en contacto con otro pueblo y se comunica y se comprende con él.
De manos de estas gentes, a
lo largo de muchos caminos en la selva y de muchas horas de trabajo, sale una
importante producción al exterior, abasteciendo ciudades próximas o
embarcándose a lejanas fábricas. La ciudad de Iquitos, en plena selva amazónica,
consume anualmente unas 15.000 Tm de pescado fluvial. La producción de nuez o
castaña del Brasil factura del orden de 200 millones de dólares al año, en este
país y en Bolivia y Perú. De los principales ríos amazónicos salen del orden de
200.000 Tm de pescado anualmente para su consumo fresco o curado.
En el inicio, nosotros los
extractivistas ayudamos a mucha gente de todas las regiones del país, hasta que
comenzamos a comprender que todos los estados brasileños de la Amazonía estaban
recibiendo enormes cantidades de personas, empresarios de los más variados
tipos. Los grupos llegaban atraídos por el mito de una Amazonía que es la
puerta del mundo, región apta para todas las iniciativas y oportunidades de
enriquecimiento rápido y fácil, para quienes quieran invertir y producir en
ella. Por impulso de los gobiernos y de financieras internacionales se
crearon infraestructuras para estas empresas: carreteras, aeropuertos,
hidroeléctricas; así nació la moderna colonización y minerías, un desarrollo equivocado
para la Amazonía.
A la vez que esto ocurría, el
ordenamiento jurídico demostró ser inadecuado, inútil, por no disponer de
normas para la protección de los pueblos del bosque, indios y extractivistas,
para la protección del ambiente y de los ecosistemas, de la biodiversidad. Se
hizo notar también la falta de investigación sobre tecnologías apropiadas al
desarrollo y preservación de la región.
Nosotros los extractivistas,
víctimas de todo tipo de presiones, comenzamos a ensayar modelos distintos de
resistencia, entendiendo que aguantar no bastaba; había que actuar en todos los
niveles, político, jurídico, institucional, económico y ecológico, a través de
alianzas fuertes dentro y fuera del país; decidimos crear nuestra propia
organización social. Nos estaba acosando ya la pobreza; nuestros hijos se
estaban volviendo delincuentes para sobrevivir y nuestras hijas se prostituían
para conseguir ropa o cosas elementales. Así creamos en 1985 el Consejo
Nacional de Seringueiros. Nosotros tenemos nuestra propia propuesta para el
desarrollo y debiera ser tenida en cuenta por los planes futuros.
Pedro Ramos, extractivista
moderno de la Amazonía, relata así la aventura del seringueiro : En el inicio, nosotros los extractivistas ayudamos a mucha gente de todas las regiones del país, hasta que comenzamos a comprender que todos los estados brasileños de la Amazonía estaban recibiendo enormes cantidades de personas, empresarios de los más variados tipos. Los grupos llegaban atraídos por el mito de una Amazonía que es la puerta del mundo, región apta para todas las iniciativas y oportunidades de enriquecimiento rápido y fácil, para quienes quieran invertir y producir en ella. Por impulso de los gobiernos y de financieras internacionales se crearon infraestructuras para estas empresas: carreteras, aeropuertos, hidroeléctricas; así nació la moderna colonización y minerías, un desarrollo equivocado para la Amazonía. A la vez que esto ocurría, el ordenamiento jurídico demostró ser inadecuado, inútil, por no disponer de normas para la protección de los pueblos del bosque, indios y extractivistas, para la protección del ambiente y de los ecosistemas, de la biodiversidad. Se hizo notar también la falta de investigación sobre tecnologías apropiadas al desarrollo y preservación de la región. Nosotros los extractivistas, víctimas de todo tipo de presiones, comenzamos a ensayar modelos distintos de resistencia, entendiendo que aguantar no bastaba; había que actuar en todos los niveles, político, jurídico, institucional, económico y ecológico, a través de alianzas fuertes dentro y fuera del país; decidimos crear nuestra propia organización social. Nos estaba acosando ya la pobreza; nuestros hijos se estaban volviendo delincuentes para sobrevivir y nuestras hijas se prostituían para conseguir ropa o cosas elementales. Así creamos en 1985 el Consejo Nacional de Seringueiros. Nosotros tenemos nuestra propia propuesta para el desarrollo y debiera ser tenida en cuenta por los planes futuros.
Los investigadores
independientes y los que trabajan por cuenta de grandes empresas, instituciones
nacionales u organismos internacionales, han comenzado a mirar a los naturales
de la selva, no sólo por el monto económico de su producción, sino también por
sus técnicas de manejo de los recursos naturales. En Perú, donde se han
invertido considerables sumas de dinero (muchas de las cuales han endeudado al
país, porque eran créditos del exterior) en explotaciones ganaderas para la
selva, éstas producen menos de un tercio de la proteína que el resto de la
pesca y la ganadería tradicional de monte. El conocimiento detallado de árboles
y plantas que tienen los indios y los extractivistas, materos, o sobre los
animales, mitayeros, es absolutamente necesario para la aproximación de
cualquier científico a la selva, ya con fines meramente investigadores ya con
propósitos de aprovechamiento posterior.
Cronológicamente posteriores
a los extractivistas han llegado a la selva otros pobladores, los colonos
agrícolas, promovidos por grandes planes gubernamentales desde mediados de este
siglo, que se aceleraron a partir de los años setenta (con la ayuda de
préstamos internacionales); se pensó entonces que tales planes serían el
remedio para erradicar la pobreza de los países en desarrollo; iba a acabarse
el hambre. Y no fue así. Pronto el suelo de la selva, una vez desnudo, mostró
su delgada piel, incapaz de soportar siquiera el rasguño de un arado. Se iba a
dar fin a la superpoblación incesante de las grandes ciudades trasladando al inmenso
campo selvático los nuevos y “modernos” colonos. Y tampoco fue así. Esos
colonos necesitaban una superficie de asentamiento en la selva tan grande, para
serle rentable, que pronto la inmensidad de la Amazonía se quedaría pequeña. La
mayoría de los nuevos agricultores amazónicos ni siquiera llegaron a tomar esa
gran hacienda selvática y se encontraron en un destino hostil, alejado, sin
posibilidades de dar marcha atrás; son los pequeños campesinos que forman ahora
aldeas nuevas en los bordes de la selva, que preparan lentamente pequeños
ahorros para, cuanto antes, ellos o sus hijos, poder hacer el camino de vuelta.
Hoy no más de un 20% de la
población de la Amazonía es agrícola, y está decreciendo por años, por meses,
en nueva corriente migratoria a las ciudades más próximas.
Temporalmente se reestablecen
a lo largo de caminos y carreteras, agarrándose un día a cualquier guagua que
pasa, a cualquier camioneta que los lleve hacia donde hay más guaguas, más
camionetas y más herramientas de trabajo, a reengordar la desocupación
suburbial. Las grandes explotaciones agropecuarias son una excepción, no más,
porque son escasas; casi todas las que han salido adelante, momentáneamente,
pertenecen a antiguos agricultores o ganaderos llegados de Europa.
Introducir nueva agricultura
en la selva ha traído consecuencias que van más allá de las puramente físicas.
Las de infraestructura son algo más que carreteras, energía, transporte,
comunicaciones; calidad de vida, en definitiva. Sobre todo crearon un nuevo
status jurídico entre el hombre y esa tierra; unas veces le fue otorgada por el
estado con la finalidad de “mejorarla” y hacerla productiva; otras veces fue
apropiada directamente por el colono; otras fueron compradas. En todos los
casos, con el hecho de tomar la tierra o posterior a él, se creaba un título de
propiedad legal de esa tierra, diferenciando esta tenencia de la que
tradicionalmente se daba entre los indígenas, que no poseían títulos de
propiedad. Otra perniciosa consecuencia ha sido la especulación, que no es sólo
“mala per se”, peor es en el método de ocupar de facto la tierra con la mayor
rapidez, a fuerza incluso de quemar su bosque, y solicitar inmediatamente el
título de propiedad sobre ella para “mejora agrícola”. La especulación ha
llegado a tales extremos que, por mal funcionamiento de oficinas registradoras,
hay más títulos de propiedad que propiedades reales, lo que significa un
conflicto añadido.
La última variante agrícola
en la selva es la de aquellos que se han incorporado recién al cultivo de la
coca, especialmente en la Amazonía media de Perú y Bolivia.
El balance general hace ver
que los esfuerzos dedicados a la ampliación de la agricultura no se
corresponden con su producción, al menos por el momento. De los nuevos cultivos
salen el aceite de palma africana, cacao, yute, té, caucho y café, sobre todo.
La tala de bosque hecha para
reconocer mejoras amplió engañosamente la superficie disponible para
agroganadería; mucha superficie de ésta queda abandonada anualmente. En Perú el
índice de rendimiento ganadero para la Amazonía da menos de dos cabezas por
hectárea, y ya se ha igualado la cantidad de tierra dedicada a la agroganadería
como al cultivo de la coca con destino al narcotráfico.
De 1975 á 1989 se
deforestaron en Brasil medio millón de km. cuadrados. Para 1990 el ritmo de
deforestación venía siendo 2. 800 km. cuadrados por año.
Fotografías de satélites
señalan en Colombia una superficie deforestada de 2.000 km. cuadrados, y otro
tanto de bosque mermado; lo que representa nada menos que el 10% de superficie
total. Se cree que en la Amazonía se ha perdido un millón de km. cuadrados de
bosque, de los cuales la mitad son brasileños. La defosrestación en los bosques
de las faldas de las montañas o en sus proximidades han ocasionado catástrofes
ecológicas y humanas, pues, por su pendiente tan pronunciada, estos terrenos
necesitaban bosque cerrado y resistente a la erosión, a la ingente cantidad de
lluvia y de agua de deshielo que vierten y que en las nuevas circunstancias
semidesérticas provocan monstruosas riadas.
Los científicos A. Andrade y
E. Etter, encargados en 1987 por la Corporación Araracuara de levantar un
estudio ecológico de la zona colonizada en la región de San José del Guaviare,
Colombia, resumen así los efectos que sobre el bosque amazónico causan las
colonizaciones agropecuarias: Pérdida de la biodiversidad biológica,
empobrecimiento químico de los suelos, alteración del balance hídrico,
activación de procesos erosivos y crecimiento de la peligrosidad de incendio
forestal.
Añade la deforestación un
problema más, de tipo medioambiental, cuando reduce la cantidad de bosque
productor de oxígeno y, sobre todo, emitiendo a la atmósfera CO2 en
el momento de la quema, una de las causas del efecto invernadero. Se calcula
que la quema de una Ha. de bosque amazónico denso puede emitir a la atmósfera
100 Tm de C02; por tanto, de ser así, ya es considerable este
perjuicio para la biosfera, aunque no deba ponerse todavía término de
comparación de éste con el originado por la industria de los países
desarrollados.
La mayor parte de la madera
comercializada procede de selva cortada para uso agropecuario. La superficie
destinada a explotación forestal es mínima y se reduce a unas pocas especies
que tienen valor por ser conocidas en el mercado internacional. La mayor parte
de las especies arbóreas clasificadas, unas 4.000, no son comerciales, por ser
desconocidas o por los bajos precios que el mercado ofrece sobre ellas. No más
de cincuenta especies se cortan por maderables; la tala con destino preciso a
madera produce una media de 20 m. cúbicos por Ha.
Para carbón vegetal, Doméstico o industrial, se consumen anualmente 250.000 Tm. de madera cortada, que equivale a 3.000 Has. de bosque. Lo peor de esta tala es que se hace de forma casi siempre indiscriminada, sin seleccionar los árboles, por cortadores que desconocen las especies y que llevan al fuego maderas nobles altamente cotizadas; ello supone talar más bosque del necesario y sacarle menor rendimiento del posible; pero, además, se hace la corta en los lugares menos caros para el transporte, proximidades de población, de ferrocarriles y carreteras, con lo que esas obras están limitadas por amplias zonas de bosque arruinado, agravando así su propio impacto en el ambiente.
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