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5.7 El futuro posible y deseable
Algunos científicos proponen ligar la
prehistoria del estuario del Amazonas a la de toda la Amazonía; sin embargo
apenas hay investigación para hacer este tipo de suposiciones. La cerámica
aparecida en Santarém, a la que se da una datación de 7.000 Años de antigüedad,
puede que tenga muy poco que ver con la historia del interior de la selva
amazónica, a miles de km. de distancia. Las nuevas teorías de la historia
geológica de los continentes, describiendo el camino de su desplazamiento por
la superficie de la Tierra, obligan a hacer más estudios para poder decir algo
razonable acerca de esa historia de la Amazonía profunda. La zona costera es
tierra firme; a lo largo del río hay grandes extensiones de aluvión, muchas de
las cuales pudieron estar bajo las aguas durante milenios hasta una edad
geológica todavía por determinar. La cobertura de la selva desanima a la
investigación arqueológica. Se conocen dos rutas de ocupación amazónica de las
que existen vestigios. La ruta caribeña, desde la desembocadura del río y sus
principales afluentes, y la ruta andina, por el alto Amazonas, el
Negro-Casiquiare- Orinoco hasta el mar Caribe. Aparte de esto, las
localizaciones de los amazónidos, descendientes de las migraciones que vinieron
de la América septentrional (teoría de J. Imbelloni, muy anteriores a esas dos
rutas y se supone que fue la primera arribada humana a la región), son muy
reducidas y dispersas.
Al momento del viaje de
Orellana, descendiendo por todo el río de un océano a otro, en el Amazonas y
sus afluentes mayores había importantes poblaciones ribereñas que fueron
reducidas considerablemente como consecuencia del encuentro, primero con los
españoles y portugueses y después ingleses, holandeses y franceses. El viaje de
Orellana fue de conocimiento y no de conquista ni colonización[xlvii],
pero motivó un rápido proceso de ocupación posterior, en busca de metales y
piedras preciosas y en afán de conquista y posesión de territorios nuevos. Esta
etapa dura más de tres siglos, hasta que, a mediados del XIX, comienza el
“boom” del caucho, del que ya se ha hablado, que concitó extranjeros de los
países limítrofes y de otras regiones de Brasil.
Entre 1872 y 1912 se
construyeron los 300 km. del ferrocarril Madeira – Mamoré, se fundaron las
ciudades de Porto Velho y Guajara-Mirim y crecieron las ya existentes. En ese
tiempo y como consecuencia de esos hechos se produjo un importante movimiento
de indígenas que huyeron al interior, escapando del miedo a los colonos y a los
malos tratos y matanzas de que fueron objeto en varios lugares (como entre los
huitotos del norte de Perú). Del final de la Primera Guerra Mundial (y exportación
de las semillas del caucho para crear plantaciones en el sudeste de Asia) hasta
final de la S. G. M. la inmigración en la Amazonía estuvo estancada. La etapa
final de ocupación, por el momento, empieza en la explotación maderera, la
agropecuaria y los garimpos, minas modernas e hidrocarburos; del principio de
esta etapa son las actuales carreteras, puertos (gran excepción del de Manaus
que es del caucho) y aeropuertos. En Perú se construye la primera carretera de
la Amazonía baja, en el Ucayali, hasta Pucalpa, entre 1937 y 1943; la marginal
de la selva se inicia mediados los sesenta. En Ecuador se inicia la penetración
a la selva oriental con las prospecciones petrolíferas de finales de esa misma
década.
Probablemente estamos
viviendo el final de la ocupación humana del territorio amazónico, si podemos
hacer caso a la razón, al tiempo que iniciamos la cuenta atrás de este segundo
milenio. Hay una serie de razones evidentes que apuntan hacia esta
probabilidad:
La aglomeración en torno a
las ciudades históricas y en los centros poblacionales nuevos no admite una
mayor degradación, ha conseguido los niveles más bajos, y no anima a nuevas
inmigraciones.
La moderna minería a cielo
abierto se lleva a cabo por grandes empresas que emplean potente maquinaria y
requieren cada vez menos mano de obra.
La actividad extractivista se
inicia con tecnología avanzada que pronto cambiará sus fuentes de
aprovisionamiento de la selva virgen a cultivos intensivos y especializados.
Los medios de comunicación social han hecho sonar la alarma de peligro
ecológico en la región y, tanto la opinión pública como la de los gestores
políticos, promete una defensa a ultranza del ecosistema amazónico. El
movimiento indígena, por su parte, a pesar de estar mezclado con muchos tópicos
baratos y folklore oportunista, se hará valer en lo que tiene de verdad y de
positivo.
Por último, las posibilidades
de explotación de las zonas periféricas, sin incidencia en la cuenca, están
todavía por ser estudiadas y pueden aportar mayores recursos que toda la
Amazonía, lo que permitiría hacer de ésta una completa e imperecedera reserva.
De qué forma se comenzará
esta nueva historia política falta por ver; pero en principio se habla de un
programa global, de administración general, de principios, de cuestiones
fundamentales, y con un punto de partida que es el de una gestión política más
amplia que las fronteras físicas, más extensa que los países–estado de la
región. Ello puede invertir los Términos en que se conjugaba la Amazonía y
cambie, de haber sido pasiva siempre a ser activa desde ahora. Hay
investigaciones científicas, con resultados que están al alcance de los
gobiernos y con los que se puede definir una política de preservación
inequívoca. No se trata de realizar planes parciales sino llegar a un consenso
general que incluya garantías de compromiso y que la línea adoptada como pauta
político-administrativa se siga por todos y se traduzca en hechos reales. Esta
debe ser la filosofía del desarrollo amazónico; este deber ser el único plan de
desarrollo.
Las áreas protegidas deben
reunirse en una sola, única y total: La Amazonía. Y en esta dirección debe ir
aplicándose la tecnología de prototipos que desde hace tiempo funciona con
resultados óptimos en otros países desarrollados. Esta entrega de ciencia y
tecnología se hará sin coste adicional para la región, sin hipotecas para los
países que gobiernan en ella, sin que su balanza de pagos se desequilibre aún
más.
En cuanto al reordenamiento
del urbanismo amazónico, no puede dilatarse más el esfuerzo necesario para que
se recupere la calidad de vida, para que las personas no permanezcan por más
tiempo en el umbral de la miseria y para que la alta toxicidad ecológica que
producen esas ciudades no siga arruinando el ecosistema en que están inmersas.
Los problemas sanitarios pueden resolverse con una voluntad de cooperación
internacional, porque medios sobran para hacerlo. La inseguridad, la
delincuencia y la violencia disminuirán al hacerlo las causas que son su
origen. |