5. La aventura de
la expresión cinematográfica
El resultado
de la imagen reproducida / proyectada
El impacto en el receptor
La exploración / provocación / experimento
Se abre ante
nosotros un mundo en el que incluso las cosas más inamovibles pueden
cambiar. No por sí mismas, sino porque nosotros queramos. No de una
forma incierta, aleatoria, sino que nosotros, los cineastas, tenemos
la facultad de elegir ese cambio. Naturalmente que éste es un juego
arriesgado, audaz, comprometido, costoso y peligroso.
El resultado
de la imagen reproducida/proyectada
- La película no
es fruto del azar, sino de una serie de decisiones que el autor
ha ido tomando en cada plano.
- La película no
es una representación total de la realidad sino una recreación
de la realidad, que hemos alterado.
- El espectador
no se introduce en la realidad, no se introduce por entero, sino
que se acerca a la realidad; y no a la original sino a aquella
que nosotros presentamos ante él.
- Esa realidad
recreada adquiere aspectos que no existen en la realidad
original:
a) Nuestros
razonamientos. Aquel contenido ideológico que nosotros hemos
adherido a la realidad.
b) Nuestra interposición entre la realidad original y ese
espectador. Interposición física, evidente -actor,
presentador, comentarista, locutor- o velada -cualquier rastro
de presencia nuestra que el espectador pueda notar-.
La propia
presencia del espectador en esa realidad original (en la
entrevista, reportaje, biografía, etc.) proyecta ante él una
realidad nueva, que no necesariamente desdice la realidad
original pero sí le obliga a una nueva subjetivación del entorno
y a nueva objetivación de sí mismo. Quien tiene experiencia en
reportajes o entrevistas se encuentra a entrevistados que al
verse en nuestra obra "se ven de otra manera, se ven distintos";
eso sin hablar de la posibilidad de manipulación tendenciosa.
El resultado de esa proyección no es por tanto sólo el fruto de la
realidad libremente elegida por nosotros sino del trato artístico y
técnico que nosotros le hemos dado. Ello hace que, a veces, una
cuestión vulgar, una realidad cotidiana resulte sorprendente, más
que otra que tenía visos de extraordinaria.
Entramos de lleno
en cuestiones que son fundamentales para el buen hacer documental.
Aquella selección acertada del tema, el qué y el cómo extraemos del
mundo lo que es el contenido de la película, se complica ahora con
lo que es decisivo para nuestra obra, lo que vamos a ver al final,
el resultado: entre uno y otro estamos nosotros.
El
impacto en el receptor
El autor que recrea
la realidad objetiva lo hace desde sus más íntimos resortes vitales,
de ideología y sensibilidad, a veces desde motivos subconscientes
(volvamos a las citas de los clásicos al principio de la lección y
la cita de Freud), "olvidados" y desde los sueños. El espectador, en
la oscuridad de la sala de proyección, ve el film desde su personal
aislamiento, parecido en mucho al aislamiento del autor creador.
La
exploración / provocación / experimento.
No existe el cine
de ensayo como tal. Sí puede ser el resultado de un ensayo, de una
investigación, de un experimento que el cineasta ha llevado a cabo
previamente. Toda la química de un laboratorio, por más reacciones
que en ella se dieran, no sería más que un frío contenido si tal
como se da lo trasladamos a una película. Es preciso que el
resultado de esas reacciones incluya la impresión que causan en el
investigador; bien que este investigador sea espectador o partícipe
de la obra.
La
necesidad de conmover.
En el ejemplo del
spot publicitario que poníamos ayer en esta misma lección, aparecía
claro que el propósito del filme era mover la opinión del público en
favor del coche que se anunciaba.
Cuando el cine no es publicitario, ni siquiera es dramático, ¿tiene
la obra esa necesidad de conmover al público? Inapelablemente hay
que contestar que sí.
Veamos razones:
1) Los "documentos
cinematográficos" (documental) contienen obras realizadas por el
hombre, actos públicos a privados, que en el momento del hecho
tuvieron sus motivaciones, más o menos ocultas tras los personajes,
tras de las figuras, las palabras, etc., o más evidentes. Ese
contenido íntimo (que no son las figuras, que no es corpóreo) debe
ser recogido por la obra (documental) cinematográfica, pues, de no
ser así, le falta algo o mucho de lo que aquel acto tuvo. No sería
buen documental si le faltara aquello original: el motivo de los
hechos.
2) Los documentales
(hechos para archivar) sobre aquellas cosas perecederas, aun
pareciendo que llegan al film para conservar en él su propia
existencia cuando desaparezcan de su sitio, aun ese film está
obligado a recoger lo inmaterial que está ligado a lo material: lo
sensitivo, lo emotivo. Si no lo hiciera no sería cine. Una foto fija
tal vez no lo haga; una pintura, figurativa o abstracta, tal vez no
lo haga; pero si no lo hace el cine, dejará de serlo y será foto o
será pintura.
3) El film de
ficción o el no documental, tendrá ya el propósito de conmover en su
propósito inicial. Pero, además, lo necesita si quiere conseguir su
permanencia como obra. Porque la película es una obra que se abre al
espectador sólo en la sala; no queda expuesta en el museo. Se abre
en la proyección y se cierra al llegar el final. Su permanencia en
el espectador es a través de la emoción, es permanencia que arranca
en el momento que conmueve al espectador y siembra en él el
principio del interés.
|