1. El lacónico lenguaje de
las cosas
relación expresiva entre
objetos: animados, inanimados.
- Las cosas dicen lo que
dicen.
- Las cosas dicen lo que (no) dicen, pero no comprendemos.
- Las cosas dicen lo que queremos que digan.
El impresionismo, como
método para el conocimiento de la realidad objetiva, puede ser juzgado
inapelablemente. Pero el método impresionista, en cuanto a su laconismo para
trasmitir lo particular, en el plano de obtener un sentido visual del todo
(si no su sentido filosófico), es una extraordinaria escuela para la
cinematografía.
El cine no puede darse el lujo de una exposición en muchos volúmenes.
Vive del laconismo del trazo. Como el método narrativo de aquello que
combinó un trazo con otro, converge el film terminado en una aprehensión
pletórica.
El laconismo como método de realización, aun cuando sea obligatorio, todo lo
resuelve.
Ejemplo que da Eisenstein
de extremado laconismo (realista), en su película LO NUEVO Y LO VIEJO, donde
nos describe los sucesos de una primavera campesina trágica y hambrienta en
tres plano:
- Plano de una mujer
embarazada
- Plano de las vacas flacas, caídas de costado.
- Plano de una rama escuálida colgante.
El laconismo de los
objetos inanimados
* Las cosas están en su
sitio porque determinadas cualidades del lugar lo han hecho apropiado para
que esas cosas estén ahí. Cada vez que sacamos a escena una cosa, ella nos
habla de su entorno porque está relacionado con él.
* Lo mismo ocurre con el
lugar de esas cosas: el lugar vacío contiene el vacío de SU COSA.
En cuanto a esto,
consideramos dos posibilidades:
El laconismo de las
cosas estáticas (solidez, dureza, adherencia...) Gran
interrelación entre ellas o entre las unidades que la integran.
El laconismo de las
cosas que se mueven.
Su expresividad emana:
- de la relación que existe entre esas cosas y cómo ellas reaccionan al
relacionarse. - del concepto intelectual y experimental que de ellas tenemos (sus
propiedades físicas y químicas). - del cúmulo de sensaciones más o menos esotéricas que de ellas tenemos (en
esto se basa la mayor porción de lo irreal e inverosímil, de lo fantástico y
el arte abstracto antes o aparte del cine).
El laconismo de los
objetos animados.
* Su expresividad emana de
la forma en que esos objetos conviven con nosotros.
(La golondrina viene en nuestra primavera; los almendros en flor. el olor
del azahar nos dice que estamos en nuestra huerta.)
* El laconismo profundo de
los seres vivos emana de aquella expresividad que de ellos menos
comprendemos, pero que, (en el cine) siempre podremos sugerir o insinuar, en
la medida que comprendemos algo (el arrullo del palomo: para el galanteo).
En el fondo de este laconismo se sustenta gran parte de la mitología, de la
magia (el cuervo, el alacrán, el toro de lidia, etc.), aspecto muy
importante en la cinematografía.
El laconismo del lenguaje
de las cosas es recurso expresivo inagotable en el cine. Cuanto más cine
hace el cineasta más fuerza descubre en este lenguaje oculto; cuanto más
avanza en el rodaje más mensaje subyacente encuentra en las cosas, en el
plano corto de detalle; cuanto más avanza en el montaje más expresividad va
descubriendo en el corte brusco, en el arranque de la secuencia que sugiere
un desarrollo, en los insertos que hacen de contrapunto, o en el resumen
final en un solo plano.
La metáfora cinematográfica nace de este laconismo, de este lenguaje
virtualmente expresivo y cobra en el cine más expresividad aún que en la
literatura, porque en el cine se apropia no sólo del concepto de esas
figuras sino de la figura misma, del objeto.
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