6. El lenguaje de los
ambientes
Después de este repaso por
el lenguaje de las cosas, por la forma en que cada posible objeto
cinematográfico nos habla de sí mismo, de cuánto tenemos que hacer para
comprenderlo y de, una vez incorporado ese mensaje a nuestra conciencia,
transmitirlo a los demás, hemos visto que el lenguaje de esas cosas atiende
también a las relaciones de las cosas entre sí, a su mundo relativo.
Esos mundos, cada uno de
ellos podemos definirlo como un gran complejo de relaciones afines. A cada
uno de ellos lo llamamos medio ambiente.
Ésta es, por tanto, la
última atención que prestamos al lenguaje y a su estructuración. El conjunto
de expresiones que definen un gran complejo de relaciones afines es el
lenguaje del medio ambiente. Ese lenguaje nos habla de lo que es el gran
complejo, nos expresa su naturaleza, su constitución, su funcionamiento, lo
que le es propio y aquello que lo distingue de los demás mundos. El cabal
entendimiento de este lenguaje nos ayuda a conocer más aproximadamente ese
mundo, a comprenderlo y a saber diferenciarlo; por otra parte, el correcto
uso de su lenguaje, la terminología más apropiada y la sintaxis fiel, nos
ayudará a expresarlo con veracidad y con justeza.
Nótese que los ambientes
son el más frecuente campo de trabajo para el documental audiovisual.
En ese mundo, en ese
ambiente, se incluyen todas las cosas que se relacionan; y lo precisan y
delimitan con el conjunto de sus relaciones que son afines entre sí.
Hablamos de afinidad entre las relaciones, no entre las cosas; no son
relaciones de afinidad sino afinidad de relaciones, es decir relaciones que
se pueden relacionar.
De acuerdo a esta
definición podemos distinguir cuatro medios ambientes distintos: El medio
natural, el medio industrial, el urbano y el medio ambiente íntimo y
personal.
No es el momento de hacer
una descripción de cada medio con el fin de que el documentalista pueda
hacer uso de un manual de trabajo para cada documental en cada uno de esos
medios. Conocerlos bien le lleva a cada ser humano toda una vida. El
documentalista, como venimos recalcando para todo cineasta, deberá ser un
atento observador que materialice en el film sus propias observaciones en el
medio que filma. Únicamente se pretende establecer un Norte en cada medio,
en cada gran mundo, por el que el documentalista se guíe como un buen
aventurero, sin perderse.
Ese Norte es su punto de mira, algo que mantendrá siempre en el objetivo de
su cámara cuando la emplace ante la Naturaleza, el hogar, las fábricas o las
ciudades.
El medio natural:
libre albedrío.
En este medio la afinidad de esas relaciones, su denominador común, podría
ser lo que llamamos libre albedrío de las cosas. Las cosas están en el medio
natural antes de que el hombre las ponga allí y en ese medio se relacionan
sin que ni la voluntad ni la razón del hombre intervengan. Tanto la
existencia y presencia de ellas como su vida en la Naturaleza, en el medio
ambiente natural, se da en libre albedrío.
La libertad en que se mantienen las conserva, las hace nacer, crecer, morir,
y volver a nacer. Es la armonía del orden como del caos.
Esa característica definitoria de las relaciones en el medio natural y los
objetos que se relacionan son abarcados por las más grandes dimensiones
dentro de nuestro universo, tanto en el macrocosmos como en el microcosmos;
desde el mundo subatómico y el intracelular hasta el espacio exterior
poblado de estrellas.
El medio industrial:
producción, cambio, reforma.
En el medio industrial la afinidad de las relaciones, lo común a todas las
relaciones que se dan entre las cosas, será aquello que conlleva nuestra
actividad de seres creativos y transformadores: producción, cambio, reforma
de las cosas. El trabajo es el producto del esfuerzo, en Física. No veremos
trabajo si antes no vemos esfuerzo. Esta es una ley básica en el documental
industrial.
Ejemplo : Siempre me viene
a la mente el ejemplo que me parece más descriptivo para esta ley del
documental industrial: Una acería que ocupa un gran parque industrial, con
ferrocarril, camiones de gran tonelaje, tendido eléctrico de alta tensión,
ingentes cantidades de lingotes de hierro apilados aquí y allá, con
fuertes golpes, bocinas y motores que suenan salteados sobre un denso ruido
de fondo, un zumbido sordo permanente. Visto así, los altos hornos, los
galpones grises, grandísimos, ofrecen un panorama inquietante, dentro del
cual "parece" que algo muy importante ocurre. ¿Pero qué es? ¿En qué consiste
exactamente? No podré contestar a la gran pregunta si no me acerco a allí
donde el quehacer industrioso de los obreros, las máquinas, el fuego, la
energía "transforman" el arrabio en adobes incandescentes, en lingotes, en
láminas, en alambres; allí dentro el mineral se transforma en hierro
fundido, el alambre sale de la hilera y la chapa se aplana en el tren de
laminado. Allí dentro está la esencia de la industria; ver el producto,
fuera, no es suficiente.
Lo mismo ocurriría en una carpintería, en una fábrica de tornillos o de
tubos de TV.
El medio urbano:
estructuración, convencionalismo, normalización, intercambio.
Aquí las cosas están en el polo opuesto al del medio natural. En contra del
libre albedrío aquí impera la racionalidad; todo en la urbe existe porque el
hombre lo ha puesto allí y de una manera determinada. El espacio y el tiempo
están organizados a voluntad del hombre para determinar el esquema de su
vida diaria y obedecer a esa determinación. Pero, además, tal estructuración
de las cosas es adoptada por el hombre- grupo, por lo que conviene a muchos,
por la relación de muchos, y obedece a lo convenido por ese grupo llamado
"población". Lo que se sale fuera de estos cánones es antiurbano.
En último término recordemos que aquí el hombre es el sujeto agente de todo
(también paciente en mucho) y que el hombre es el ser más relacionado y el
que posee la mayor riqueza de lenguajes. Es por tanto el medio urbano donde
se da la mayor abundancia de relaciones, el mayor intercambio de
comunicación y mensajes.
El medio ambiente
íntimo: El hogar. La expresión de la indumentaria.
El ambiente personal.
Es otro medio ambiente donde el cineasta deberá ser siempre consciente de
que el denominador común de toda la relación entre las cosas es aquello que
las conecta más estrechamente con la persona. Deberá ser consciente de ello
y mantenerlo como punto de mira, como una lente siempre puesta en el
objetivo de su cámara mientras filma en ese ambiente, para identificar,
describir, comunicar y destacar mediante esa óptica tanto lo propio como lo
extraño a ese ambiente. La intimidad y la particularidad humana es lo más
afín a todas las relaciones del hombre con sus cosas más próximas.
En cuanto a la indumentaria y al contexto personal más amplio que la
indumentaria, eso que finalmente se viene llamando el look personal, lo
trataremos aparte y más extensamente.
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