7. La impresión-expresión
del ambiente, la luz y los colores.
Este es otro de los amplios
temas que constituirían un volumen completo en el estudio de la fotografía
en el cine y TV, porque la materia es tan extensa y tan importante como para
necesitar más que una breve consideración. El traerlo a este final de
capítulo es con el propósito de hacer constancia de ello, de no pasarlo por
alto, de atender a lo sustancial de entre todo el complejo tema de la
fotografía, el color y la iluminación y tomar nota de ello, aunque no sea
más que someramente.
La impresión-expresión
visual del ambiente.
La relación que existe entre el cineasta y el mundo objetivo, aquello que
está ante él, es de naturaleza dual; valga decir que acaso es una
consecuencia más de la esencia constitutiva del ser humano, de quién es y
cómo está en el mundo, con todo dividido por dos. Pero, por definirnos
dentro del campo de la expresión audiovisual, digamos que la dualidad
consiste en que toda la operación cinematográfica se conduce por una doble
vía, simultánea: la del cineasta y la de su cámara. Toda la obra
cinematográfica está sometida a esa ley de doble embudo y es fruto siempre
de un doble alumbramiento: el del autor y el de la maquinaria audiovisual.
El cineasta no puede
subjetivar lo objetivo él solo y proyectar por él mismo la realidad
cinematográfica hacia su cliente audiovisual.
En los gráficos siguientes,
A y B, se ofrece en primer lugar LO QUE NO ES POSIBLE, lo que no ocurre, lo
que sería ideal pero imposible de conseguirlo, y lo que ocurre realmente en
la expresión audiovisual.
En el gráfico A una persona, que es EL AUTOR, el cineasta, está frente a la
realidad objetiva, como atento observador, frente al mundo del que extrae la
realidad para su obra. Subjetiva esa realidad, la "recrea" dentro de él,
elabora su obra cinematográfica y la proyecta en la sala ante el espectador.
Eso sería una obra cinematográfica, una película, un programa televisivo;
sin duda. Sería muy bueno poder expresarse así. Pero no es posible, al menos
de momento.
En el gráfico B se
representa la ejecución de la obra audiovisual tal como es posible hoy.
Tenemos al autor - como en el caso A- ante su mundo objetivo, atento
observador ante él, lo subjetiva y a esa realidad extraía le da nuevos visos
de realidad, la suya. Como no puede proyectarla, se vale de la maquinaria
audiovisual:
a: cámara y micrófonos, unidos al autor y al mundo objetivo. La observación
se materializa en obra impresa, grabada. Son instrumentos que subjetivan.
b: sala de montaje y postproducción. Continúa y finaliza el proceso de
creación subjetiva. En este punto convergen autor persona y maquinaria. Sale
la obra audiovisual.
c: la obra audiovisual salida de "b" se proyecta ante el cliente
audiovisual, en la sala de proyección o en el receptor de TV.
Así es que,
inevitablemente, el autor cinematográfico está sometido a manejar una doble
impresión de la realidad: la que se da en él y la que se da en su cámara
(película, tubo de TV, cinta de vídeo, de audio, etc.). Para no cometer
despropósitos en su trabajo, este autor deberá tener muy en cuenta las
cuestiones que atañen a esa impresión "B", que son de tipo técnico y que
modifican lo que va camino de ser el resultado final de su trabajo: su obra.
Por supuesto que los técnicos responsables de la iluminación, del
laboratorio, del sonido, del control electrónico del vídeo, y los
montadores, mezcladores, etc. conocen su oficio y saben responder a las
exigencias del director y de la obra en definitiva. Pero esos técnicos, por
una parte, no "nacen enseñados" sino que deben aprender las técnicas
apropiadas y precisas; por otra, el director necesita saber lo que pide
antes de pedirlo; necesita, incluso, saber la respuesta.
El color es la respuesta de los objetos a la luz visible que incide sobre
ellos. En este sentido, el color es la manifestación de una relación entre
dos cosas: la cosa objeto y la cosa luz visible. El color forma parte del
lenguaje de las cosas.
Comprender el lenguaje de los colores pasa por una comprensión integral del
color. Este es un tema de estudio obligatorio para todo cineasta. Si se
comprendiera toda la física y la química de la técnica cinematográfica y no
se conociera y no se comprendiera la teoría del color, aun se permanecería
incapacitado para el arte audiovisual.
Hemos
apurado el contenido objetivo cinematográfico en estas dos lecciones,
dejando para el final lo que constituye su verdadero aliento de vida: la
luz. Si algo nos faltaba para convencernos de que el cine es, en todo, lo
más parecido a la vida, ahora caemos en la cuenta de que, como en la vida
misma, en el cine la luz es esencial, vital, con ella el cine puede nacer y
desarrollarse y sin ella no. Lo luminoso y lo sombrío es sinónimo de vivo y
de muerto, o de vivo latente; y en exceso y en defecto la luz mata el cine
como mata la vida. También en el cine lo oscuro es secreto, lo semioscuro es
sugerente.
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