| Joaquín
Alberto Vargas Chávez llegó a Nueva York en 1916, despues
de estudiar en Suiza; contaba 23 años de edad y apenas hablaba inglés.
Durante un tiempo estuvo pintando vedettes para las ediciones anuales de
las chicas de Ziegfeld, hasta que en los 20 se cerró el espectáculo
de Ziegfeld. Alberto encontró trabajo haciendo dibujos para las
oficinas que los estudios de Hollywood tenían en Manhatan. Después
se dedicó a hacer retratos a damas de la alta sociedad neoyorquina
y los esfuerzos es este trabajo demostraron pronto la innata habilidad
que Vargas tenía para el retrato. En esta época comenzó
a pintar en acuarela y con aerógrafo, con un realismo que ya era
precursor del estilo que luego desarrollaría en la revista Esquire.
Es Dave Smart, el propio editor y fundador del Esquire magazine, quien entrevista a Vargas y le muestra el camino de superar al entonces ilustrador de la revista, George Petty, perfeccionando la técnica del aerógrafo y sumándole la habilidad artística de Vargas. Las petty girls pasan a ser Varga girls. A partir de Esquire, Alberto Vargas será conocido secillamente como Varga. Trabaja en esta revista durante seis años. El 15 de octubre de 1940, la revista Esquire presentó al mundo las chicas de Alberto Varga.
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Durante
la Segunda guerra mundial, las pinup pintadas por este ilustrador fueron
utilizadas por los mandos militares de los EE UU para aliento sicológico
de los soldados americanos en todo el mundo. Ellas representaban una cierta
combinación de valores americanos que los chicos estaban defendiendo
en el frente alido; dicho de otra manera, utilizaron estas ilustraciones
para subirles moral de combate a los soldados. En 1947 se cerró
la colección Varga girls con el final de la S.G.M. Sin embargo,
la brevedad de su vida contribuyo decisivamente a su vigencia y a crear
en torno a ellas una leyenda de perpetua juvetud.
Los depslegables, los calendarios, portadas de publicaciones militares, e incluso los naipes de las chicas Varga están en el libro VARGA, THE ESQUIRE YEARS -A CATALOGUE RAISSONE- (ISBN 0-912383-48-8), ALFRED VAN DER MARCK EDITIONS, New York. Varga (y Esquire, ex aequo), como el cine de Hollywood, ha contribuido a transmitirle al mundo lo que muchos suponen es la idealización yankee de la feminidad. Pero, si bien es cierto que tres cuartas partes de las chicas Varga eran musculosas, rubias y pelirrojas, la verdad es que su sensual languidez y la longitud de sus piernas sólo son peculiar característica de las mujeres batusi africanas. |