El arte y la mujer en las primeras vanguardias

(c) Raquel Castañer / Isabel Gil Cebrián / María de Perinat, 1997  Facultad de Bellas Artes - Universidad Politécnica de Valencia - España. 

Meret Oppenheim (Berlín, 1913). 
Como ejemplo de mujer desinhibida, tanto artística como sexualmente, tenemos a Meret Oppenhein. Con veinte años viajó de Suiza a París, dispuesta a comerse el mundo. Se relacionó con la mayoría de los artistas pertenecientes al dadá. Empezó posando como modelo desnuda para Man Ray y acabó acostándose con la mayoría del grupo hasta llegar a incorporarse a él. Guapa, inteligente, culta y sofisticada; su deseo de libertad cautivó a los artistas parisienses contemporáneos a ella. En 1934 conoció a Max Ernst, con quien se involucró de una manera apasionada durante un año.
Con independencia de todo esto, ¿por qué no existe ninguna artista relevante en la Historia del Arte? Nosotras opinamos que ello se debe a varias razones. En primer lugar, porque la cultura de Occidente, fundamentada en la cultura cristiana, históricamente romana y papal, ha sido profundamente patriarcal y ha sublimado la creatividad femenina al hogar, al cuidado y educación de los hijos. En el hogar, las labores cotidianas más enriquecedoras, como la cocina, la costura, la decoración, eran el lugar donde se podían volcar las mujeres con la tolerancia del estatus quo. A ello se añade, y como consecuencia también, el tardío y escaso acceso de la mujer a la educación superior. Si suponemos que el arte es cultura, la consecuencia "cae por su propio peso". Además, cuando las mujeres podían tener cierta dependencia económica y recibir cierta dosis de información, el arte era considerado para ellas, no como otra ocupación a la que una pudiera consagrarse sino como un entretenimiento más, para el ocio o para uso social, como tocar un instrumento, el ganchillo o el encaje de bolillos.
 

Artistas estudiadas en este ensayo: Berthe Morisot, Frida Kahlo, Sonia Delaunay, Meret Oppenheim, Georgia O'keeffe, Tamara De Lempicka