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| Violinista desnuda | ||
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¿Cómo están las cuerdas este otoño? ¿Cómo la madera? ¿Cómo
las hojas? ¿Cómo es la alquimia de este otoño transformando la sustancia? Todos los aeropuertos están abiertos. Y quiero que tu avión llegue siempre con sus alas intactas, para emprender un nuevo vuelo. Tú, mirando el mundo desde el cielo, volando desde el suelo. Ruido susurrante de las acacias en el paseo de tus sueños. Te he echado de menos en este otoño de trasiegos, de mosto nuevo, de panales llenándose de miel. ¡Ah! las bombillas fundidas en el verano; las verbenas coloristas, las meriendas opíparas. ¡Ah! Los sueños en las estaciones vacías. ¡Ah! La Europa de las ciudades, los conservatorios, las alcantarillas. ¡Ah! Las muchachas con sus vestidos cortos, el maquillaje húmedo, el ombligo de las vibraciones. ¡Ah! La violinista desnuda. El canto de las cigarras ha huido del paisaje estival. Llega la penumbra del viento en los abedules y los pajarillos sueñan otra primavera. Y tú, ¿cómo estás? ¿Cómo el sudor marino que traes del Mar Negro? ¿Cómo es ahora el beso del violín? centrado en tu mejilla. Las historias de los pueblos, que se miran en su lejanía. El hilo sutil con la niñez. El aroma remanente de las flores que pasaron por nuestras manos. Tan vago y tan cierto, tan locuaz. Hay ventiscas en los andamios sin albañiles y hay oro viejo en la balaustrada que acarició aquella mano exclusiva. No hay besamanos porque no hay anillos con brillantes. Te esperan las golondrinas para despedirse ti antes de otra emigración. Diles que el tiempo no existe, que nos movemos en él. Diles que el tiempo es el instante mismo del beso. Y diles adiós! |
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Lebrija, Sevilla, 15 de octubre |
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2010 |
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| Parque Colón | ||
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Noche oscura y fresca, recién perfumada de lluvia tropical. Este aire nocturno de azabache. Esta brisa clandestina del Caribe, escapada de la tormenta. El rumor apagado de una catedral cercana a mi mesa. Los recuerdos de un viaje inolvidable de hace quinientos años. Como si hubieras sido tú; como si hubiera sido yo.... Mil veces repetiría esta emoción escribiéndote y mil más me emocionaría. Tal repentina sensación de estar en lo cierto, de encontrar la razón de la vida, de palpar ese rubor indecible que calienta la sangre, de saber por qué un corazón cambia el ritmo. Tanto resumir la existencia para decirte te quiero. Amor, como huerta cargada de mangos que alimenta al caminante sediento y famélico de amores. Y te dije que te quiero como consecuencia de cuanta lógica e ilógica uno carga viajando por el mundo y por la vida. Quiero saber cómo es la vida en tu mente y en tu corazón. Y eso solamente por mi íntimo deseo de conocer la belleza. Conocer tus sueños para conocer sueños. Conocer tus ilusiones para saber de ilusiones. Conocer tu amor para saber de amores. Conocer tu alma para saber de qué estamos hechos. Me he enamorado de ti como del más secreto de los perfumes de mujer. Un perfume que, aun de lejos, lo aspiro como el jardín que estuviera a mi alrededor. |
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Santo Domingo, RD, 29 de junio |
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| El agua fría | ||
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Te veo venir por el camino entre los huertos, camino que trae hasta la hacienda de mis padres. ¿Siempre te despistas y te olvidas a dónde vas? Cuando te sales del camino, encuentras animales y pájaros y nidos de pájaros y madrigueras,... ¡y yo qué sé! Yo nunca encuentro nada. Sólo me rompo el vestido entre las zarzas. Yo estoy con mamá y la tita en la galería. Ellas hacen costura y yo no hago nada, porque lo que más me gusta es no hacer nada. Mamá me dice que con esta calor y con no hacer nada que me quedo seca; y me trae vasos de limonada en una jarrita helada siempre, escurriéndole gotas por fuera. Me gusta más lo de fuera que lo de dentro de la jarra. Anoche estuve pensando por qué no quieres tú que yo sea princesa. Siempre dices que te gusta mi vestido azul. Si yo fuera princesa, entonces tendría vestidos azules, pero en azul de seda; y medias de seda azul, y braguitas de seda azul. Todo de seda. Y tú tendrías caballos. Pero,... ¿por qué no quieres que yo sea princesa? Cuando llegues aquí no te voy a dejar entrar. Bueno..... Ya sé que nunca llegas ni siquiera hasta la puerta. Esta vez te voy a llevar al sitio donde Laila ha tenido sus cachorros. Sabes quién es Laila, ¿no? La perra parda grandota. Le he dicho a Laila que yo voy a cuidar de su familia mientras ella se busca la vida, que no le da tiempo para todo. A mamá no le da la gana explicarme por qué Laila es madre soltera. He aprendido a tenerle a Laila la casa bien arreglada, porque hay mucha labor en una casa donde hay cinco chiquitos que no hacen más que dormir y jugar. ¡Ay, coño! Hace un rato ya que desapareciste del camino. Esta vez sí que te perdiste, ¡rorro! ¿Te fuiste al río tú solo? ¿Sin mí? Como si lo viera,... te has ido a experimentar el agua fría. No te enseño más experimentos, porque si lo haces solo lo haces mal. Creías que salías del agua tiritando hasta que yo te dije que era que salías tenso; entonces sí te diste cuenta y te pusiste apretado, mucho más fuerte y más duro. Esos son experimentos para hacerlos conmigo, porque yo estoy mejor formada para demostrar los cambios físicos. Pero vas aprendiendo conmigo, porque el otro día viste bien que mis pezones se ponían duros cuando nos bañábamos en el agua tan fría. Te espero sólo un rato más. |
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Valencia, España, 26 de mayo |
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