Estrategias de conservación y desarrollo de la Reserva de Biosfera de El Manu

 

 

Marco conceptual y legal de las reservas de biosfera

Marco conceptual

Las Reservas de Biosfera constituyen una red internacional que intenta hacer posible la perpetuación de la diversidad biológica, así como el apropiado estudio y entendimiento de los cambios que la afectan. En este sentido, el concepto de reserva de biosfera involucra la conservación, la restauración y la adquisición de conocimiento para poder viabilizar el desarrollo sostenible.

Las Reservas de Biosfera constituyen, en algunos casos, espacios de acción en el que interactúan diferentes culturas y sus manifiestaciones, tales como: la diversidad del lenguaje, las cosmovisiones, las creencias religiosas, las prácticas de manejo de la tierra, el arte, la música, la tecnología y otros. Esta situación determina la necesidad de tomar en cuenta  estos aspectos en las acciones de planificación y manejo de las mismas, ya que forman parte de la biodiversidad y de su preservación correspondiente.

El tratamiento del tema de la diversidad cultural en la RBM, implica un respeto al principio de autodeterminación de los pueblos indígenas y el derecho de consulta respecto a toda acción que los involucra. Así mismo, se debe tomar en cuenta la interculturalidad, entendida como el derecho a la diferencia y el respeto al «otro», la cual se refleja en la participación y toma de decisiones.

El modelo de la reserva de biosfera surgió conceptualmente a inicios de los ´70, dentro del movimiento conservacionista, como una opción que buscó trascender la figura proteccionista y restrictiva de los parques nacionales de ese entonces, hacia una más amplia filosofía de conservación. Este concepto ha llegado a constituir una concepción integral que involucra diversas categorías de áreas protegidas, además de territorios de dominio público y privado, la cual se articula dentro de esquemas mayores de planificación del desarrollo regional, integrando las reservas de biosfera en las políticas y en los proyectos regionales de ordenación del territorio, constituyendo, así,  modelos de gestión.

En marzo de 1995, la UNESCO organizó en Sevilla (España) una conferencia de expertos, en la que se elaboró la denominada Estrategia de Sevilla, la que recomienda las acciones a llevarse a cabo para el futuro desarrollo de las reservas de biosfera en el siglo XXI. La Estrategia de Sevilla permitió también definir el Marco Estatutario que estipula las condiciones para el buen funcionamiento de la Red Mundial de Reservas de Biosfera. En este marco conceptual se plantea el concepto de reserva de biosfera, sus funciones y la zonificación, en concordancia con lo establecido en los referidos documentos.

Las reservas de biosfera son definidas como «ecosistemas terrestres o marinos, o una combinación de ambos, reconocidos en el plano internacional como tales en el marco del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO».

Las funciones de las reservas de biosfera son:

Conservación(1): para proteger los recursos genéticos, las especies, los ecosistemas y los paisajes.

Desarrollo: a fin de fomentar un desarrollo económico y humano sostenible, desde los puntos de vista sociocultural y ecológico.

Apoyo logístico: para prestar apoyo a proyectos de demostración, educación, capacitación, investigación y observación permanente, en relación con cuestiones locales, regionales, nacionales y mundiales de conservación y desarrollo sostenible.

La definición que aquí se presenta, corresponde a la Estrategia de Sevilla, no obstante, este concepto es manejado en los diferentes instrumentos de gestión en su sentido más amplio, según es definido en la Estrategia Nacional para las Áreas Naturales Protegidas, como sigue:

La gestión en la utilización de la biosfera por el ser humano, de modo que pueda producir los mayores beneficios sostenibles para las generaciones actuales y a la vez mantener sus posibilidades de satisfacer las necesidades y aspiraciones de las futuras generaciones.

Para el cumplimiento de estas tres funciones, la Estrategia de Sevilla plantea contar con un sistema de zonificación, que responda al modelo de reserva de biosfera. Éste se ha ido refinando desde su creación, distinguiéndose zonas diferenciadas, con propósitos más específicos. La primera versión del modelo, la cual estaba vigente cuando el Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO aprobó el reconocimiento de las Reservas de Biosfera del Perú, en 1977, era el siguiente:

Zona Natural o Núcleo: Con un mínimo de intervención humana.

Zona de Amortiguación: Para investigación, educación y capacitación. Agricultura, pesca y turismo permitidas bajo formas reglamentadas.

Zona Cultural o de Cultura Tradicional Estable: Para proteger y estudiar prácticas culturales en armonía con el ambiente. La introducción de nuevas tecnologías es controlada.

Zona de Restauración o Recuperación

La versión actual del modelo incluye:

a.     Una o varias Zonas Núcleo, jurídicamente constituidas, dedicadas a la protección a largo plazo, conforme a los objetivos de conservación de la reserva de biosfera, de dimensiones suficientes para cumplir tales objetivos;

b.     Una o varias Zonas Tampón (también denominadas Zonas de Amortiguamiento), claramente definidas, circundantes o limítrofes de la(s) zona(s) núcleo, donde sólo puedan tener lugar actividades compatibles con los objetivos de conservación;

c.      Una Zona de Transición, donde se fomenten y practiquen formas de explotación sostenible de los recursos.

Progresivamente, el concepto ha ido perfeccionándose internacionalmente, con nuevas formas de reservas de biosfera (reservas en constelación o transfronterizas) y, del mismo modo, las modalidades de zonificación, gestión (procesos de adopción de decisiones y cooperación) y resolución de conflictos; prestándose cada vez mayor atención a la necesidad de utilizar planteamientos regionales.



[1] En el anexo Nº 2, se presenta una síntesis de los antecedentes del Comité Local del PNM y Gestión de la RBM.

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