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| RESTAURACION DEL RELOJ |
Este articulo apareció en PIEDRA DE RAYO Nº28 Primavera de 2008 Texto – Josep Antoni Rius Ferrús |
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| Son muchos, complejos y variados los vínculos que convierten un conjunto de personas que viven próximas unas de otras, en una auténtica comunidad: El compartir un mismo territorio claramente delimitado, el haber sufrido las mismas dificultades y adversidades de la vida, el conocerse unos a otros a lo largo de varias generaciones, el pacto “no escrito” de ayuda mutua con los que tenemos más cerca, etc. y de los innumerables vínculos existentes, uno de ellos es el compartir la forma en que se vive el paso del tiempo. | ![]() |
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El Tiempo Privado y el Público La medición del tiempo tal como la conocemos hoy en día es un invento relativamente reciente, ya que hasta mediados del siglo XX no se extendió la costumbre de llevar relojes individualmente, si no que la medición del tiempo era comunitaria, siendo los relojes de los campanarios de las iglesias, o de los grandes edificios públicos, los que marcaban el paso de las horas y establecían el ritmo de la vida cotidiana. Los historiadores de la ciencia sitúan la invención del reloj mecánico entre 1280 y 1300, siendo el escape “de eje de volante” el invento crucial que hizo posible que dicho mecanismo funcionase correctamente y con suficiente exactitud. Dicho escape, mejorado posteriormente por el “escape de áncora” permitía dividir el tiempo de manera uniforme, en segmentos discontinuos. Quienes crearon los primeros relojes mecánicos independientes de las variaciones inestables de los relojes de sol, fueron las órdenes religiosas, movidas por el deseo de cumplir, con constancia y sin olvido, sus deberes con Dios. Por lo que los primeros relojes mecánicos monumentales estuvieron instalados en monasterios y abadías. Los primeros relojes mecánicos públicos de gran tamaño -o monumentales-, se instalaron en las ciudades europeas más importantes, hacia finales del siglo XIV y a partir de ello se fueron extendiendo lentamente por toda Europa, de la mano de los artesanos que los diseñaban y construían. |
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Las Campanas Como Medio de Comunicación
Desde siempre, una comunidad que vive la vida al mismo ritmo, ha precisado de elementos que le marcasen el paso de las horas del día y le indicasen que era la hora de realizar cada actividad en concreto. Hace unos siglos, y en un ambiente rural, la vida cotidiana se vivía al ritmo que marcaba el movimiento del sol, pero a pesar de no necesitar el reloj durante la mayor parte del día, siempre había alguna actividad de la que había que conocer la hora exacta de realización, como eran las misas. El sistema utilizado para comunicar los acontecimientos más importantes del día eran las campanas, las cuales siempre han estado en la parte más alta de las torres de las iglesias, o edificios públicos, los cuales a su vez, al estar casi siempre en lugares elevados, permitían una buena propagación de los tañidos de las campanas a toda la población e incluso a los campos de alrededor. Mucho antes de que existiesen los relojes mecánicos, las campanas se tocaban siempre a mano, siendo los encargados de ellos los campaneros y campaneras. De ordinario tocaban al amanecer, a mediodía “el Ángelus” y a la puesta del sol “el toque de oraciones”. Las vísperas de fiestas señaladas tocaban “a Pascuas”, así como se informaba a toda la comunidad de la muerte de personas mayores con el “toque de difuntos” o del fallecimiento de niños pequeños con el “toque de gloria”. Mediante el toque de “arrebato” se daba la señal de alarma y se llamaba al pueblo a colaborar en alguna acción especial, como en los casos de incendios. Pero las campanas, sus toques, su significado y como los campaneros las hacía “hablar” es otra historia, que quizás se merezca que le dediquemos un artículo completo, en otra ocasión. |
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| Imágenes antes de la restauración | ||
El maestro Relojero Eugenio Maculet En la 2ª mitad del siglo XIX. El Ayuntamiento de Grávalos decidió encargar la construcción de un reloj mecánico de grandes dimensiones el cual debería servir para marcar el paso del tiempo y tocar, cada hora, las campanas automáticamente, evitando con ello la labor del campanero de tocarlas a mano. El reloj, aunque ha estado instalado, desde siempre, en el campanario de la iglesia, siempre ha sido de titularidad municipal, lo cual representa un ejemplo de simbiosis entre las instituciones civiles y las religiosas, al aportar el municipio la maquinaria del reloj y la Iglesia el edificio y las campanas. Encargaron su construcción al maestro relojero Eugenio Maculet. Artesano de origen francés, afincado en Igea y con taller propio, en cuyo taller se construyeron los relojes de un gran número de municipios de la zona. Dicho relojero firmó el reloj colocando en el mismo una placa de latón en la que figura la leyenda: “Fabricado por Eugenio Maculet, en el Año 1864”, la cual autentifica dicho reloj. Hoy en día, en Igea siguen viviendo los descendientes de este extraordinario relojero, y aunque ya llevan otros apellidos, han conservado el rastro de su procedencia en el apodo familiar, ya que los denominan “Los Macules”. |
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La Estructura del Reloj Este reloj fue construido con una estructura de tres cuerpos perfectamente diferenciados que cumplen funciones distintas: El cuerpo central es el del reloj propiamente dicho que regula el paso del tiempo, el de la derecha es el cuerpo de “las horas” y el de la izquierda el cuerpo de “las medias y los cuartos”. En el cuerpo central está el péndulo que marca la cadencia, la esfera metálica para poner en hora el reloj y los engranajes que van regulando y estableciendo el paso del tiempo. Así pues, desde este cuerpo se iban transmitiendo los impulsos, mediante una serie de balancines, a los cuerpos laterales, los cuales eran los responsables de accionar los martilletes que golpeaban las campanas y anunciaban el paso de los cuartos, las medias y las horas enteras. Estos cuerpos laterales estaban provistos de unos venteroles, la función de los cuales era regular la velocidad de las campanadas. La maquinaria del reloj es una autentica joya mecánica, ya que está construida enteramente a forja, estando todos los engranajes mecanizados a mano, y en algunos casos no están encajados en los ejes, si no que engranaje y eje se han extraído de un mismo bloque de metal. Las partes con mayor desgaste, como los cojinetes, están construidos en bronce, y el hecho de que estén completamente encajados en las barras de la estructura hace pensar que se echó el bronce fundido en los agujeros de la estructura que debían albergar los ejes, y una vez solidificado, se taladró y mecanizó el bronce hasta conseguir el encaje perfecto de los ejes de todos los engranajes, de cuya precisión dependía el buen funcionamiento de toda su maquinaria. También es digna de admiración la rueda de escape, mecanizada a mano a partir de una pieza de bronce, con un diseño y tallado de los dientes tan bien realizado que fue la que garantizó la exactitud del reloj, durante años -y décadas- de marcar el paso del tiempo ininterrumpidamente. Destaca en el reloj la rueda horaria colocada horizontalmente, hecho que le convierte en uno de los cuatro únicos relojes de la provincia de Logroño que tienen esta particularidad. Los otros tres relojes de este tipo están instalados en los municipios de Ocón, las Ruedas de Ocón y Valdeperillo. |
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Su Funcionamiento Una de las características más peculiares de este reloj es la de que nunca tuvo esfera ni saetas, y los mecanismos del mismo comunicaban directamente, a través de cuerdas, currones y martilletes, con las campanas, de forma que la información que proporcionaban del paso del tiempo era sonora, a través de los tañidos de las diferentes campanas. El hecho de que no tuviese esfera es completamente lógico y del todo coherente con la función que debía cumplir, ya que la esfera solo informa de la hora a las personas que tienen una visión próxima de la misma, en cambio los tañidos de las campanas se oyen desde todos los rincones del pueblo, de día y de noche, así como se escuchan también desde los campos que lo rodean. Así pues, en una época en la que se miraban mucho los costes, decidieron que el reloj no necesitaba los mecanismos que hacen funcionar las saetas, con lo cual se reducía considerablemente su complejidad y se abarataba el precio de construcción del mismo. Únicamente hay una pequeña esfera metálica en el frontal del reloj, la función de la cual es permitir poner el reloj en hora, cuando se pone en marcha o cuando se desajusta. La fuerza motriz que hacía funcionar cada uno de sus cuerpos mecánicos, eran tres grandes piedras que colgaban de unas largas cuerdas, las cuales debían subirse a mano, mediante una manivela, y enrollarlas en unos currones, de forma que al ir descendiendo lentamente hacían girar estos rodillos, los cuales transmitían, a todos los demás elementos del reloj, la energía necesaria para funcionar. Un mecanismo denominado “escape de áncora” regulaba el descenso gradual de las pesas, que al bajar impulsaban una serie de ruedas dentadas. A medida que el péndulo oscilaba de un lado a otro, las paletasdel áncora sujetaban y soltaban alternativamente la rueda de escape, impidiendo que girase libremente, de forma que cada vez que oscilaba el péndulo se liberaba cierto número de dientes y dejaba avanzar una porción del engranaje, lo que causaba el tic-tac del reloj y su regularidad. Los encargados de “darle cuerda al reloj” han sido tradicionalmente los sacristanes y sacristanas de la iglesia, los cuales siguen estando en la memoria colectiva del pueblo: El tío Juanín (Escudero) “el sacristán” y su hija la tía Matilde“la campanera”,el tío Vitoriano (Muñoz) “el de la Vicenta”, Ismael (García), hijo de la tía Matilde, el tío Alejos (Jiménez), etc. y muy frecuentemente, los monaguillos de esta época. Y cuando esta función de sacristán cayó en desuso, tomó el relevo el alguacil del pueblo, siendo José (Ruiz) “el alguacil” el último que le dio cuerda al reloj del campanario, de forma manual, durante los últimos años de funcionamiento del mismo. El trabajo de subir las pesas del reloj era realmente arduo y pesado: En primer lugar había que subir hasta la parte más alta del pueblo ya que es allí donde esta situada la iglesia de Nª Sra. de la Antigua, a continuación había que subir hasta la parte más alta de la torre del campanario, ya que allí es donde estaba instalado el reloj, tras lo cual, y después de haber recuperado el aliento, había que empezar a girar las manivelas para ir subiendo las 3 piedras de aprox. 50 Kg. que colgaban de las cuerdas de 15 metros, longitud suficiente para garantizar el funcionamiento del reloj durante 24 horas. Por lo que teniendo en cuenta que esta operación debia repetirse cada día, no es de extrañar que poco a poco se fuese abandonando su utilización. |
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| Imágenes despues de la restauración | ||
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1ª Restauración Artesanal Pero el abandono del reloj no tuvo lugar de un día para otro, si no que fue un lento proceso que se desarrolló a lo largo de muchos años. Algunas de las piezas rotativas que tenían mayor fricción, como los cojinetes, habían sufrido el lógico desgaste que producen los años y décadas, de funcionamiento ininterrumpido. De forma que algunos de ellos tenían una pérdida de hasta 3 y 4 mm. de metal, lo que ocasionaba que el giro de los ejes no fuese regular dando lugar a, cada vez mayores, inexactitudes en el cómputo del tiempo,llegando el reloj a pararse completamente en muchas ocasiones. Por entonces, décadas de los 60 y 70, ya no se encontraban fácilmente relojeros que se dedicasen a reparar y mantener estos grandes relojes monumentales, por lo que el reloj se pasaba muchas temporadas parado. No siendo su funcionamiento indispensable en la vida cotidiana gravaleña, ya que por entonces ya se había popularizado completamente el uso de relojes personales. En el año 1982, Luis (Fraile) “el cuchufleta”, le pidió al Alcalde, a la sazón Angel (Fraile) “el Gaspar”, que permitiera que su yerno Rafael Aguilar intentara reparar el reloj. Y efectivamente durante todo ese verano Rafael acometió los trabajos con empeño e ilusión, acompañado muchos de los días por Luis y por Ángel, dedicándole horas y horas de paciente labor de mecánico restaurador. El arreglo lo planteó con la intención de conservar fielmente el principio mecánico con el que Eugenio Maculet había diseñado el reloj, y por lo tanto, sin modificar en manera alguna su estructura original. Hizotornear en un taller mecánico de la cercana localidad navarra de Corella, cojinetes de bronce nuevos para sustituir todos los que se encontraban deteriorados, los montó y se ocupó de limpiar y ajustar todas las piezas. Dicha intervención paciente, laboriosa y técnicamente impecable, permitió que el reloj volviese a funcionar correctamente,…al menos siempre que Rafael estaba de vacaciones y le daba cuerda. |
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Desdichas y Calamidades del Reloj Pero seguía existiendo el problema de darle cuerda cada 24 horas, lo cual cada vez se hacía más pesado y se seguían buscando soluciones que permitiesen motorizarlo, para eliminar con ello la servidumbre de subir las pesas de piedra. Entre los años 84 al 90, se confió la electrificación del reloj a un mecánico de Arnedo que, en principio, parecía que entendía del tema. El resultado fue un auténtico conjunto de despropósitos técnicos y barbaridades en relojería: Cortó las cuerdas de las pesas dejándolas abandonadas en el fondo de la torre del campanario, desmontó algunas de las piezas como los balancines de comunicación entre los diferentes cuerpos o el trinquete encargado del disparo de “los cuartos” los cuales ya no volvieron a sonar, montó unos “espeluznantes” motores eléctricos que supuestamente iban a aportar la solución, pero la peor fechoría que perpetró fue cortar y “mutilar” irremediablemente algunas de las piezas fundamentales del reloj, como los ejes de las ruedas imperiales y los ejes de las ruedas primeras …pero si con toda esta escalofriante intervención se hubiese conseguido que el reloj funcionase correctamente y no hiciese falta darle cuerda, quizás no seríamos tan críticos con el artífice de dicho atentado a nuestro patrimonio, pero lo peor de todo es que nunca volvió a funcionar bien a partir de entonces. Para suplirlo se instaló en la misma torre del campanario un moderno reloj eléctrico, el cual sí tenía esfera y saetas que daban a la cara sur de la torre del campanario. Así mismo, y paralelamente a dicha intervención, se realizó otra consistente en instalar unos pequeños motores en los martilletes de las campanas, los cuales estaban accionados por un programador eléctrico instalado en la sacristía, siendo estos mecanismos, el reloj con esfera y el programador del toque de las campanas, los que siguen funcionando en la actualidad. Las personas que habían cuidado del viejo reloj con tanto empeño desde hacía años, en vista de los quebrantos y despropósitos que se le perpetraron a su maquinaria, no volvieron a intervenir en él ya que se sentían impotentes para reparar el daño que se le había ocasionado a esa antigua maravilla técnica, por lo que el reloj monumental de Grávalos cayó en el más absoluto abandono. ![]() |
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La Restauración Definitiva Desde el año 1990 el reloj permaneció completamente olvidado. Todo el pueblo sabía que existía, que estaba en la torre del campanario, pero ninguna institución se preocupaba del estado preocupante en el que se encontraba, ya que el suelo del piso en el que estaba situado empezó a ceder y se corría el riesgo de que en cualquier momento terminase cediendo del todo, debido al gran peso de la maquinaria del reloj, y este se precipitase hasta el fondo de la torre del campanario, destrozándose y perdiéndolo para siempre. A partir del año 2000 se volvió a hablar del tema del reloj: Se subía hasta el campanario para verlo, se fotografiaba, el pueblo fue cogiendo conciencia del valor patrimonial del mismo, y cada vez iban aumentando el número de voces que pedían la restauración del reloj y su conservación como parte del Patrimonio de la localidad. El detonante final una campaña de concienciación que emprendió la Asociación Cultural Gravaleña, durante las navidades del año 2004, consistente en una exposición fotográfica titulada “El Patrimonio Cultural de Grávalos” y la realización de una tirada de folletos en los que se hacía un breve, pero impactante, recorrido por todos los elementos del patrimonio etnológico de esta localidad que se encontraban en un lamentable estado de olvido y abandono. El Ayuntamiento tomó cartas en el asunto, se planteó seriamente la recuperación de dicho patrimonio gravaleño y fue una subvención de la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma la que permitió, el año 2005, enviar el reloj a unos restauradores profesionales, la “Sonería monumental San Román” de Logroño, los cuales realizaron un estudio detallado del mismo, así como lo restauraron y lo dejaron en condiciones de funcionar nuevamente. Lo que no hicieron fue construir de nuevo las piezas que habían desaparecido completamente y que no tenían constancia de su forma original, por lo que en el reloj siguen sin funcionar los cuartos y las medias. Una vez restaurado el reloj, se planteó el lugar en el que debía ubicarse, ya que el piso de la torre del campanario en el que se encontraba originalmente estaba en muy mal estado. Así pues se decidió dejarlo en la iglesia pero colocándolo en el hueco de la escalera de subida al campanario, a la altura del coro. Uno de los aspectos que se tuvo en cuenta al colocarlo en su ubicación actual fue que el reloj no se convirtiese en una pieza de museo “muerta”, si no que estuviese instalado en unas condiciones que permitiesen observar el funcionamiento de la maquinaria, lo cual requería un foso debajo del mismo suficientemente ancho para permitir el movimiento del péndulo y suficientemente profundo para que las piedras que actúan como pesas, las cuales también se han recuperado y restaurado, pudiesen descender y accionasen el funcionamiento de todo el reloj. Así pues, actualmente está en perfectas condiciones de funcionamiento y aunque habitualmente está parado, puede observarse el funcionamiento de todos sus mecanismos, si se le da cuerda a mano. Aunque en el día de hoy este reloj ya no marca el ritmo de la vida cotidiana de Grávalos, ni es el que hace sonar las campanas marcando el paso de las horas del día, sigue siendo un signo de identidad, como también es un signo de identidad la decisión de que el toque de mediodía se siga realizando a horario solar, independientemente de cual sea el horario oficial. De forma que si estamos en Grávalos puede que nos sorprenda oír que las campanas tocan mediodía a las dos de la tarde en verano y a la una de la tarde en invierno (En verano, la hora oficial lleva 2 horas de adelanto a la solar, y en invierno lleva 1 hora de adelanto). Ya que en este pueblo tienen muy claras las cosas que pueden cambiarse fácilmente y cuales hay que cambiar más lentamente al estar fuertemente enraizadas en la tradición, en las costumbres y formar parte de las señas de identidad de esta comunidad. |
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Josep Antoni Rius Ferrús es un forastero que sigue vagando impenitente por las calles y los rincones de Grávalos, y continúa encontrando en ellos, motivos para escribir sobre la cultura popular gravaleña. Mª Concepción Blázquez Jiménez es Titulada en Artes Aplicadas y diplomada en Dibujo Artístico, y aunque actualmente no vive en el pueblo, se sigue manteniendo unida a él por fuertes lazos familiares, por infinidad de recuerdos, y por sus obras. Rafael Aguilar Fajardo nació en Granada, pero disfruta de Grávalos por consorte. Ingeniero e ingenioso, no hay máquina ni artilugio que se le resista. Todos funcionan si él se propone que así sea. |
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